Laboa: El cura protector de los perseguidos
Me enteré con profunda tristeza del reciente fallecimiento de Monseñor Laboa, quien fue Nuncio Apostólico de la Santa Sede y como tal Decano del Cuerpo Diplomático en Panamá. Le tocó actuar en el período más convulsionado y de una asfixiante crisis política, social y moral nunca antes registrada en nuestra historia. Un militarismo desbocado y sin control, y con un apetito insaciable de poder y de dinero que imperaba en Panamá en esos negros años. Monseñor Laboa, con prudente y extraordinaria habilidad, logró salvar muchas vidas y proteger a muchos perseguidos de la ira de unos pocos desalmados que se habían apoderado, por la voluntad de las armas que tenían, de todas las instituciones del país. Eramos rehenes, quienes disentíamos del régimen, encerrados en una inmensa cárcel que iba a Chiriquí a Darién.
Monseñor Labora protegió a muchos ciudadanos que eran víctimas de las persecuciones del régimen. Yo fui uno de ellos. En diciembre de 1989 publiqué un libro que titulé "900 días". Colapso de una dictadura (Vicisitudes de una de tantas familias panameñas)", en la cual hice un pormenorizado recuento de las gestiones de Monseñor Laboa a mi favor. El 17 de mayo de 1989, en horas de la noche, recibí una llamada del coronel Guillermo Wong, Jefe del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa (G2), en la cual informaba que por decisión del Estado Mayor debía abandonar el país a la mayor brevedad posible. Me dijo "Ud. tiene que irse del país. Ud. está jugando un juego muy peligroso. Ha metido armas en Chiriquí". El día anterior un bote que tenía mi hermano Gabriel, el "Casimiro", en el Club de Yates de Balboa había sido incendiado y su cuidador Félix Vásquez fue cobardemente asesinado. La llamada del Coronel Wong coincidía curiosamente con otras anónimas que mi esposa y yo recibíamos a todas horas del día y de la noche insultándonos y haciéndonos objeto de toda clase de amenazas. Ante esta situación de innegable peligro que se cernía sobre mí, reuní al día siguiente a un grupo de personas muy allegadas y apreciadas. Todos coincidimos en la seriedad de las amenazas, que eran muy graves y que me recomendaban que debía abandonar el país. Sólo mi esposa y yo nos mostrábamos contrarios a sus requerimientos. Mi cuñado, el Dr. Benjamín Boyd, me aconsejó visitar a Monseñor Laboa quien había dado muestras de ser un hábil protector de muchos civilistas que se encontraban perseguidos por el régimen militar. Laboa nos recibió -al Dr. Boyd y a mí- con muestras de afecto y gran cordialidad. Después de escuchar e informarse muy bien de los pormenores de las amenazas que había recibido, llamó al Coronel Wong y le manifestó que consideraba que este "era un paso equivocado del gobierno al obligarme a salir del país o asilárseme". Hizo algunas referencias muy generosas hacia mi persona, que hoy paso por alto. Terminada la conversación entre ellos, me manifestó que "todo estaba bien", que lo principal era que ellos ya sabían que él tenía conocimiento del caso y que eso haría que reflexionaran. Me dijo: "Vete a tu oficina. Tengo la más absoluta seguridad que estos señores van a rectificar".
222 Laboa se caracterizó por ser un gran protector de los perseguidos y aún el propio Noriega, que de perseguidor terminó en perseguido, encontró refugio en la Nunciatura Apostólica.
A escasos minutos de llegar a mis oficinas en la Cervecería Nacional, recibí una llamada del propio Coronel Wong que me manifestó que me podía quedar en el país y que no me inmiscuyera en otros asuntos políticos, que me tendrían vigilado. El tenor de mensaje del Coronel Wong fue amable, totalmente distinto al de la noche anterior, y aún no sé si en sus amenazas del 19 de mayo sólo cumplía órdenes o era partícipe de las mismas.
Me pude quedar en Panamá gracias a las gestiones de Monseñor Laboa, y aunque fui objeto de toda clase de persecuciones y vejámenes, nunca fui objeto de ningún atentado personal. Laboa se caracterizó por ser un gran protector de los perseguidos y aún el propio Noriega, que de perseguidor terminó en perseguido, encontró refugio en la Nunciatura Apostólica. Laboa al darle asilo lo salvó de la ira popular. No distinguía el religioso a las personas, sino los motivos que llevaban a éstos en busca de protección. En ese sentido, se mantuvo inflexible.
