A la vuelta de la esquina
Pienso que los panameños debemos estar ansiosos de que las cosas cambien para lo mejor después de casi un siglo de vida republicana en una democracia de mentirita que incluye unos 26 años de narcodictadura. Sin embargo, los hechos nos hacen sentir desesperanza. Mientras mantenemos los dedos cruzados para que se haga justicia en lo del "afuzaso", del "cemizaso" y del "magistradazo", nos pega como una patada en la cara el rechazo de la suspensión del "equiparazo" con los votos de los magistrados Spadafora e Hipólito Hill, suplente del magistrado Adán Arjona, más el salvamento de voto del magistrado Jorge Fábrega, suplente del magistrado Arturo Hoyos. Este primer asalto, como lo denomina este diario, lo gana la Panama Ports Company (PPC). Desafortunadamente, esto no creo que sorprenda a nadie. Igualmente, a nadie causará extrañeza que de seguido la PPC esté sosteniendo que en Panamá existe seguridad jurídica. La pregunta de los B/.64 mil es si hay muchas empresas que están de acuerdo con esta evaluación por parte de PPC.
La ciudadanía continuará observando atentamente el desarrollo de los casos antes citados porque tiene enorme interés en saber "dónde está el tambor de la justicia" para poder creer en ella. Vuelvo a sostener que la credibilidad es una rara especie en Panamá, particularmente la de los políticos vernaculares. ¿Cuál será la aceptación de la afirmación de que el Poder Judicial es independiente del Poder Ejecutivo? De ser esta aceptación de un grado mínimo, debido a circunstancias como las señaladas al principio de este escrito, resultará importante, por no decir interesante, creer que Martincito pueda dormir tranquilo porque la presidenta Moscoso le ha asegurado que el fraude no es posible en las elecciones de 2004.
Digo esto porque en el actual gobierno con demasiada frecuencia se hace alusión a los errores del pasado para justificar los propios yerros: ¿Por qué se quejan? Hubo nepotismo, partidas discrecionales, helicóptero, avión, altísimos salarios del alto funcionariado, clientelismo... Se supone que deba concluirse que si se hizo antes, no es indebido que se haga ahora. Hubo fraude antes. ¿Entonces?
La situación, más que seria, es grave. La oposición canta las loas de la narcodictadura. A cada rato sale alguien con versiones selectivas de lo magnífico que fue el "proceso" y, muy especialmente, de las ejecutorias del que le birló la revolución a Boris. Para ser justos, debemos recordar que igual se ha hecho con la "historia" del Fufo. Nadie parece querer narrar la historia verdadera, la que es propia y le conviene al país y no a los famélicos por alcanzar el poder cuyo objetivo es el lucro personal.
Todo lo expuesto se me ocurre que tiene alguna relación con los resultados del "afuzaso", el "cemizaso", el "magistradazo" y el "equiparazo" (que más bien debería denominarse "panaportazo"). Y esos resultados están a la vuelta de la esquina. Creo que la opinión pública desconfía de los mismos, pues piensa que se podrán resumir en una frase: ¡Aquí no ha pasado nada!
Aunque no hay pruebas contundentes, como las de un revólver humeante o un helicóptero reflotado, el hecho de que los protagonistas están enredados en todos los casos de marras, como un mafá, no se puede menos que llegar a la percepción, la conclusión, que los panameños somos unos mal pensados y que sospechamos la existencia de toda clase de triquiñuelas para lograr fines indefinidos. Esperemos. Reitero, los resultados están a la vuelta de la esquina. Pobre Panamá. Ojalá esté equivocado.
La ciudadanía continuará observando atentamente el desarrollo de los casos antes citados porque tiene enorme interés en saber "dónde está el tambor de la justicia" para poder creer en ella. Vuelvo a sostener que la credibilidad es una rara especie en Panamá, particularmente la de los políticos vernaculares. ¿Cuál será la aceptación de la afirmación de que el Poder Judicial es independiente del Poder Ejecutivo? De ser esta aceptación de un grado mínimo, debido a circunstancias como las señaladas al principio de este escrito, resultará importante, por no decir interesante, creer que Martincito pueda dormir tranquilo porque la presidenta Moscoso le ha asegurado que el fraude no es posible en las elecciones de 2004.
Digo esto porque en el actual gobierno con demasiada frecuencia se hace alusión a los errores del pasado para justificar los propios yerros: ¿Por qué se quejan? Hubo nepotismo, partidas discrecionales, helicóptero, avión, altísimos salarios del alto funcionariado, clientelismo... Se supone que deba concluirse que si se hizo antes, no es indebido que se haga ahora. Hubo fraude antes. ¿Entonces?
La situación, más que seria, es grave. La oposición canta las loas de la narcodictadura. A cada rato sale alguien con versiones selectivas de lo magnífico que fue el "proceso" y, muy especialmente, de las ejecutorias del que le birló la revolución a Boris. Para ser justos, debemos recordar que igual se ha hecho con la "historia" del Fufo. Nadie parece querer narrar la historia verdadera, la que es propia y le conviene al país y no a los famélicos por alcanzar el poder cuyo objetivo es el lucro personal.
Todo lo expuesto se me ocurre que tiene alguna relación con los resultados del "afuzaso", el "cemizaso", el "magistradazo" y el "equiparazo" (que más bien debería denominarse "panaportazo"). Y esos resultados están a la vuelta de la esquina. Creo que la opinión pública desconfía de los mismos, pues piensa que se podrán resumir en una frase: ¡Aquí no ha pasado nada!
Aunque no hay pruebas contundentes, como las de un revólver humeante o un helicóptero reflotado, el hecho de que los protagonistas están enredados en todos los casos de marras, como un mafá, no se puede menos que llegar a la percepción, la conclusión, que los panameños somos unos mal pensados y que sospechamos la existencia de toda clase de triquiñuelas para lograr fines indefinidos. Esperemos. Reitero, los resultados están a la vuelta de la esquina. Pobre Panamá. Ojalá esté equivocado.