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Las advertencias de la Iglesia


Tras recordar los males que trajo para el país el endiosamiento del poder político, encarnado desde hace varias décadas en la politiquería partidista, el giro de Monseñor asevera que en la actualidad prevalece la ideología que conduce al enriquecimiento del Estado en perjuicio de los más necesitados. La Iglesia observa que la sociedad panameña ha incurrido en una lamentable omisión: hacer que el Estado sea capaz de cumplir su misión de servir al bien común y de garantizar la equidad y la solidaridad del entramado social.
El mensaje del arzobispo menciona otras dos enfermedades actuales: la corrupción y el despilfarro de los dineros del Estado, dineros sudados por el pueblo. De allí nace lo que se denomina la deuda social, que grava el futuro de nuestro pueblo y amenaza con derivar en una anarquía de imprevisibles consecuencias.
El Encuentro encaró la realidad de que los cristianos no están exentos de responsabilidades en esta crisis, y los invita a cotejar su conducta social con el Evangelio, así como a crecer en conciencia como ciudadanos. Tras esas saludables y ejemplarizadoras muestras de autocrítica, el Arzobispo se dirigió a los asistentes de la sociedad de todos los órdenes, exhortándolos -con palabras del papa Juan Pablo II- a la generosidad y a promover la justicia y la tutela de la dignidad humana.
A los que gozan de privilegios, les recordó que el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común. Y que en caso de conflicto entre los derechos privados adquiridos y las exigencias comunitarias primordiales toca a los poderes públicos procurar una solución con la activa participación de las personas y los bienes sociales. A los trabajadores de todos los sectores, el organismo episcopal les hace notar que sus reclamos deben ser respetados, así como su derecho a la huelga, pero les advierte que esos derechos no deben convertirse en injusta agresión contra el todo social ni deben dificultar la reconstrucción de Panamá.
Con relación a la crisis económica, la Iglesia clamó por la esperanza en que un pueblo unido, que mire con valentía la situación actual, sabrá asumir la responsabilidad que le cabe y acabará por imponer respeto a las demás naciones del concierto internacional para lograr un trato justo.
La sociedad panameña no debe desoír las claras advertencias de la Iglesia ni sus esclarecedoras exhortaciones, tan llenas de sabiduría, equilibrio y lucidez en la descripción de los desafíos que plantea la realidad.

101 años de Panamá América

 
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