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Las alternativas electorales: 1. Alemán, Martinelli y Endara


El lunes 2 de febrero se cerró el período de formalizar candidaturas. El foro que se transmitió por televisión ese día por la noche nos presentó las alternativas entre las cuales podremos escoger. No permitió que se compararan sus planes de gobierno, pero sí que se contrastaran sus estilos de pensamiento al enfocar algunos problemas nacionales, aunque sorprendió que no se incluyera pregunta alguna sobre la Caja de Seguro Social o sobre los tratados de libre comercio.
De los cuatro candidatos, sólo uno no ha tenido un puesto público bajo la Presidenta Mireya Moscoso. Sólo uno puede, por lo tanto, formular juicios críticos de fondo sobre el desastre del actual gobierno y, en consecuencia, estar en condiciones de renovar la manera de gobernar al país. José Miguel Alemán es el candidato más comprometido con el gobierno de la presidenta Moscoso. Fue Viceministro de Gobierno y Justicia de Endara. Durante este período se dio un trasiego de 6,000 toneladas de armas presuntamente hacia Panamá, pero en realidad hacia Croacia . Uno de los documentos llevaba la firma de Alemán, aunque él ha declarado que la misma no era auténtica, sino falsificada.
El caso sigue a la espera de una decisión de un Tribunal. Además, fue jefe de campaña de Alberto Vallarino en las primarias del Partido Arnulfista en el año 1993, pero volvió a subordinarse al mando absoluto de la presidenta Moscoso sobre su partido. Fue Ministro de Relaciones Exteriores de la presidenta Moscoso de 1999 a 2003 con un viceministro en quien ella parecía tener más confianza. Como miembro del gabinete fue corresponsable por los desaciertos y las fallas del actual Ejecutivo, incluyendo la red de nepotismo que abarca al gobierno, incluyendo nuestro cuerpo diplomático. Guardó silencio sobre los escándalos que han afectado al gobierno, tales el del helicóptero HP14-30, el de los $1000 millones que le regalaron a Panama Ports, el de los "durodólares", etc. Sin el apoyo de la Presidenta él no habría podido ser candidato, como le dijeron sus contendores arnulfistas. En realidad, el verdadero candidato del oficialismo es en buena medida la propia Mireya, lo cual le impide a Alemán ser evaluado por sí mismo. No se prevé ninguna circunstancia en la cual Alemán pudiera ganar. La misma Presidenta que lo encumbró lo hunde.
Por su parte, Ricardo Martinelli sigue rezagado en el último lugar de las encuestas y por ello da muestras de una atrevida demagogia, al culpar de todos los males sólo a la corrupción de "los partidos tradicionales", como si su partido estuviera fuera de esa categoría. En verdad el suyo es el partido más tradicional, porque depende de un único dueño como principal fuente de dirección y financiamiento y ha estado con todos los gobiernos desde que se inscribió, para lograr y mantener un espacio político. Bajo Pérez Balladares, Martinelli fue director de la Caja de Seguro Social, pero debió dejar el puesto por los conflictos que suscitó sobre todo con los médicos, casi provocando una huelga que hubiera infligido un grave daño a los asegurados.
Cuando fue nombrado Presidente de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) por la presidenta Moscoso, lo primero por lo que se interesó fueron los nombramientos que podría hacer en la ACP. A pesar de que se le explicó que su título de Ministro no implicaba la potestad de nombrar y despedir personal y que él era fundamentalmente presidente de la Junta Directiva con sólo el título de Ministro, logró efectuar vía el Ministerio de la Presidencia cerca de 30 nombramientos innecesarios y un presupuesto de $3 millones anuales. Además, a él le fue concedido el IDAAN como espacio político. Su Director General, quien ostentaba el título de Vicepresidente de su partido, fue acusado e investigado por exigirle dinero para el partido a los miembros del mismo a los que nombraba. Existe un documento que parece revelar que Martinelli estaba al tanto del sistema de cobro. El Fiscal Electoral ha pedido que se llame a juicio a 11 miembros de su partido, pero el caso todavía está pendiente ante el Tribunal Electoral. Si éstos no son indicios de corrupción, no sé que pueda serlo. Las flagrantes contradicciones entre su discurso y su práctica hacen difícil, por no decir imposible, que este candidato obtenga un apoyo importante del electorado.
El ex presidente Guillermo Endara fue por unos meses asesor jurídico de la ARI y luego fue propuesto sin éxito para Magistrado de la Corte Suprema de Justicia por la Presidenta Mireya Moscoso. Ahora está ocupando el espacio político que se había forjado Alberto Vallarino mientras mantuvo comprometido a un sector del electorado insinuando que él correría, para luego retirarse sorpresivamente sin proporcionar ninguna explicación a sus simpatizantes. Endara ha adoptado un lenguaje anti-partido, pero valiéndose del Partido Solidaridad. Este colectivo político es casi tan tradicional como Cambio Democrático de Martinelli, por su dirección y financiamiento casi unipersonal, por su participación en todos los gobiernos desde que se inscribió, por su carencia de identidad ideológica, por la falta de disciplina política entre sus legisladores, que todos menos uno apoyan a candidatos presidenciales diferentes al del partido, y por la contradicción entre la evaluación de Endara por el presidente de Solidaridad antes y ahora.
