Las calles de Santiago son una verguenza
El pasado fin de semana viajamos a la ciudad de Santiago, en Veraguas, con el fin de asistir a la festividad de la Medalla Milagrosa, acontecimiento de fervorosa vocación cristiana, instaurada por los Padres Paulinos hace cerca de 51 años. Miles de veraguenses de todos los puntos de la provincia y visitantes devotos de la Virgen Milagrosa de diferentes sectores de la República, llegan a Santiago para participar de las novenas y de la gran procesión que recorre las calles del lugar en un desfile de más de 250 imágenes artísticamente adornadas por las manos de nuestros hombres y mujeres del campo en una verdadera demostración de arte e inspiración.
Tan apoteósica manifestación de fe cristiana, en donde participaron miles de feligreses, se vio empañada por el mal estado de las calles recorridas. Fue una verdadera odisea caminar por vías saturadas de baches y prácticamente, intransitables; por avenidas que tienen muchos años que no reciben mantenimiento, porque nuestras instituciones gubernamentales todavía no se han hecho conscientes de su responsabilidad ante los problemas de las comunidades.
Una ciudad como Santiago que refleja un desarrollo comercial y económico muy superior a otras del interior del país; que es sede de importantes centros educativos como el Centro Regional Universitario; la Escuela Normal Superior Juan Demóstenes Arosemena y de instituciones cívicas y gubernamentales no debe mostrar "esa cara fea" como la que vimos a la capital de la tierra de Urracá. Y nos preguntamos: ¿Dónde están los legisladores y las autoridades municipales que durante las elecciones prometieron solución a los problemas de su región? ¿Dónde están los empresarios que respiran un aire de prosperidad en sus negocios? ¿Dónde están las fuerzas vivas veraguenses que en años pasados dieron ejemplo de civismo y de espíritu público?
Allí están las calles de Santiago, que son una vergüenza, pregonando a los cuatro vientos la incapacidad, la falta de respuesta, el engaño a quienes pagan sus impuestos y como tal, tienen derecho a que las autoridades gubernamentales cumplan, a cabalidad con sus funciones de contribuir al mejoramiento y progreso de los pueblos.
El problema de la falta de buenas calles en el lugar es grave y demanda, con urgencia, la acción del gobierno y de todas las fuerzas vivas de la provincia. Se hace indispensable el surgimiento de un liderazgo que mueva esfuerzos y voluntades para exigir la pronta solución, libre de intereses personales y partidistas. Autoridades municipales, provinciales, legisladores e instituciones cívicas y veraguenses en general, están comprometidos frente a este problema que está haciendo tanto daño a una ciudad que es centro cultural y comercial del interior la República.
Tan apoteósica manifestación de fe cristiana, en donde participaron miles de feligreses, se vio empañada por el mal estado de las calles recorridas. Fue una verdadera odisea caminar por vías saturadas de baches y prácticamente, intransitables; por avenidas que tienen muchos años que no reciben mantenimiento, porque nuestras instituciones gubernamentales todavía no se han hecho conscientes de su responsabilidad ante los problemas de las comunidades.
Una ciudad como Santiago que refleja un desarrollo comercial y económico muy superior a otras del interior del país; que es sede de importantes centros educativos como el Centro Regional Universitario; la Escuela Normal Superior Juan Demóstenes Arosemena y de instituciones cívicas y gubernamentales no debe mostrar "esa cara fea" como la que vimos a la capital de la tierra de Urracá. Y nos preguntamos: ¿Dónde están los legisladores y las autoridades municipales que durante las elecciones prometieron solución a los problemas de su región? ¿Dónde están los empresarios que respiran un aire de prosperidad en sus negocios? ¿Dónde están las fuerzas vivas veraguenses que en años pasados dieron ejemplo de civismo y de espíritu público?
Allí están las calles de Santiago, que son una vergüenza, pregonando a los cuatro vientos la incapacidad, la falta de respuesta, el engaño a quienes pagan sus impuestos y como tal, tienen derecho a que las autoridades gubernamentales cumplan, a cabalidad con sus funciones de contribuir al mejoramiento y progreso de los pueblos.
El problema de la falta de buenas calles en el lugar es grave y demanda, con urgencia, la acción del gobierno y de todas las fuerzas vivas de la provincia. Se hace indispensable el surgimiento de un liderazgo que mueva esfuerzos y voluntades para exigir la pronta solución, libre de intereses personales y partidistas. Autoridades municipales, provinciales, legisladores e instituciones cívicas y veraguenses en general, están comprometidos frente a este problema que está haciendo tanto daño a una ciudad que es centro cultural y comercial del interior la República.