Las cárceles
Nadie niega esos hechos. Pero pasar del reconocimiento a la defensa puede estar promoviendo la impunidad para quienes guardan prisión, precisamente por violar los derechos de otras personas, muchas de las cuales perdieron sus bienes, fueron heridas, afectadas psicológicamente o en última instancia, asesinadas. Si se toma en cuenta que el crimen registra cada día nuevos niveles de organización y recursos, un día, además de las constantes evasiones y motines, podríamos amanecer con reclusos bloqueando una avenida en defensa de sus derechos y respaldados por quienes insisten en presentarlos como víctimas y no como los victimarios que son.
Los millares de reclusos en todo el país, además de ser una carga económica para el Estado, se han convertido en un factor de anarquía que algunos respaldan desde fuera a título de la defensa de los renombrados derechos. Lo más lamentable es que varias veces ha sido evidente la complicidad de custodios a todos los niveles, pero las sanciones no se registran con la misma rapidez con que se violan las normas que ellos deben guardar. Ver el problema y no corregirlo santifica la negligencia, pero reconocerlo y encima apadrinarlo, engendra complicidad.