Las 35 horas o la superstición de la rueca
Periodista peruano, corresponsal de ABC en Londres
Con el mismo pánico con que hace mil años las masas abominaron la infeliz rueca, los nuevos supersticiosos de fin de milenio creen que la revolución tecnológica en los campos de la ingeniería genética, la microelectrónica y las telecomunicaciones son la causa de que el desempleo promedio en Europa supere el 11 por ciento. Para defenderse del balido de "Dolly", el ratón de Bill Gates y los astros de Rupert Murdoch, el Viejo Continente y no sólo Francia quiere trabajar sólo 35 horas por semana (¿por qué no?). De este modo, los que tienen trabajo se arrimarán un poco para que quepan los que no lo tienen. Aquí están las nueve falacias que acompañan la nueva superstición de la rueca.
1. "El mercado laboral ha llegado a su límite". Resulta que hay países europeos con muy pequeñas tasas de desempleo el Reino Unido y Holanda, por ejemplo; que el país con una tecnología más desarrollada, Estados Unidos, ha reducido su desempleo a niveles insignificantes; y que en los últimos años varios países más o menos pobres como Chile y Nueva Zelanda han creado empleo de manera vertiginosa. El mercado laboral sólo llega a su límite en una sociedad precapitalista, donde la productividad es siempre la misma porque no hay tecnología nueva.
2. "La tecnología perjudica a la mano de obra". Esto recuerda la anécdota del inglés que, al enterarse de que Graham Bell había inventado el teléfono, respondió: "Los americanos necesitan el teléfono porque no tienen mensajeros. Nosotros tenemos abundantes mensajeros". Pongamos un solo ejemplo de desarrollo tecnológico: el chip de silicona. Lo inventó en 1971 una empresa de California en Silicon Valley. ¿Qué ha ocurrido desde 1971 en esa zona donde el siglo pasado no había más que praderas con búfalos? California es hoy la novena economía del mundo, prácticamente con pleno empleo. Desde 1971 la microelectrónica no ha hecho sino avanzar. A su paso, muchos empleos de un cierto tipo han desaparecido y miles y miles de empleos han surgido en las nuevas áreas.
3. "El trabajo es independiente de la riqueza". Los supersticiosos creen que no hay una relación directa entre el grado de riqueza es decir el aumento de capital y el nivel de empleo. Por tanto, conseguir trabajo no depende de crear condiciones para aumentar la riqueza sino de decidir, por puro ejercicio de la voluntad, que haya trabajo. Si se prohibieran los ordenadores, la productividad de los trabajadores se desplomaría y con ella sus niveles de vida. La sociedad se africanizaría velozmente. En lugar de una sociedad sin parados habría una sociedad sin riqueza. Habría menos pobreza relativa porque habría ausencia de ricos pero también habría pobreza absoluta. Hace un tiempo se hablaba mucho de los "injustos términos de intercambio". Se decía que había una injusticia en el hecho de que a los países pobres les costara tanto obtener los productos que necesitaban, a diferencia de lo que ocurría en los países ricos. La razón era sencilla: la productividad. Sólo el 3 por ciento de la población de Estados Unidos se dedica a la agricultura, pero, gracias a su tecnología, ese grupo es capaz de producir alimentos para los 260 millones de estadounidenses y de exportar lo que sobra. La productividad está en relación directa con la tecnología.
5. "Estados Unidos e Inglaterra tienen menos desempleo, pero más diferencias en los salarios". Las diferencias en Europa no son entre quienes ganan más y quienes ganan menos sino, como ha recordado Gary Becker, entre quienes tienen y quienes no tienen trabajo, lo que constituye la peor la más indigna de todas las desigualdades posibles. El apartheid laboral europeo ha dividido a la sociedad entre los que están "dentro" y los que están "fuera" del mercado de trabajo. Los que tienen trabajo están protegidos por regulaciones que hacen muy caro el despido, y por privilegios sindicales. Gracias a que no existe competencia, los salarios han crecido, pero también el número de quienes no tienen un salario (en el caso de España cerca del 20 por ciento y en Alemania más del 12 por ciento). Los que están sin trabajo viven del subsidio estatal, un subsidio que paga la sociedad con impuestos demasiado altos y con un déficit que exige tasas de interés demasiado altas. Hace apenas 20 años, el desempleo en Europa era inferior al de Estados Unidos. En el Reino Unido, la tasa bordea hoy el 5 por ciento. En los últimos años, la diferencia salarial entre los obreros sindicalizados y los no sindicalizados ha caído en los Estados Unidos del 39 por ciento al 27 por ciento. Hay sectores, como las industrias financiera e inmobiliaria, donde no hay diferencia entre ambos grupos. En Europa, en cambio, el desempleo no está repartido de manera equitativa. Son los jóvenes y las mujeres los más afectados.