Gracias, Monseñor Laboa; los panameños, los perseguidos, te recordamos y hoy día elevamos nuestras plegarias para que desde las alturas sigas protegiendo a todos los que se sienten desvalidos en Panamá.
Por su parte, Adams explicó que por tratarse de una enfermedad hereditaria, el individuo nace con la predisposición genética a desarrollarla, pero puede ocurrir que en el transcurso de su vida no llega a enfrentarse con un alergeno, entonces tal vez nunca desarrolle la afección, incluso podría morir sin que llegue a saber de su predisposición.
Aclaró que en Panamá los individuos se enfrentan a alergenos apenas nacen, entre éstos el polvo, los ácaros, los hongos, la contaminación ambiental, los alimentos con muchos colorantes y preservativos.
En ese sentido, destacó, el clima de Panamá juega un papel determinante, resultando muy desfavorable para el asmático y el alérgico, pues existen altos niveles de humedad, y por tanto, muchos hongos, moho y ácaros.
Para Barrera de Pino el elemento más importante en el diagnóstico del asma es la historia clínica. El paciente debe informar sobre sus antecedentes familiares, las condiciones ambientales que le rodean, ya sea en su residencia, trabajo, contacto con animales, los factores desencadenantes o de exacerbación de síntomas, calendario de síntomas y aficiones.
Una vez esté el paciente orientado, se aplican los métodos de diagnóstico, siendo los más empleados las pruebas cutáneas, las de provocación y las de laboratorio.
La enfermedad alérgica, especialmente el asma, es sumamente costosa, por lo que a muchos pacientes les resulta difícil mantener un tratamiento adecuado, pues las medicinas son caras y generalmente se trata de tratamientos prolongados.
Aunado a ello, la persona asmática o alérgica requiere alimentación especial, condiciones ambientales muy particulares en las cuales no puede exponerse a cambios bruscos de temperatura; debe evitar lugares contaminados y, por tanto, necesita una habitación bien despejada. "El padre de un niño alérgico sabe que se debe acondicionar a que va a ser todo especial", acotó Barrera de Pino.
Además de los altos costos por suplir los medicamentos y condiciones de vida, el impacto socioeconómico de la enfermedad se manifiesta en el ausentismo escolar, porque ésta es la causa principal por la cual los niños faltan a la escuela. Además, los padres de familia se ven afectados debido a que por atender las crisis alérgicas o asmáticas de sus hijos, se ven obligados a ausentarse de sus trabajos.
Los especialistas consultados coincidieron en señalar que las enfermedades alérgicas, por ser incurables, pueden manifestarse en todas las etapas de la vida del ser humano, sin embargo, son más frecuentes en los niños, porque su sistema inmunológico es bastante inmaduro y son más susceptibles a enfermedades respiratorias.
En Panamá, un estudio realizado en diferentes escuelas, determinó que entre un 28 y un 30% de niños panameños sufren de problemas respiratorios. El número de adultos atendidos por estas patologías es menor, prevaleciendo las mujeres frente a los hombres, en una relación de tres a uno, indicaron. Aunque en el país no existe un estudio científico del tema, se estima que se registra entre un 20 y un 30% de prevalencia de asma entre la población.
Barrera de Pino destacó que en su consulta también ha detectado que las crisis más graves de asma o de otro tipo de alergias se dan en personas de bajos niveles económicos, como consecuencia directa de la poca capacidad para adquirir los medicamentos.
"Es así como una persona que tiene rinitis y que no se la trata, termina en un asma o en una otitis o sinusitis, es decir, el curso de la enfermedad se va agravando", acotó.
Estimaciones globales han determinado que entre un 1% y un 2% de la población mundial puede morir por asma, en tanto, en Panamá, las cifras revelan que en los últimos 10 años las muertes por asma han aumentado en un 40%.
Cabe destacar que, de acuerdo con cifras proporcionadas por la Dirección de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, sólo en el año 2000 murieron en Panamá 111 personas por causa del asma.
