Las bases del desarrollo
Parecería muy natural suponer que el progreso de un pueblo es una cuestión de oportunidad, de abundancia de recursos, de tecnología avanzada u otras ventajas comparativas. La realidad, sin embargo, nos muestra que las pocas naciones hoy desarrolladas iniciaron su crecimiento recién después de haber fortalecido sus instituciones políticas, y que inclusive antes que esto surgieron y se afianzaron en ellas las ideas de libertad. En cambio, los países pobres -sin excepción- apostaron por las ideas ""sociales"", la lucha de clases, el nacionalismo exacerbado, la planificación o la supremacía estatal y, finalmente, no consolidaron sus democracias ni mucho menos alcanzaron el desarrollo.
El progreso, para iniciarse, requiere el nacimiento y la consolidación en la sociedad de una mentalidad y actitud muy especiales: el respeto por las libertades individuales y el predominio del individuo sobre el Estado. En realidad, la idea del programa en sí misma, y como la conocemos hoy, fue descubierta ya hace más de 200 años por Adam Smith -fundador del liberalismo económico-. En efecto, en ""La riqueza de las naciones"" (1776), y a comienzos de la Revolución Industrial, Smith demuestra que el progreso de una nación se da cuando existe en ella el libre comercio, o lo que es lo mismo, la libertad económica.
Ello porque la industrialización en sí es consecuencia del libre comercio y no a la inversa, como muchas veces se piensa. Por otra parte, el libre intercambio comercial no es otra cosa que el mercado libre y abierto, el que a su vez requiere la competencia y las máximas garantías a la propiedad privada. Sin estas libertades y garantías la inversión es mínima, la producción es ínfima, el desempleo es elevado y las economías se estancan o directamente se hunden. En estas condiciones solo florecen la demagogia, la miseria, el populismo, las burocracias y el parasitismo político.
Desafortunadamente, esas condiciones predominan en pueblos como el nuestro, sin tradiciones libertarias arraigadas y donde la libertad prácticamente carece de significado. Así, la palabra libertad la utilizan tanto los que luchan por liberarse de un tirano como los que pretenden instaurar sus propias tiranías.
222 ...para sacar al país ...dela ignorancia y la margialidad, antes que nada será necesario cambiar la mentalidad estatista y burocrática, abandonar el socialismo y adoptar el pensamiento liberal.
Y precisamente en su nombre se han cometido los más horrendos crímenes contra la vida, propiedad y dignidad del ser humano.
El concepto de la libertad, sin embargo, es claro y simple. Un hombre es libre cuando solo depende de la ley, y no de la voluntad de otro. Libertad es cumplir la ley. Hacer lo que a uno se le antoja es libertinaje. Y el libertinaje de uno es la agresión a otros. Pero la ley a la que debe sujetarse un hombre libre tampoco es cualquier ley, sino la ""ley natural"", de razón, la que prohíbe la agresión al ser humano. Esa ley, anterior y por sobre el Estado o la voluntad de cualquier mayoría, se basa en los ""derechos naturales"" a la vida, la libertad y la propiedad, la famosa trilogía del liberalismo.
El pensamiento liberal anglosajón, a diferencia del idealismo utópico que arrastró a la Revolución Francesa a la guillotina y el terror, tiene una dimensión definida y muy real. Se basa en derechos concretos que los ingleses fueron arrebatando a sus monarcas desde la época de la Carta Magna en el Siglo XIII, así como en una mentalidad y actitud moderadas, realistas y pragmáticas; en la creencia de que existe una ley natural que rige el universo, y que ni el Estado ni nadie puede violarlas impunemente; en que nada es gratuito, y todo exige sacrificio, en que la pobreza se combate con el trabajo y la educación, en que la riqueza es el premio al esfuerzo y el riesgo, y que el rico también tiene un lugar en el cielo.
