Las amenazas a la vida y salud en los campos de tiro
Ex Administrador del Canal
A fines de1999 se llevó a cabo en Atlanta, un foro sobre explosivos no detonados. Al mismo concurrieron representantes del Departamento de Defensa (DOD) y de la Agencia para la Protección Ambiental de Estados Unidos(EPA), además de empresas dedicadas a esa actividad y organizaciones ecologistas interesadas en el tema.
Uno de los expositores fue Michael Short, experto en la remoción de explosivos no detonados, quien trabaja para la empresa E.O.D. Technology que era una de las empresas contratadas por el Departamento de Defensa para prestar servicios en las labores de saneamiento que debían realizar en los polígonos de tiro en Panamá, según el Tratado.
El señor Short hizo circular copia de su intervención, una de las cuales, llegó a la oficina del señor John Lindsay-Poland de FOR, quien lo contactó después de leerla.
Lindsay-Poland le preguntó sobre la afirmación que había hecho de que era más fácil remover explosivos no detonados en áreas boscosas que en la llanura, lo cual contradecía uno de los argumentos del Ejército en Panamá. Short explicó que era más fácil advertir los explosivos en el bosque que en los herbazales, especialmente en nuestro país donde la hierba es la de la variedad kuna. "Esa hierba crece cerca de un pie por semana después de cortarla". El procedimiento sería cortar la hierba a una altura de seis pulgadas, dejarla secar por dos días y luego quemarla. (Esto sería aún más difícil en la estación lluviosa). Otra ventaja del bosque sobre la llanura es que este es mucho más fresco.
Afirmo Short que el contrato que tenían con el DOD no incluía limpieza encima de línea de 30 metros y en pendientes, con grado mayor de 25% (lo cual es 25% de 45 grados).
"La limpieza superficial que se hizo es una pérdida de tiempo, porque después que usted limpia el área, el suelo erosiona y aparecen nuevos explosivos no detonados", dijo Short. El recomendó una limpieza de 4 pies de profundidad, excepto en los campos de bombardero donde habrá necesidad de ir a 10 pies y más.
Cuando Lindslay-Poland le preguntó si en los campos de tiro en Panamá las pendientes eran un problema, contestó que, por lo menos, el 90% de Emperador y el 75% de Piña se podía limpiar en la superficie y en el subsuelo sin mayor dificultad. El resto también se puede limpiar, pero toma más tiempo y cuesta más dinero.
Cuando se le preguntó sobre el daño al medio ambiente, Short contestó que "la vegetación crece tan rápido que después de tres meses de haber entrado y salido nadie puede determinar dónde se hicieron los trabajos. En la selva nosotros no cortamos árboles. Cortamos lianas y ellas vuelven a crecer". Señaló que cuando fue al área todavía se estaban haciendo disparos y agregó que "ahora que se dan suspendido los disparos hay más animales".
Short afirmó categóricamente que "nosotros (los Estados Unidos) no estamos haciendo todo lo que podemos hacer". También considera que los trabajos de limpieza superficial a cargo de la Fuerza de Tarea 111 del Ejército de los Estados Unidos, fue muy pobre. El problema era que para hacer el trabajo traían guardias que trabajaban por dos semanas y luego los cambiaban por otros nuevos. Cuando ya se empezaban a familiarizar con el terreno, se iban. La limpieza de los campos de tiro en Panamá fue utilizada para darle algo de entrenamiento a los miembros de la Fuerza de Tarea 111. No se realizó un trabajo profesional a conciencia.
La Cancillería y la Oficina, en ese tiempo a mi cargo, decidimos realizar un áudito en sitio cuando los Estados Unidos anunciasen que habían terminado la limpieza Sabíamos desde hacía varios meses que ellos saldrían en julio de 1999 y que notificarían que habían cumplido con el mandato de Tratado de realizar el esfuerzo máximo posible. El áudito para demostrarle lo contrario, debía hacerse antes del 31 de diciembre, mientras aún estaban en Panamá los militares estadounidenses, a quienes invitaríamos como observadores.
Cuando llegó el mes de julio habíamos recibido cinco propuestas, las cuales fueron evaluadas. En todo el proceso participó un representante de la Contraloría. El cuerpo evaluador, por unanimidad, recomendó una empresa donde trabajarían los mismos técnicos de EODT. Todos ellos aseguraban que se podía limpiar prácticamente toda el área, tanto en la superficie como en el subsuelo y que, sobre el terreno, se lo demostrarían a los miembros del Ejército en Panamá, encargados de la limpieza. Como se producía un cambio de gobierno el primero de septiembre, decidimos dejarle al próximo Ministro que firmase el contrato.
Todo nuestro plan se vino al suelo, cuando en la Cancillería decidieron declarar desierto el concurso y, mediante contratación directa, contrataron una firma de abogados en los Estados Unidos, la cual por su parte subcontrató a una empresa para hacer el áudito. Cuando llegó el momento en que la firma de abogados y su subcontratista estuvieron listos, ya los soldados estadounidenses habían abandonado el Istmo. Se perdió la oportunidad para demostrarle al Ejército, sobre el terreno, que no habían cumplido con la disposición del Tratado que los obligaba a remover todas las amenazas hasta donde fuese viable. Eso nos hubiese dado una fuerza enorme.