Las amenazas de un ministro
En 1979, siendo Gustavo García de Paredes, ministro de Educación, los docentes del país enarbolaban una amplia lucha contra la inconsulta reforma educativa, contaminada por los vicios del régimen militar. En ese entonces, un importante sector empresarial del país, batía sus consignas de apoyo al movimiento huelguístico con un claro signo anticomunista, mientras que el movimiento social, no coptado por el régimen, contribuía con la causa de los docentes apoyando las movilizaciones. Los enormes préstamos de las IFI´s para la educación, solicitados por el régimen, si bien contribuyeron a financiar la masificación del sistema básico escolar, no cubrieron integralmente mejoras en la calidad de vida del recurso humano, algo imposible en este histórico ciclo de endeudamiento.
Viendo la incapacidad para parar el ascenso de la protesta social y docente, como muchas otras veces, el ministro García de Paredes recurrió a las amenazas y otras técnicas cuarteleras. Fue así que esa lucha se transformó en una lucha por la democracia y las libertades civiles, que marcó el inicio de la decadencia y debilitamiento del régimen. Para entonces, yo tenía quizá unos cuatro o cinco años, y recuerdo a mi difunto padre, dirigente gremial de base, llevándome de la mano en aquellas multitudinarias marchas por las calles de Santiago de Veraguas.
Los años pasaron, vino la trágica invasión norteamericana de 1989, y en el poder se restituyó la vieja partidocracia de antes de 1968, intentántodola confundir con la verdadera democracia. Este nuevo-viejo régimen, nacido del pacto del partido de los militares y las fuerzas tradicionales, fortalecieron esa vieja institución de las amenazas contra la protestas sociales y del sector docente, sobre todo cuando éstas vinieron teñidas de la denuncia contra la podredumbre de la institucionalidad estatal producida por la clase política.
Ahora cuando el ministro de Educación, Miguel Ángel Cañizales, también nos amenaza, traigo a la memoria toda esa historia de amenazas contra el movimiento social y docente, sin embargo, históricamente, estas, lejos de quebrantar la voluntad de lucha del pueblo, han significado la ausencia de argumentos por parte de los gobiernos, y vitalizado la conciencia ciudadana frente a estos desafueros de la clase política.
(*)El autor, es además, Secretario General de la Asociación de Educadores Veragüenses.
Viendo la incapacidad para parar el ascenso de la protesta social y docente, como muchas otras veces, el ministro García de Paredes recurrió a las amenazas y otras técnicas cuarteleras. Fue así que esa lucha se transformó en una lucha por la democracia y las libertades civiles, que marcó el inicio de la decadencia y debilitamiento del régimen. Para entonces, yo tenía quizá unos cuatro o cinco años, y recuerdo a mi difunto padre, dirigente gremial de base, llevándome de la mano en aquellas multitudinarias marchas por las calles de Santiago de Veraguas.
Los años pasaron, vino la trágica invasión norteamericana de 1989, y en el poder se restituyó la vieja partidocracia de antes de 1968, intentántodola confundir con la verdadera democracia. Este nuevo-viejo régimen, nacido del pacto del partido de los militares y las fuerzas tradicionales, fortalecieron esa vieja institución de las amenazas contra la protestas sociales y del sector docente, sobre todo cuando éstas vinieron teñidas de la denuncia contra la podredumbre de la institucionalidad estatal producida por la clase política.
Ahora cuando el ministro de Educación, Miguel Ángel Cañizales, también nos amenaza, traigo a la memoria toda esa historia de amenazas contra el movimiento social y docente, sin embargo, históricamente, estas, lejos de quebrantar la voluntad de lucha del pueblo, han significado la ausencia de argumentos por parte de los gobiernos, y vitalizado la conciencia ciudadana frente a estos desafueros de la clase política.
(*)El autor, es además, Secretario General de la Asociación de Educadores Veragüenses.