6. "Los países desarrollados con más trabajo crean mucho empleo a tiempo parcial y poco a tiempo completo". Un simple vistazo a la estadística demuele esta falsedad. En el Reino Unido, en los últimos dos años el empleo a tiempo completo ha crecido a un ritmo superior al del empleo a tiempo parcial. Entre los que tienen empleo a tiempo parcial un porcentaje mayoritario lo tiene porque así lo desea. Ahora que el gobierno laborista ha anunciado el recorte del subsidio a las madres solteras para estimularlas a trabajar, el argumento más utilizado por las asociaciones de afectadas y el ala izquierdista del Partido Laborista es que no es justo forzarlas a trabajar cuando ellas prefieren dedicarse durante los primeros años al cuidado de sus hijos. En el Reino Unido el mayor número de empleos se ha creado en los últimos años en el sector no manual.
7. "Desregular el mercado de trabajo aumentaría el desempleo". Si para justificar la semana de 35 horas, con su supuesto aumento del empleo, se sostiene que debe mantenerse la reglamentación que protege el empleo existente, se incurre en una monumental contradicción. O se protege el empleo y por tanto se restringe el acceso de nuevos trabajadores, o se crea un ambiente libre en el mercado del trabajo de modo que los que no tienen empleo puedan tenerlo.
8. "El desarrollo de los países subdesarrollados impedirá en el futuro que se cree más trabajo en Europa". Ya he citado varios casos de países ricos que han aumentado su riqueza y su empleo en los mismos años en que el club de los países ricos crecía voluminosamente. También aquí hay una contradicción. Se decía hasta hace poco que los países pobres no podían volverse ricos porque los ricos se lo impedían. Ahora los mismos que decían aquello dicen que la riqueza de los países pobres haría más pobres a los ricos. Si esto último es cierto, quiere decir que la riqueza no es estática sino móvil. Esto llevaría a aceptar que en la economía capitalista la riqueza y el empleo están siempre en movimiento.
9. "El socialismo produjo la jornada de 8 horas". Lo que redujo el número de horas en el trabajo no fueron los sindicatos ni el socialismo de Bebel, Liebkneckt o Kautsky, sino la productividad. Si hubiera una relación directa entre el poder de los sindicatos y el número de horas que se trabaja no se daría el caso de países con igual porcentaje de mano de obra sindicalizada y muy diferente semana laboral. Como ha recordado Michael Walker, Corea del Sur es un país con una semana laboral muy superior a la de Canadá a pesar de tener la misma proporción de trabajadores sindicalizados.
Con el mismo pánico con que hace mil años las masas abominaron la infeliz rueca, los nuevos supersticiosos de fin de milenio creen que la revolución tecnológica en los campos de la ingeniería genética, la microelectrónica y las telecomunicaciones son la causa de que el desempleo promedio en Europa supere el 11 por ciento. Para defenderse del balido de "Dolly", el ratón de Bill Gates y los astros de Rupert Murdoch, el Viejo Continente y no sólo Francia quiere trabajar sólo 35 horas por semana (¿por qué no?). De este modo, los que tienen trabajo se arrimarán un poco para que quepan los que no lo tienen. Aquí están las nueve falacias que acompañan la nueva superstición de la rueca.
1. "El mercado laboral ha llegado a su límite". Resulta que hay países europeos con muy pequeñas tasas de desempleo el Reino Unido y Holanda, por ejemplo; que el país con una tecnología más desarrollada, Estados Unidos, ha reducido su desempleo a niveles insignificantes; y que en los últimos años varios países más o menos pobres como Chile y Nueva Zelanda han creado empleo de manera vertiginosa. El mercado laboral sólo llega a su límite en una sociedad precapitalista, donde la productividad es siempre la misma porque no hay tecnología nueva.
2. "La tecnología perjudica a la mano de obra". Esto recuerda la anécdota del inglés que, al enterarse de que Graham Bell había inventado el teléfono, respondió: "Los americanos necesitan el teléfono porque no tienen mensajeros. Nosotros tenemos abundantes mensajeros". Pongamos un solo ejemplo de desarrollo tecnológico: el chip de silicona. Lo inventó en 1971 una empresa de California en Silicon Valley. ¿Qué ha ocurrido desde 1971 en esa zona donde el siglo pasado no había más que praderas con búfalos? California es hoy la novena economía del mundo, prácticamente con pleno empleo. Desde 1971 la microelectrónica no ha hecho sino avanzar. A su paso, muchos empleos de un cierto tipo han desaparecido y miles y miles de empleos han surgido en las nuevas áreas.