En consecuencia, para sacar al país del atraso y la miseria que lo han acosado desde tiempo inmemorial y salir al encuentro del desarrollo económico que permita erradicar definitivamente el desempleo, la ignorancia y la marginalidad, antes que nada será necesario cambiar la mentalidad estatista y burocrática, abandonar el socialismo y adoptar el pensamiento liberal. Este es, posiblemente, el más grande desafío de la educación en el país: liberalizarla y hacerla liberal.
* Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com
El progreso, para iniciarse, requiere el nacimiento y la consolidación en la sociedad de una mentalidad y actitud muy especiales: el respeto por las libertades individuales y el predominio del individuo sobre el Estado. En realidad, la idea del programa en sí misma, y como la conocemos hoy, fue descubierta ya hace más de 200 años por Adam Smith -fundador del liberalismo económico-. En efecto, en ""La riqueza de las naciones"" (1776), y a comienzos de la Revolución Industrial, Smith demuestra que el progreso de una nación se da cuando existe en ella el libre comercio, o lo que es lo mismo, la libertad económica.
Ello porque la industrialización en sí es consecuencia del libre comercio y no a la inversa, como muchas veces se piensa. Por otra parte, el libre intercambio comercial no es otra cosa que el mercado libre y abierto, el que a su vez requiere la competencia y las máximas garantías a la propiedad privada. Sin estas libertades y garantías la inversión es mínima, la producción es ínfima, el desempleo es elevado y las economías se estancan o directamente se hunden. En estas condiciones solo florecen la demagogia, la miseria, el populismo, las burocracias y el parasitismo político.
Desafortunadamente, esas condiciones predominan en pueblos como el nuestro, sin tradiciones libertarias arraigadas y donde la libertad prácticamente carece de significado. Así, la palabra libertad la utilizan tanto los que luchan por liberarse de un tirano como los que pretenden instaurar sus propias tiranías.
222 ...para sacar al país ...dela ignorancia y la margialidad, antes que nada será necesario cambiar la mentalidad estatista y burocrática, abandonar el socialismo y adoptar el pensamiento liberal.
Y precisamente en su nombre se han cometido los más horrendos crímenes contra la vida, propiedad y dignidad del ser humano.
El concepto de la libertad, sin embargo, es claro y simple. Un hombre es libre cuando solo depende de la ley, y no de la voluntad de otro. Libertad es cumplir la ley. Hacer lo que a uno se le antoja es libertinaje. Y el libertinaje de uno es la agresión a otros. Pero la ley a la que debe sujetarse un hombre libre tampoco es cualquier ley, sino la ""ley natural"", de razón, la que prohíbe la agresión al ser humano. Esa ley, anterior y por sobre el Estado o la voluntad de cualquier mayoría, se basa en los ""derechos naturales"" a la vida, la libertad y la propiedad, la famosa trilogía del liberalismo.
El pensamiento liberal anglosajón, a diferencia del idealismo utópico que arrastró a la Revolución Francesa a la guillotina y el terror, tiene una dimensión definida y muy real. Se basa en derechos concretos que los ingleses fueron arrebatando a sus monarcas desde la época de la Carta Magna en el Siglo XIII, así como en una mentalidad y actitud moderadas, realistas y pragmáticas; en la creencia de que existe una ley natural que rige el universo, y que ni el Estado ni nadie puede violarlas impunemente; en que nada es gratuito, y todo exige sacrificio, en que la pobreza se combate con el trabajo y la educación, en que la riqueza es el premio al esfuerzo y el riesgo, y que el rico también tiene un lugar en el cielo.
En consecuencia, para sacar al país del atraso y la miseria que lo han acosado desde tiempo inmemorial y salir al encuentro del desarrollo económico que permita erradicar definitivamente el desempleo, la ignorancia y la marginalidad, antes que nada será necesario cambiar la mentalidad estatista y burocrática, abandonar el socialismo y adoptar el pensamiento liberal. Este es, posiblemente, el más grande desafío de la educación en el país: liberalizarla y hacerla liberal.
* Corresponsal de la agencia AIPE.
(c) www.aipenet.com