Las 10 maravillas
La Autoridad de Turismo de Panamá, que con acierto y dedicación dirige el Dr. Rubén Blades, ha iniciado una consulta nacional para determinar cuáles son en el país los sitios más “maravillosos”. La consulta es muy amplia con el objeto de que los lugares seleccionados al final del concurso sean en realidad los que nuestra nación considera que son de mayor de interés para nacionales y extranjeros. Cada ciudadano tiene su opinión y debe expresarla y hacerla llegar a las autoridades para que sea tomada en cuenta en la decisión final. Para mí, los diez sitios más importantes los señalo, independientemente de su orden y no haciéndolo por provincias son:
1. El Canal de Panamá; 2. Las Ruinas de Panamá Viejo; 3. La Iglesia de San José (El Altar de Oro); 4. El Archipiélago de San Blás; 5. El Teatro Nacional; 6. La Iglesia de San Francisco de la Montaña; 7. El Volcán Barú; 8. El “Casco Antiguo” de la Ciudad; 9. La Isla de Barro Colorado; 10. Portobelo: sus fuertes y ruinas (Fuerte San Lorenzo); 11. La Bahía de Bocas del Toro; 12. El Archipiélago de las Perlas.
Hay, por supuesto, lugares que son dignos de visitar y que por la limitación de diez no están aquí incluidos, como por ejemplo: Coiba, el Camino de Cruces y el Desierto de Sarigua, etc.
Es una obligación ciudadana cooperar con la Autoridad de Turismo de Panamá en la campaña que esté adelantando. Si, como se espera, los panameños responden y responsablemente dan su opinión facilitarán con ello la escogencia de los diez mejores sitios que tiene Panamá, y que se deben ofrecer a los turistas e inclusive a muchos locales (que desconocen lo que tienen) como una buena opción para visitar.
En los países en donde se desarrolla con éxito el turismo existen panfletos, folletos, libros, etc., donde se recomiendan los lugares que son interesantes de conocer.
Felicitaciones a la Autoridad de Turismo, en especial al ministro Rubén Blades, por esta iniciativa tan importante e impostergable.
Los esfuerzos que se hacen para fomentar el turismo no deben circunscribirse a un gobierno y menos a un ministro. Debe haber continuidad en las políticas y saber muy claro qué queremos y hacia dónde vamos. Una política de Estado. No podemos, como casi siempre sucede, cambiar de rumbo ni de estrategia.