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La vuelta al poder de Leonel Fernández


Cuatro años después de haber cesado su primer mandato presidencial (1996-2000) en República Dominicana, el carismático periodista Leonel Fernández gana un segundo mandato el domingo pasado al obtener más del 51% de los votos para así evitar una segunda vuelta electoral que se juzgaba riesgosa y traumática, derrotando al actual presidente Hipólito Mejía, aspirante a la reelección, que habría obtenido el 31%.
De ese modo, con un sólido mandato en las manos, Fernández se abocará al milagro de reeditar un segundo buen gobierno, que saque a su país del actual marasmo en que la ha colocado la pésima y corrupta administración de Mejía. Bajo Fernández, el país vivió su mayor período de bonanza económica en décadas, con índices de crecimiento superiores al 5%, el mayor de la región, por el que llegó a llamársele "el milagro del Caribe".
El éxito electoral de Fernández el domingo se basó, pues, en el antecedente de su buena gestión gubernamental. Esa diestra conducción descansó a su vez en el auge de los polos turísticos, el pleno aprovechamiento de la Iniciativa del Caribe que permitió el desarrollo de zonas libres industriales de ensamblaje de productos de exportación hacia Estados Unidos, la importación de divisas de dominicanos residentes en Norteamérica y el relativo control de la corrupción gubernamental.
Fuera de eso, el período de Leonel contó con vientos favorables de un petróleo barato -detalle vital en un país sin fuentes hidroeléctricas- sin lo cual las industrias no hubieran podido registrar igual crecimiento. Otro elemento por destacar, fue la audaz política exterior que siguió encaminada a insertar al país en el mercado centroamericano a través de un tratado de libre comercio, cosa que logró, permitiéndole ampliar su limitado mercado insular. Ello contrasta con Panamá, que prefirió en ese período, mantenerse al margen de la integración comercial con Centroamérica. Por último, ya casi al concluir su mandato, Fernández logró la privatización del servicio de electricidad, en estado comatoso, puesto que la mayoría de los dominicanos no pagaba luz, y para el Estado era imposible seguir cargando con tamaño subsidio y atender simultáneamente las necesidades de expansión acicateadas por una industria y turismo sedientos de energía.
A su sucesor y actual mandatario, derrotado en la última elección, Hipólito Mejía, tocaron los frutos amargos. Un petróleo caro, una población descontenta con los costos de luz, una mengua del turismo debida al 11 de septiembre, una industria alicaída por la baja de la economía norteamericana, y la ocurrencia de escandalosas quiebras bancarias (incluyendo Baninter, el segundo mayor del país), todo salpicado con sonados casos de corrupción que apuntaron hacia el presidente y la devaluación del peso que forzó a un préstamo de rescate por $600 millones por parte del Fondo Monetario Internacional, con su pesada carga social. La popularidad de Mejía, si alguna vez la tuvo, se fue hasta el fondo. Vuelve, pues, a tocar el turno a Fernández, un hombre hábil y con suerte que inicia con el pie derecho, al recibir de su predecesor el TLC con Estados Unidos, que está listo para empezar a ser efectivo.

101 años de Panamá América

 
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