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Las barbas de nuestro vecino


"Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo", reza el sabio refrán. Los conflictos internos en un país, igual que las enfermedades, suelen atravesar las fronteras inmediatas sin pedir permiso a nadie.
En otros términos, se diría que la guerra es contagiosa, de lo cual está plagada de ejemplos la historia universal. Como muestra, las guerras de independencia en América se dieron en sucesión concurrente en un mismo período histórico. Igual ocurrió con ambas guerras mundiales, los conflictos en el sureste asiático de los años 60 y 70 y la guerra civil centroamericana de los 60 a 80.
Como contrapartida positiva tenemos que igual de contagiosa suele ser la paz. Cuando surgió un arreglo del conflicto entre contras y sandinistas en Nicaragua, se fueron solucionando uno a uno los de los países vecinos, empezando por El Salvador y terminando por el de Guatemala.
Lo anterior nos lleva a la necesidad práctica de seguir de cerca lo que ocurre en nuestra vecina Colombia; y no sólo porque guerrilleros y paramilitares incursionan en nuestro suelo. Unos y otros son verdaderos ejércitos, plenos de recursos; capaces de involucrarnos de distinto modo en su guerra, que nos debiera ser ajena.
Para empezar, las partes en el conflicto colombiano nos usan como fuente de aprovisionamiento y lugar de reposo o descanso, como territorio neutral. Aquí es casi seguro que se concretan pagos y operaciones de compra, almacenamiento y tránsito de mucho armamento y municiones.
No es un secreto que en nuestro país se compraban uniformes, medicamentos, armas y tiendas de campaña durante la guerra contra la dictadura de Somoza en Nicaragua. Aquí se empleaban catálogos con los que solía comprarse todo tipo de armamento en diversas partes del mundo, incluyendo Norteamérica, por intermediar personas y países. Y sería ingenuo pensar que no está ocurriendo ahora.
Por eso es tan importante preservar nuestra neutralidad en la guerra colombiana; y hasta colaborar, si es posible, en su solución. Un poderoso ejército guerrillero capaz de atacar y cercar a Bogotá, con sus siete millones de habitantes, sería teóricamente capaz de tomar el Canal, si ese fuera su interés. Si, por ejemplo, las FARC se sintieran agredidas por EU, ¿podría descartarse tal posibilidad?
Comprendemos que nuestros gobiernos se nieguen a tener todo contacto con las guerrillas colombianas. Pero difícilmente podemos lograr que se respete la neutralidad de Panamá sin la aquiescencia de todos los contendientes. Además, ¿hasta qué punto conviene ser "más realista que el rey", si el propio gobierno colombiano está negociando con las FARC?

101 años de Panamá América

 
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