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Las claves del conflicto


La diferencia de razones o criterios no deriva necesariamente en un conflicto. En una discusión se producen dos o más enfoques de una realidad, pero eso mismo que llamamos realidad es una convención de subjetividades, un acuerdo sobre cómo se interpreta una situación que llamamos realidad.
Los conflictos han acompañado a la humanidad desde sus inicios, desde las más disímiles formaciones sociales hasta colectivos familiares, fraternales, barriales, escolares, etc. Como podemos imaginar y corroborar, a lo largo de la historia han ido desapareciendo muchas causas de conflicto gracias a la tolerancia que se deriva de la educación. No obstante, existen formaciones culturales cuyas creencias tribales o de clanes les empujan a considerarse guerreros celosos con territorios y adversarios históricos.
Los conflictos pueden resolverse sin necesidad de recurrir a la violencia y aunque son causados por variadas y múltiples razones, existen algunas causales constantes más allá de la simple diferencia de opinión. Los conflictos pueden pasar de acalorados a violentos cuando existen intenciones predeterminadas para agudizarlos. Una vez exacerbada la situación, pueden producirse confrontaciones armadas que sirven de prólogo a las guerras.
No obstante, el desarrollo del pensamiento humano ha creado plataformas de tratamiento a los conflictos a través de la justicia, la solidaridad y la paz, pero rara vez sin que haya un costo en vidas humanas. Conflictos de historia y territorio siguen tiñendo de luto y dolor al Medio Oriente. De etnia y recursos naturales a varios países africanos. Pero la exclusión, el hambre, el desempleo, la pobreza, el acceso a recursos y oportunidades para satisfacer las necesidades básicas, el acceso a la educación y al desarrollo tecnológico, además de la injusta distribución de toda la riqueza humana, son los principales detonantes que se acumulan en todos los rincones de la sociedad global. El detonante de conflictos violentos puede tener mecha larga, pero de rápida combustión.
Según la UNESCO, las guerras comienzan en las mentes y los corazones de los hombres, por lo cual también hay que dirigir hacia la mente y el corazón humanos toda la información que permita consolidar una cultura de paz, pasando a disminuir la carga de agresividad y violencia que reciben desde la infancia por los medios de comunicación, así como los juguetes bélicos que emblematizan la guerra y la "solución" de conflictos a través de las armas.
La historia también ha dejado en evidencia que grandes conflictos armados y guerras han tenido como fundamento motivos económicos. Cuando la economía deja de estar al servicio del ser humano y su desarrollo, cumple funciones contrarias. La globalización, como fenómeno tecnológico, puede estar al servicio de toda la humanidad generando condiciones de sana interdependencia. Pero, si por el contrario, la globalización se utiliza de conductor de una política neoliberal que multiplica la injusticia y amplía la brecha entre países ricos y pobres, está activando a corto y mediano plazo conflictos violentos de impredecibles consecuencias.
Las sociedades que fomentan un reparto injusto de las riquezas suelen asumir medidas autoritarias y represivas para mantener los privilegios de minorías económicas en desmedro de las mayorías desfavorecidas, están promoviendo una química social altamente explosiva.
Las democracias superficiales que caricaturizan los derechos humanos y las libertades públicas tratan de sostenerse con campañas de "poco pan y mucho circo", erosionan las bases de la credibilidad social y la confianza nacional. Ello reduce la autoestima del país, dándole paso al "juega vivo", a la corrupción y al caos.
Hoy, en este país llamado Panamá, en el cual hemos superado el conflicto histórico de la ruta interoceánica y el enclave canalero, superado con violencia y dolor para toda la sociedad la crisis militar y la invasión norteamericana, parece que existen fuerzas que insisten en dividirnos como nación para devorarnos en dos mordidas. El caso de los desaparecidos y las osamentas no debe ser politizado, deben ser casos, incluyendo los del 20 de diciembre del "89, para esclarecer y no para generar un conflicto violento en el que nadie gana y todos pierden.

101 años de Panamá América

 
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