La vitrina marxista del Caribe
Entre las múltiples ocasiones en las que a lo largo de 44 años de dictadura homicida (que es la metodología de todas las dictaduras para mantenerse en el poder: tortura, muerte y entierros sin nombres ni cruz debajo de los pisos de los cuarteles, sembrando así el terror que promueven la inercia y la resignación), algunos cubanos que no terminan de aceptar la tragedia política, social y moral que se vive en su país, han regresado con intenciones liberadoras o de protestas, muchas veces simbólicas, como el caso de los pilotos de inofensivas avionetas que lanzaban mensajes escritos en nombre de la organización “Hermanos al rescate”. Muchos han pagado con su vida el pretender entrar o hacerse presente sin la “visa” que sólo puede otorgar el tirano. En el que fue uno de los últimos casos, tres cubanos. residentes en Miami, decidieron “hacer algo” por su país y cruzaron en una lancha el estrecho de la Florida, con tan mala suerte que tan pronto pisaron suelo cubano, fueron detenidos y días después fusilados.
En la actualidad, el caso se presenta similar en torno al número de ejecutados, pero a la inversa en cuanto a la motivación. Tres cubanos residentes en la Habana, se apoderaron de una lancha de pasajeros, planteando que su único deseo era salir de la isla-jaula y llegar hasta Miami. Al margen de los incidentes que usualmente se presentan en estos casos, nadie fue herido ni muerto, pero sí se presentó la mala suerte en forma de gasolina, no alcanzó para finalizar el viaje liberador. Ingenuamente creyeron en la promesa del barbudo, en el sentido de que se les remolcaría hasta el puerto de Mariel, en donde los pasajeros bajarían y a ellos se les daría gasolina para poder llegar a Miami. Con la misma actitud aviesa y cínica que exhibe cuando en las “cumbres hispanoamericanas” firma las declaraciones presidenciales respaldando la democracia, libertad política y de prensa, así como garantizando los derechos humanos, con similar desfachatez incumplió su promesa y apresaron a los tres hombres implicados en el secuestro. En menos de una semana, fueron juzgados, condenados y fusilados.
Los “pacifistas” y los que tradicionalmente “se oponen a la pena de muerte”, no se les vio por ningún lado. Un pequeño grupo de cubanos residentes en Madrid, protestó frente a la embajada cubana en esa ciudad. Conclusión: “te mato si intentas entrar”, “te mato si intentas salir”. Pero el asunto no termina allí; simultáneamente, como en una trama hilvanada premeditadamente, y siguiendo los axiomas marxistas en el sentido de que “castiga también a los inocentes, así nadie se sentirá a salvo, por lo que haga o deje de hacer”, casi un centenar de personas, entre activistas de los derechos humanos y periodistas independientes, han sido juzgados y condenados a largas penas de reclusión, sin ninguna correlación entre éstas y los supuestos delitos (pensar en particular), que supuestamente han cometido, de acuerdo al peculiar “sistema legal” de la jaula del Caribe.
Al inicio de los años sesenta, no había país latinoamericano que no suspirara por tener una revolución, una guerrilla triunfante y un barbudo comandante. No sé si premeditada o circunstancialmente a alguien o algunos se les ocurrió la didáctica y maquiavélica idea de permitir que el “comandante en jefe, primer ministro, secretario general del partido, presidente de la república etc., etc.”, siempre elegido por unanimidad unánime, hiciera de las suyas y se pusiera en evidencia (por cierto, no olvidemos que es más grande que Bolívar, ya que este último nunca peleó en el Congo...en donde 50,000 soldados cubanos intentaron, infructuosamente, vencer a 1,500 guerrilleros de la UNITA, mientras cuidaban las instalaciones petroleras de las compañías norteamericanas que eran las que aportaban los cincuenta dólares diarios que había que pagarle al barbudo por cada soldado cubano que llegaba al país africano. Eso es lo que se llama solidaridad marxista dolarizada). Finalmente, el gobierno del Congo se percató de lo inútil de esta inversión y llegó a acuerdos con la UNITA. Cuando se hizo evidente la esencia y carácter dictatorial y homicida del régimen “Torre de Babel”, esta “romántica” aspiración de los latinoamericanos, fue suplida por el deseo, no unánime pero sí firmemente mayoritario de mantener a sus países a prudente distancia de imitar el régimen cubano.
