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Las barbas del vecino 


Unos 430 muertos dejó la narco-violencia en México, el pasado julio, 83 víctimas más que las registradas en Irak el mismo mes, según ha reportado la BBC Mundo. Si se considera que en los últimos siete meses la violencia mató en Afganistán 540 personas, entonces habrá que concluir que lo que hoy se registra en México es preocupante para ese país y para el resto de la región.

Hay un componente más: el tiempo que dura la violencia. Sí, el tiempo. Hace casi dos años el gobierno de Felipe Calderón movilizó al ejército hacia el norte del país para tratar de detener el flagelo, y no sólo no se detuvo, cada día se torna más intenso. ¿Qué le permite durar? En el caso del ejército, es lógico que posee pertrechos y recursos; pero... ¿y del lado de los narcos? Una bien pertrechada retaguardia que revela, elocuentemente, la dimensión del peligro a que se enfrentan la sociedad mexicana y la región.

A ciencia y paciencia las narco mafias han creado una economía paralela en ese país, y en otros de la región, que reta a la legalmente admitida, y con ella a todos los que la representan y la dirigen. No es un fenómeno que deba verse de modo distante. Tal cual sucede en México, la región enfrenta una guerra, cuyas consecuencias afectan a la sociedad sin distinción de posición política o económica. De eso hay que tomar conciencia y de las medidas necesarias para combatirla, también.

101 años de Panamá América

 
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