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Lagos, el sueño de un nuevo Chile


A tres décadas de la victoria presidencial de Salvador Allende, Chile vivirá el segundo de los comicios más trascendentes de su historia republicana en poco más de un mes, donde el candidato de la concertación que ha gobernado la última década tras los 17 años y medio de dictadura pinochetista, se propone crear una sociedad de ciudadanos y no de consumidores.
Tengo un sueño de país, dijo hace unos días Ricardo Lagos, el candidato del oficialismo, ante 6 millones de teleespectadores, en un debate con el conservador opositor, Joaquín Lavín,...un Chile que pueda llegar al bicentenario de su independencia-el 2010-como país desarrollado, sin el temor que hoy hay en la familia.
La derecha pinochetista entregó el poder político en 1990 al democristiano Patricio Aylwin, -líder de una amplia coalición de 16 partidos que hoy encabeza Lagos-, con una camisa de fuerza jurídica, que se resume en una democracia vigilada, protegida, tutelada, con censura, senadores de a dedo, uno vitalicio, un organismo supranacional con mayoría de militares, 5 millones de pobres de 13 millones de habitantes y un país insertado en la economía internacional, con una de las más injustas distribuciones del ingreso del mundo, después de Brasil, Sud ¡frica y Panamá.
Fue el pacto con el diablo, dijeron algunos, para zafarse de la tiranía, cuya alianza militar y tecnocrática erigió el modelo neoliberal, Chicago Boys, a un costo social sin precedentes en la historia de Chile, y cuyas secuelas pagan aun hoy alrededor de un 26 por ciento de la población, sumida en la pobreza. Chile vivió entre el Estado de Sitio y de excepción, sometido y regido por la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, y en ese lapso, sufrió profundas transformaciones, desde el Estado, -una nueva Constitución Política (1980)- al alma nacional.
El modelo neoliberal a ultranza inspiró a Margaret Tatcher en Gran Bretaña, fue elogiado por el capitalismo a ultranza, inclusive en Rusia y una parte del mundo se olvidó del costo del certificado de defunción de la vieja y tradicional democracia chilena y del negro capítulo de los Derechos Humanos. Así llegó Chile a los ´90, con su flamante modelo, peculiaridades y limpia victoria en las urnas, a la búsqueda del tiempo perdido, de su alma y de una democracia funcional, más participativa, con nuevas oportunidades y la intención de equidad.
Con más de 10 años de crecimiento excepcional en América Latina, el más bajo desempleo de la región, mínima inflación, duplicadas las exportaciones, sin mayores zozobras, pero con grandes cuentas sociales aun por saldar, hasta que llegó la recesión producto de factores internacionales, fundamentalmente. Los recientes análisis de economistas independientes, coinciden que Chile ha comenzado a salir de la recesión y que en el 2000" experimentará un crecimiento del 5 por ciento.
Este es el país que encuentra Ricardo Lagos, 61 años, profesor universitario, economista y abogado, ex ministro de Educación y Obras Públicas-, durante 8 de los 10 años que ha durado la Concertación-, funcionario internacional, exiliado en Argentina hasta 1980, autor a los 22 años del bestseller elogiado por el Time: "La Concentración del Poder Económico", candidato a senador, frustrado Embajador en Rusia durante el gobierno de Allende y el hombre que le hizo perder el miedo a Chile, cuando señaló con el dedo a Pinochet a través del Canal 13 de televisión y llamó a poner fin a la dictadura, en 1988.
Competitivo, duro, desconfiado, así lo describió la periodista Mónica González, a este profesor universitario,- llamado en su juventud el Mozart de la economía-, que propicia un crecimiento con igualdad y es temido por sus adversarios, debido a su clara inteligencia, liderazgo y reconocida pasta de estadista.
Sin ofertones, sin populismos, sin demagogia, así será mi gobierno, sostiene con firmeza Ricardo Lagos, un socialista muy próximo a su amigo Tony Blair, y que este año recibió el bautismo del establishment norteamericano, encabezado por Wall Street, Forbes, Rockefeller, la Casa Blanca, los empresarios más ricos de Estados Unidos y Soros. Tiene como filosofía hacia el cambio, un Chile más digno y solidario, generar una sociedad de oportunidades para todos los sin excepción, 700 mil empleos en 5 años, fortalecer la familia, terminar con la censura, construir una sociedad más abierta, libertaria, con más igualdad, terminar con los enclaves autoritarios heredados de la dictadura, y gobernar como un presidente no inhibido a los poderes fácticos.
El programa de Ricardo Lagos, quien encabeza las preferencias electorales a pesar del extraordinario repunte de su más tenaz competidor, el alcalde derechista Lavín, abarca todas las áreas económicas, sociales, de la educación, salud, seguridad, trabajo, donde deberá actuar con firmeza, creatividad y urgencia su futuro gobierno. Lagos está interesado entre sus proyectos innovadores, aplicar un seguro de desempleo, disminuir la evasión tributaria de 4 mil millones de dólares a mil millones, promover una Constitución democrática, ya que la diseñada por Pinochet es la única desde 1833, que no une a los chilenos.
Este viejo académico, reconocido internacionalmente-fue uno de los primeros en escribir sobre las áreas revertidas-es, sin duda, un honesto luchador social, a quien conocimos en la Facultad de Filosofía y Educación, el Pedagógico de la Universidad de Chile, a mediados de los sesenta, donde ejercía con lucidez la cátedra. Lagos, quien se ha propuesto un liderazgo fuerte, ha sido comparado en más de una ocasión con Salvador Allende, y él ha sostenido que son otros tiempos, y que el presidente Allende debió ser más drástico para señalar el camino a seguir.
Su único retador, el también economista y exitoso alcalde, Joaquín Lavín, 45 años, autor del libro "La Revolución silenciosa", que elogia al gobierno de Pinochet, considera que su candidatura de la derechista Unión Democrática Independiente, encarna el cambio y por ello su slogan es "Con Lavín viva el cambio". Las encuestas lo ubican por un estrecho margen bajo Lagos, cuando hace unos meses el candidato oficialista era un seguro ganador, ascenso que se debe, de acuerdo con los analistas, a la oferta neopupulista de Lavín, cuyas propuestas se asemejan, en lo económico, a cifras un poco más obsequiosas que las de Lagos.
El marketing de Lavín ha dado buenos frutos, según los comentarios de la prensa chilena, en un momento de crisis económica en Chile, donde aun un 10 por ciento de los votantes no se deciden y el gobierno de la Concertación sufre el desgaste propio de una década de gobierno y los embates de la economía internacional, cuya crisis llegó hace más de un año a las costas chilenas, aunque no con la vehemencia de Ecuador, Venezuela, Centroamérica, Colombia, Brasil y la propia Argentina.
Lagos tiene menos de 30 días para reencantar a los chilenos, sobre todo, a los indecisos, enfatizar más en su visión del Chile que promete, que en las cifras que domina a la perfección, porque el pueblo espera la fuerza de la solidaridad y un camino de oportunidades reales para vivir con dignidad, libertad, equidad y justicia social en el siglo XXI.

101 años de Panamá América

 
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