3. "El trabajo es independiente de la riqueza". Los supersticiosos creen que no hay una relación directa entre el grado de riqueza es decir el aumento de capital y el nivel de empleo. Por tanto, conseguir trabajo no depende de crear condiciones para aumentar la riqueza sino de decidir, por puro ejercicio de la voluntad, que haya trabajo. Si se prohibieran los ordenadores, la productividad de los trabajadores se desplomaría y con ella sus niveles de vida. La sociedad se africanizaría velozmente. En lugar de una sociedad sin parados habría una sociedad sin riqueza. Habría menos pobreza relativa porque habría ausencia de ricos pero también habría pobreza absoluta. Hace un tiempo se hablaba mucho de los "injustos términos de intercambio". Se decía que había una injusticia en el hecho de que a los países pobres les costara tanto obtener los productos que necesitaban, a diferencia de lo que ocurría en los países ricos. La razón era sencilla: la productividad. Sólo el 3 por ciento de la población de Estados Unidos se dedica a la agricultura, pero, gracias a su tecnología, ese grupo es capaz de producir alimentos para los 260 millones de estadounidenses y de exportar lo que sobra. La productividad está en relación directa con la tecnología.
5. "Estados Unidos e Inglaterra tienen menos desempleo, pero más diferencias en los salarios". Las diferencias en Europa no son entre quienes ganan más y quienes ganan menos sino, como ha recordado Gary Becker, entre quienes tienen y quienes no tienen trabajo, lo que constituye la peor la más indigna de todas las desigualdades posibles. El apartheid laboral europeo ha dividido a la sociedad entre los que están "dentro" y los que están "fuera" del mercado de trabajo. Los que tienen trabajo están protegidos por regulaciones que hacen muy caro el despido, y por privilegios sindicales. Gracias a que no existe competencia, los salarios han crecido, pero también el número de quienes no tienen un salario (en el caso de España cerca del 20 por ciento y en Alemania más del 12 por ciento). Los que están sin trabajo viven del subsidio estatal, un subsidio que paga la sociedad con impuestos demasiado altos y con un déficit que exige tasas de interés demasiado altas. Hace apenas 20 años, el desempleo en Europa era inferior al de Estados Unidos. En el Reino Unido, la tasa bordea hoy el 5 por ciento. En los últimos años, la diferencia salarial entre los obreros sindicalizados y los no sindicalizados ha caído en los Estados Unidos del 39 por ciento al 27 por ciento. Hay sectores, como las industrias financiera e inmobiliaria, donde no hay diferencia entre ambos grupos. En Europa, en cambio, el desempleo no está repartido de manera equitativa. Son los jóvenes y las mujeres los más afectados.
6. "Los países desarrollados con más trabajo crean mucho empleo a tiempo parcial y poco a tiempo completo". Un simple vistazo a la estadística demuele esta falsedad. En el Reino Unido, en los últimos dos años el empleo a tiempo completo ha crecido a un ritmo superior al del empleo a tiempo parcial. Entre los que tienen empleo a tiempo parcial un porcentaje mayoritario lo tiene porque así lo desea. Ahora que el gobierno laborista ha anunciado el recorte del subsidio a las madres solteras para estimularlas a trabajar, el argumento más utilizado por las asociaciones de afectadas y el ala izquierdista del Partido Laborista es que no es justo forzarlas a trabajar cuando ellas prefieren dedicarse durante los primeros años al cuidado de sus hijos. En el Reino Unido el mayor número de empleos se ha creado en los últimos años en el sector no manual.
7. "Desregular el mercado de trabajo aumentaría el desempleo". Si para justificar la semana de 35 horas, con su supuesto aumento del empleo, se sostiene que debe mantenerse la reglamentación que protege el empleo existente, se incurre en una monumental contradicción. O se protege el empleo y por tanto se restringe el acceso de nuevos trabajadores, o se crea un ambiente libre en el mercado del trabajo de modo que los que no tienen empleo puedan tenerlo.
8. "El desarrollo de los países subdesarrollados impedirá en el futuro que se cree más trabajo en Europa". Ya he citado varios casos de países ricos que han aumentado su riqueza y su empleo en los mismos años en que el club de los países ricos crecía voluminosamente. También aquí hay una contradicción. Se decía hasta hace poco que los países pobres no podían volverse ricos porque los ricos se lo impedían. Ahora los mismos que decían aquello dicen que la riqueza de los países pobres haría más pobres a los ricos. Si esto último es cierto, quiere decir que la riqueza no es estática sino móvil. Esto llevaría a aceptar que en la economía capitalista la riqueza y el empleo están siempre en movimiento.
9. "El socialismo produjo la jornada de 8 horas". Lo que redujo el número de horas en el trabajo no fueron los sindicatos ni el socialismo de Bebel, Liebkneckt o Kautsky, sino la productividad. Si hubiera una relación directa entre el poder de los sindicatos y el número de horas que se trabaja no se daría el caso de países con igual porcentaje de mano de obra sindicalizada y muy diferente semana laboral. Como ha recordado Michael Walker, Corea del Sur es un país con una semana laboral muy superior a la de Canadá a pesar de tener la misma proporción de trabajadores sindicalizados.