Para Barrera de Pino, esta cantidad de defunciones es algo dramático, pues se trata de una enfermedad totalmente controlable. "Nadie debe morir por asma bronquial", aseguró.
El Panamá América contactó al director médico de la Policlínica Joaquín José Vallarino, Sergio Bernales, quien negó que se haya registrado una demora en la atención de la paciente María de las Nieves, no obstante, aclaró que ella fue remitida posteriormente al Hospital Santo Tomás porque no portaba documentos que la acreditaran como asegurada.
Bernales explicó que cuando la paciente entró a Urgencias ya tenía un paro cardiopulmonar. En la policlínica fue entubada, estabilizada con maniobras de resucitación y posteriormente trasladada al Santo Tomás. Incluso considera que allí "se le salvó la vida".
Ante los señalamientos en torno a la exigencia de la presentación del carné y ficha del Seguro Social, el funcionario aclaró que éstos eran requeridos para su traslado y no para su atención, pues todo paciente que llega a la JJ Vallarino es atendido, sea asegurado o no.
Sin embargo, al momento de un traslado, los pacientes o sus familiares deben tener sus documentos en regla, porque aunque ellos supieran que se trata de asegurados, sin é00stos, en el Complejo Hospitalario Metropolitano no la iban a admitir. "La ley del Seguro Social dice que todo asegurado debe portar sus documentos para ser atendido", reiteró.
La señora Lidia, quien aún no alcanza la plena resignación, considera que lo que desencadenó el trágico desenlace en el caso de su hija "fue el tiempo que demoraron en atenderla".
Además se pregunta por qué si Nieves había acudido en dos ocasiones a hacerse la terapia, y a pesar de ello, persistía su agitación, no fue hospitalizada o, al menos, dejada en observación.
Sus dudas siempre persistirán. Sobre todo por el control que Nieves mantenía sobre su enfermedad. "Siempre que me faltaba el aire, ella me decía no te desesperes, respira hondo y te vas a componer", pues esa era su fórmula para controlarse.
Ahora, sus esfuerzos están concentrados en ayudar a sus nietas, en especial a la que ha presentado la enfermedad. "Tenemos muchos más cuidados con ella, se le dan sus medicamentos a tiempo y usa mucho la medicina alternativa. "Gracias a Dios, desde que murió la mamá sólo le ha dado una crisis".
Solicitó a los médicos que busquen otras alternativas, porque si a Nieves le estaban haciendo la terapia y no le funcionó, debieron recetarle otra "cosa".
Además, deben dar prioridad cuando un asmático llega en busca de atención médica, pues nadie sabe las condiciones de esa persona, para que no le pase "lo que a mi hija".
Monseñor Labora protegió a muchos ciudadanos que eran víctimas de las persecuciones del régimen. Yo fui uno de ellos. En diciembre de 1989 publiqué un libro que titulé "900 días". Colapso de una dictadura (Vicisitudes de una de tantas familias panameñas)", en la cual hice un pormenorizado recuento de las gestiones de Monseñor Laboa a mi favor. El 17 de mayo de 1989, en horas de la noche, recibí una llamada del coronel Guillermo Wong, Jefe del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa (G2), en la cual informaba que por decisión del Estado Mayor debía abandonar el país a la mayor brevedad posible. Me dijo "Ud. tiene que irse del país. Ud. está jugando un juego muy peligroso. Ha metido armas en Chiriquí". El día anterior un bote que tenía mi hermano Gabriel, el "Casimiro", en el Club de Yates de Balboa había sido incendiado y su cuidador Félix Vásquez fue cobardemente asesinado. La llamada del Coronel Wong coincidía curiosamente con otras anónimas que mi esposa y yo recibíamos a todas horas del día y de la noche insultándonos y haciéndonos objeto de toda clase de amenazas. Ante esta situación de innegable peligro que se cernía sobre mí, reuní al día siguiente a un grupo de personas muy allegadas y apreciadas. Todos coincidimos en la seriedad de las amenazas, que eran muy graves y que me recomendaban que debía abandonar el país. Sólo mi esposa y yo nos mostrábamos contrarios a sus requerimientos. Mi cuñado, el Dr. Benjamín Boyd, me aconsejó visitar a Monseñor Laboa quien había dado muestras de ser un hábil protector de muchos civilistas que se encontraban perseguidos por el régimen militar. Laboa nos recibió -al Dr. Boyd y a mí- con muestras de afecto y gran cordialidad. Después de escuchar e informarse muy bien de los pormenores de las amenazas que había recibido, llamó al Coronel Wong y le manifestó que consideraba que este "era un paso equivocado del gobierno al obligarme a salir del país o asilárseme". Hizo algunas referencias muy generosas hacia mi persona, que hoy paso por alto. Terminada la conversación entre ellos, me manifestó que "todo estaba bien", que lo principal era que ellos ya sabían que él tenía conocimiento del caso y que eso haría que reflexionaran. Me dijo: "Vete a tu oficina. Tengo la más absoluta seguridad que estos señores van a rectificar".
