default

Las calles son un infierno


Dante Alighieri describió el infierno sin conocer los "diablos rojos" que circulan sin ley ni control por las calles de la capital panameña. Aún así, dijo de ellas en la Divina Comedia: "...demonios arrojados del cielo, raza despreciable, ... ¿cómo habéis podido conservar vuestra arrogancia?".
La respuesta para las autoridades nacionales es muy simple, y la señaló hace unos días el propio subdirector de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), Ovigildo Herrera, quien destacó que el problema no son las multas, sino que estos conductores siguen "aptos" y conduciendo por Panamá. Es decir, no importa lo que éstos hagan y a quienes maten, no se les saca de circulación. Recordemos que entre las últimas víctimas figuran una madre y su hijito de tan sólo dos años. Es posible que el conductor esté ya en las calles conduciendo y estemos circulando entre asesinos. Pues, mientras a los pasajeros les cuesta la vida tanta irresponsabilidad, a los transportistas sólo los multan. Lo peor es que siguen conduciendo con "arrogancia" en las infernales calles de la ciudad.
Como dato curioso -y sobre el que se asienta el reinado de los diablos rojos- el 25% de las multas que se les ponen a los transportistas no se pagan. Las autoridades dicen que planean reformar la actual ley y endurecer la reglamentación para controlar a los conductores irresponsables. Somos escépticos y cautelosos con estas reformas, pues la alarmante situación ha llegado a un límite de tolerancia para la población panameña. Un día de estos arderá la ciudad, pues los pasajeros ya no aguantan más. Especialmente el largo y tortuoso camino que recorre la burocracia nacional para seguirle la pista a estos endiablados conductores. Multas que no se pagan, normas que no se cumplen, autoridades que no circulan por las calles, todo en medio de un eterno calvario nacional entre "diablos rojos".
Como diría un simple panameño, el infierno de Dante es un "detalle" al lado de tantos demonios que nos rodean.
Feullet se entretuvo en otros asuntos y una hora más tarde recibió la fatal noticia.
El avión se había estrellado en las cercanías del cerro Peña Blanca, ubicado a unos 1, 314 metros sobre el nivel del mar.
No había sobrevivientes. Milagrosamente a Feullet, el tranque, la distancia y la premura con la que Ortega y el resto prepararon el viaje a Pocrí, lo salvaron.
Cuando lo cuenta sus ojos se enrojecen. Sólo alcanza a decir: "ayer (jueves) yo volví a nacer".
Y es que varias veces Feullet abordó un avión con los pilotos Ortega y Arrivillega.
Los describe como dos profesionales con más de 8, 000 horas de vuelo.
¿Desperfectos mecánicos?, ¿mal tiempo? Feullet prefiere no especular, aunque asegura que "algo" le molesta. Pese a nuestra insistencia no profundizó en ese detalle.
Lo cierto es que en varias ocasiones Feullet se hospedó en algún hotel de la metrópoli para llegar temprano a sus compromisos, pero este jueves estaba en su residencia.
Ayer, pese al dolor, se le vio dispuesto a seguir trabajando para honrar la memoria de Arango, su jefe y amigo.
Conversó con Panamá América unos minutos antes de retornar a Contadora en un vuelo de Air Panamá. Se despidió diciendo: "vamos a ver qué pasa".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América