Es más, al barbudo no se le ha acreditado el mérito que merece en la estrepitosa caída del marxismo. Su vitrina exhibitoria, al menos en lo que a América respecta, fue un gran disuasivo y un argumento visiblemente contundente para anular dentro de las aspiraciones y expectativas, como método de vida y progreso el nefasto marxismo.
En la actualidad, el caso se presenta similar en torno al número de ejecutados, pero a la inversa en cuanto a la motivación. Tres cubanos residentes en la Habana, se apoderaron de una lancha de pasajeros, planteando que su único deseo era salir de la isla-jaula y llegar hasta Miami. Al margen de los incidentes que usualmente se presentan en estos casos, nadie fue herido ni muerto, pero sí se presentó la mala suerte en forma de gasolina, no alcanzó para finalizar el viaje liberador. Ingenuamente creyeron en la promesa del barbudo, en el sentido de que se les remolcaría hasta el puerto de Mariel, en donde los pasajeros bajarían y a ellos se les daría gasolina para poder llegar a Miami. Con la misma actitud aviesa y cínica que exhibe cuando en las “cumbres hispanoamericanas” firma las declaraciones presidenciales respaldando la democracia, libertad política y de prensa, así como garantizando los derechos humanos, con similar desfachatez incumplió su promesa y apresaron a los tres hombres implicados en el secuestro. En menos de una semana, fueron juzgados, condenados y fusilados.
Los “pacifistas” y los que tradicionalmente “se oponen a la pena de muerte”, no se les vio por ningún lado. Un pequeño grupo de cubanos residentes en Madrid, protestó frente a la embajada cubana en esa ciudad. Conclusión: “te mato si intentas entrar”, “te mato si intentas salir”. Pero el asunto no termina allí; simultáneamente, como en una trama hilvanada premeditadamente, y siguiendo los axiomas marxistas en el sentido de que “castiga también a los inocentes, así nadie se sentirá a salvo, por lo que haga o deje de hacer”, casi un centenar de personas, entre activistas de los derechos humanos y periodistas independientes, han sido juzgados y condenados a largas penas de reclusión, sin ninguna correlación entre éstas y los supuestos delitos (pensar en particular), que supuestamente han cometido, de acuerdo al peculiar “sistema legal” de la jaula del Caribe.
Al inicio de los años sesenta, no había país latinoamericano que no suspirara por tener una revolución, una guerrilla triunfante y un barbudo comandante. No sé si premeditada o circunstancialmente a alguien o algunos se les ocurrió la didáctica y maquiavélica idea de permitir que el “comandante en jefe, primer ministro, secretario general del partido, presidente de la república etc., etc.”, siempre elegido por unanimidad unánime, hiciera de las suyas y se pusiera en evidencia (por cierto, no olvidemos que es más grande que Bolívar, ya que este último nunca peleó en el Congo...en donde 50,000 soldados cubanos intentaron, infructuosamente, vencer a 1,500 guerrilleros de la UNITA, mientras cuidaban las instalaciones petroleras de las compañías norteamericanas que eran las que aportaban los cincuenta dólares diarios que había que pagarle al barbudo por cada soldado cubano que llegaba al país africano. Eso es lo que se llama solidaridad marxista dolarizada). Finalmente, el gobierno del Congo se percató de lo inútil de esta inversión y llegó a acuerdos con la UNITA. Cuando se hizo evidente la esencia y carácter dictatorial y homicida del régimen “Torre de Babel”, esta “romántica” aspiración de los latinoamericanos, fue suplida por el deseo, no unánime pero sí firmemente mayoritario de mantener a sus países a prudente distancia de imitar el régimen cubano.
Es más, al barbudo no se le ha acreditado el mérito que merece en la estrepitosa caída del marxismo. Su vitrina exhibitoria, al menos en lo que a América respecta, fue un gran disuasivo y un argumento visiblemente contundente para anular dentro de las aspiraciones y expectativas, como método de vida y progreso el nefasto marxismo.