222 Laboa se caracterizó por ser un gran protector de los perseguidos y aún el propio Noriega, que de perseguidor terminó en perseguido, encontró refugio en la Nunciatura Apostólica.
A escasos minutos de llegar a mis oficinas en la Cervecería Nacional, recibí una llamada del propio Coronel Wong que me manifestó que me podía quedar en el país y que no me inmiscuyera en otros asuntos políticos, que me tendrían vigilado. El tenor de mensaje del Coronel Wong fue amable, totalmente distinto al de la noche anterior, y aún no sé si en sus amenazas del 19 de mayo sólo cumplía órdenes o era partícipe de las mismas.
Me pude quedar en Panamá gracias a las gestiones de Monseñor Laboa, y aunque fui objeto de toda clase de persecuciones y vejámenes, nunca fui objeto de ningún atentado personal. Laboa se caracterizó por ser un gran protector de los perseguidos y aún el propio Noriega, que de perseguidor terminó en perseguido, encontró refugio en la Nunciatura Apostólica. Laboa al darle asilo lo salvó de la ira popular. No distinguía el religioso a las personas, sino los motivos que llevaban a éstos en busca de protección. En ese sentido, se mantuvo inflexible.
Gracias, Monseñor Laboa; los panameños, los perseguidos, te recordamos y hoy día elevamos nuestras plegarias para que desde las alturas sigas protegiendo a todos los que se sienten desvalidos en Panamá.
Por su parte, Adams explicó que por tratarse de una enfermedad hereditaria, el individuo nace con la predisposición genética a desarrollarla, pero puede ocurrir que en el transcurso de su vida no llega a enfrentarse con un alergeno, entonces tal vez nunca desarrolle la afección, incluso podría morir sin que llegue a saber de su predisposición.
Aclaró que en Panamá los individuos se enfrentan a alergenos apenas nacen, entre éstos el polvo, los ácaros, los hongos, la contaminación ambiental, los alimentos con muchos colorantes y preservativos.
En ese sentido, destacó, el clima de Panamá juega un papel determinante, resultando muy desfavorable para el asmático y el alérgico, pues existen altos niveles de humedad, y por tanto, muchos hongos, moho y ácaros.
Para Barrera de Pino el elemento más importante en el diagnóstico del asma es la historia clínica. El paciente debe informar sobre sus antecedentes familiares, las condiciones ambientales que le rodean, ya sea en su residencia, trabajo, contacto con animales, los factores desencadenantes o de exacerbación de síntomas, calendario de síntomas y aficiones.
Una vez esté el paciente orientado, se aplican los métodos de diagnóstico, siendo los más empleados las pruebas cutáneas, las de provocación y las de laboratorio.
La enfermedad alérgica, especialmente el asma, es sumamente costosa, por lo que a muchos pacientes les resulta difícil mantener un tratamiento adecuado, pues las medicinas son caras y generalmente se trata de tratamientos prolongados.
Aunado a ello, la persona asmática o alérgica requiere alimentación especial, condiciones ambientales muy particulares en las cuales no puede exponerse a cambios bruscos de temperatura; debe evitar lugares contaminados y, por tanto, necesita una habitación bien despejada. "El padre de un niño alérgico sabe que se debe acondicionar a que va a ser todo especial", acotó Barrera de Pino.
Además de los altos costos por suplir los medicamentos y condiciones de vida, el impacto socioeconómico de la enfermedad se manifiesta en el ausentismo escolar, porque ésta es la causa principal por la cual los niños faltan a la escuela. Además, los padres de familia se ven afectados debido a que por atender las crisis alérgicas o asmáticas de sus hijos, se ven obligados a ausentarse de sus trabajos.