En su libro Los hilos de las Marionetas sobre la elección de 1994, el presidente de Solidaridad escribió: "La figura de Endara pesó mucho en contra de una decisión a favor de doña Mireya" (pág.110). Consideraba que el país no acababa de reponerse de una crisis muy grave "en gran medida por virtud de la incompetencia evidente de nuestros actuales gobernantes" (pág. 41). Pensaba que el país necesitaba "cambios que, por incapacidad, falta de voluntad y de respaldo, el gobierno del presidente Endara no llevó a cabo". Según él, Endara "frustró a muchísimos panameños"(pág.70), ya que el país sufría de "extrema pobreza...a la vista de todos, menos del gobierno" (pág. 42). Afirmaba que "no hay visión de futuro y el Estado es como un inmenso monstruo somnoliento sin cabeza que piense y lo haga actuar"(pág. 57). Señalaba entonces "que en los diferentes estamentos de la conducción gubernamental se observa flagrantemente la corrupción, el tráfico de influencias, la incapacidad y la falta de decoro en la administración de justicia " (pág.160). Ahora, sin embargo, lo califica de "presidente de verdad" y pondera su experiencia, honradez y visión. El cambio radical de evaluación se ha producido sin que medie cambio radical en ninguna de las dos personalidades mencionadas ni en el país que pudiera justificarlo. Pareciera que éste ha sido un hecho de cambio oportunista repentino. Por ello, para nadie sería una sorpresa, si por imposible Endara ganara, que el Partido Arnulfista se le uniera, como también que MOLIRENA se uniera a Ford, y así el gobierno consistiría de los mismos componentes del gobierno de Mireya Moscoso, incluyendo a Solidaridad.
Dada la nostalgia con la que este candidato menciona constantemente su pasada presidencia, podríamos esperar la repetición de su primer gobierno. Lo más preocupante es que la visión de Endara sobre dicho gobierno está muy alejada de la realidad. No recuerda las acusaciones de corrupción que se le formularon a su gobierno, por ejemplo: "la llave", con referencia a un grupo de abogados que habría estado encabezado por alguien vinculado a su bufete, que podía descongelar fondos por el Ministerio Público mediante el pago de sumas importantes por sus servicios, la venta de lotes y manglares de Zona Libre y el mal uso de los fondos para la reconstrucción de Bocas del Toro. Se olvida que dedicó todo su esfuerzo al pago de la deuda financiera, descuidando la atención a la deuda social. Ahora sugiere que él efectuaría una revisión, sino una abrogación de las privatizaciones de los servicios de utilidad pública, como si él no las hubiera propuesto y no supiera que un desconocimiento de los contratos firmados acarrearía problemas muy serios con el mundo de las finanzas y la economía internacionales que obstaculizarían nuestro desarrollo socioeconómico.
Alguno de sus actuales seguidores han echado a rodar la especie de que en 1989-1990 Endara quiso llamar a una Constituyente, pero que Mario Galindo y yo se lo habríamos impedido, amenazándolo que nuestros legisladores lo juzgarían. Esto es radicalmente falso. No sólo Endara nunca mencionó y menos aún favoreció un cambio de Constitución, sino que desde la primera semana del gobierno democrático hizo que se redactara y se diera a conocer El Estatuto de Retorno Inmediato a la Plenitud del Orden Constitucional, porque era menester que "todas las entidades públicas... se sujetaran íntegramente... a la Constitución Política de la República de Panamá", refiriéndose al texto constitucional de 1983. Cualquiera afirmación de que él habría expresado un deseo de una nueva Constitución, por vía de una Constituyente o por cualquier otra vía, es una falsedad para hacer concordar su posición de 1989 con la de ahora. Sería absurdo tornarnos hacia el pasado en el modo de gobernarnos y sobre todo si se trata de un pasado falsamente reconstruido.
Sólo Martín Torrijos con los dos partidos que lo han postulado -el PP y el PRD- han sido críticos del gobierno de Mireya Moscoso desde el inicio, sin por ello obstruir lo poco de su gestión que estaba bien orientado y sobre todo sin dejar de modificar, si fuera posible, sus propuestas para que rindieran beneficio al país y a nuestro pueblo. Pero cuando habían comenzado a perfeccionar la Asamblea Legislativa para adecentarla, hacerla más productiva y más transparente, la Presidenta intervino, entendiéndose con algunos mercaderes de la política, dispuestos a cambio de prebendas a comprometer la Corte Suprema con el nombramiento de quienes, por sus nexos personales con ella, actuarían como los agentes del Ejecutivo para controlar el Judicial, y también para controlar el Legislativo, en un ambiente nefasto de mutuas acusaciones de chantaje y soborno.
En el foro, los propios candidatos se autoindetificaron. José Miguel lo hizo por la manera artificiosa como llamaba a los autores de las preguntas por su primer nombre, aunque evidentemente no los conocía. Esta fue sin duda la recomendación de un asesor en asuntos de retórica electoral. Ello sugiere que él nos recitó textos aprendidos de memoria, los cuales eran a veces "poéticos y esotéricos" como afirmó Endara. La careta que usó no nos dejó ver su cara.
Martinelli se autoidentificó cuando dijo que el decía lo que pensaba, mientras los otros pensaban lo que decían, en otras palabras él era espontáneo diciendo todo lo que pensaba tan pronto lo pensaba, como un niño, mientras los otros sopesaban en conciencia lo que iban a decir de lo que pensaban, como adultos. Un presidente que siguiera la fórmula de Martinelli sería un peligro para la convivencia.
Endara se autoidentificó cuando en su última intervención comparó lo que estábamos viendo con una película que ya hubiéramos visto. Precisamente esa es la impresión que tenemos de sus actuaciones e intervenciones. Ya las vimos hace más de una década y si volver a verlas puede tener un interés histórico, no tiene un interés vital. Y el mismo interés histórico desaparece cuando nos damos cuenta que la nueva versión de la película está rehecha hasta alterar su sentido original.
Falta la cuarta alternativa, Martín Torrijos, que se ha mantenido a la cabeza de las encuestas desde el comienzo del proceso electoral. La analizaré la semana próxima.
(ariyan@sinfo.net)

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