Los especialistas consultados coincidieron en señalar que las enfermedades alérgicas, por ser incurables, pueden manifestarse en todas las etapas de la vida del ser humano, sin embargo, son más frecuentes en los niños, porque su sistema inmunológico es bastante inmaduro y son más susceptibles a enfermedades respiratorias.
En Panamá, un estudio realizado en diferentes escuelas, determinó que entre un 28 y un 30% de niños panameños sufren de problemas respiratorios. El número de adultos atendidos por estas patologías es menor, prevaleciendo las mujeres frente a los hombres, en una relación de tres a uno, indicaron. Aunque en el país no existe un estudio científico del tema, se estima que se registra entre un 20 y un 30% de prevalencia de asma entre la población.
Barrera de Pino destacó que en su consulta también ha detectado que las crisis más graves de asma o de otro tipo de alergias se dan en personas de bajos niveles económicos, como consecuencia directa de la poca capacidad para adquirir los medicamentos.
"Es así como una persona que tiene rinitis y que no se la trata, termina en un asma o en una otitis o sinusitis, es decir, el curso de la enfermedad se va agravando", acotó.
Estimaciones globales han determinado que entre un 1% y un 2% de la población mundial puede morir por asma, en tanto, en Panamá, las cifras revelan que en los últimos 10 años las muertes por asma han aumentado en un 40%.
Cabe destacar que, de acuerdo con cifras proporcionadas por la Dirección de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, sólo en el año 2000 murieron en Panamá 111 personas por causa del asma.
Para Barrera de Pino, esta cantidad de defunciones es algo dramático, pues se trata de una enfermedad totalmente controlable. "Nadie debe morir por asma bronquial", aseguró.
El Panamá América contactó al director médico de la Policlínica Joaquín José Vallarino, Sergio Bernales, quien negó que se haya registrado una demora en la atención de la paciente María de las Nieves, no obstante, aclaró que ella fue remitida posteriormente al Hospital Santo Tomás porque no portaba documentos que la acreditaran como asegurada.
Bernales explicó que cuando la paciente entró a Urgencias ya tenía un paro cardiopulmonar. En la policlínica fue entubada, estabilizada con maniobras de resucitación y posteriormente trasladada al Santo Tomás. Incluso considera que allí "se le salvó la vida".
Ante los señalamientos en torno a la exigencia de la presentación del carné y ficha del Seguro Social, el funcionario aclaró que éstos eran requeridos para su traslado y no para su atención, pues todo paciente que llega a la JJ Vallarino es atendido, sea asegurado o no.
Sin embargo, al momento de un traslado, los pacientes o sus familiares deben tener sus documentos en regla, porque aunque ellos supieran que se trata de asegurados, sin é00stos, en el Complejo Hospitalario Metropolitano no la iban a admitir. "La ley del Seguro Social dice que todo asegurado debe portar sus documentos para ser atendido", reiteró.
La señora Lidia, quien aún no alcanza la plena resignación, considera que lo que desencadenó el trágico desenlace en el caso de su hija "fue el tiempo que demoraron en atenderla".
Además se pregunta por qué si Nieves había acudido en dos ocasiones a hacerse la terapia, y a pesar de ello, persistía su agitación, no fue hospitalizada o, al menos, dejada en observación.
Sus dudas siempre persistirán. Sobre todo por el control que Nieves mantenía sobre su enfermedad. "Siempre que me faltaba el aire, ella me decía no te desesperes, respira hondo y te vas a componer", pues esa era su fórmula para controlarse.
Ahora, sus esfuerzos están concentrados en ayudar a sus nietas, en especial a la que ha presentado la enfermedad. "Tenemos muchos más cuidados con ella, se le dan sus medicamentos a tiempo y usa mucho la medicina alternativa. "Gracias a Dios, desde que murió la mamá sólo le ha dado una crisis".
Solicitó a los médicos que busquen otras alternativas, porque si a Nieves le estaban haciendo la terapia y no le funcionó, debieron recetarle otra "cosa".
Además, deben dar prioridad cuando un asmático llega en busca de atención médica, pues nadie sabe las condiciones de esa persona, para que no le pase "lo que a mi hija".