Las claves son: Agua y financiamiento
Siempre he considerado que tanto al administrador como a los directivos de la Autoridad del Canal les motiva el mejor interés por el futuro de la vía interoceánica. Además, creo que todos los panameños queremos que el Canal se mantenga actualizado y competitivo para beneficio de las actuales y futuras generaciones. Por tanto, debemos asumir que todas las posiciones que se expresan sobre el futuro de esta vía son el reflejo de preocupaciones legítimas, y nada más.
Las recomendaciones de la Comisión Tripartita para el Estudio de las Alternativas al Canal de Panamá son conocidas y me relevo de comentarlas, pues a ellas se han referido con abundancia muy calificados compatriotas. Dejando de lado ese aspecto, lo que ahora importa es que nuestra nación, y digo nuestra nación porque se requerirá de una consulta popular, tiene que tomar una decisión sobre el futuro del Canal.
Es un hecho que el presente Canal tiene limitaciones en cuanto al número de barcos que pueden transitarlo diariamente y también sobre su tamaño. Por tanto, la construcción de un tercer juego de esclusas permitiría el tránsito de barcos que no caben por las actuales, los denominados "post-Panamax". Por ello, en principio, nadie se opone a que la capacidad del Canal pudiera ser ampliada. Pero antes, es necesario aclarar: ¿cómo se abastecería de más agua? ¿cuál sería el costo? y ¿cómo se financiaría?
El Canal dispone de suficiente agua para sus actuales operaciones, pero para incrementar el número de tránsitos y aceptar naves más grandes tendría que aumentar sus recursos hídricos. Para ello habría que ampliar la actual cuenca hidrográfica, con los consecuentes desplazamientos de moradores de las áreas que se inundarían, y con efectos ambientales que todavía no están suficientemente informados, debatidos y aclarados.
Los costos que demandaría la ampliación del Canal, aún tomando como base los estimados más conservadores, serán enormes y su monto podría equivaler o superar el total del producto interno bruto. Sin entrar a una discusión sobre la cifra exacta, que sería irrelevante en este momento, una pregunta básica todavía espera respuesta: ¿Cómo se financiaría?
Los ingresos del Canal se utilizan, casi en su totalidad, para cubrir sus gastos de funcionamiento, las inversiones para su mantenimiento y el aporte que, por disposición constitucional, debe hacer al Estado. La suma a invertir en la ampliación es tan grande que no podría ser financiada de los actuales ingresos sin afectar directamente alguno de los tres rubros indicados. Desde luego, hay que presumir que si el Canal se amplía, sus ingresos también aumentarán. Pero, ese aumento ¿Será suficiente para enfrentar los compromisos financieros que tendría que asumir el país? Eso, solamente lo sabremos cuando se conozcan los detalles, en blanco y negro, y se presente y explique el Plan de Financiamiento.
Insisto, para terminar con el tema, por ahora, que, en principio, creo que nadie se opone a la idea de la ampliación del Canal, y también en que estoy convencido que todos actuamos animados de la mejor intención y buena fe cuando opinamos o proponemos sobre su futuro pero, igualmente, creo que para que este tema tan trascendental para nuestro futuro sea debidamente conocido y decidido no deben escatimarse los esfuerzos para ilustrar, adecuada y prolijamente, a la comunidad nacional sobre todos los aspectos envueltos, y muy especialmente en cuanto a los dos que he mencionado, en los que creo convergen las principales preocupaciones de la mayoría de nuestros compatriotas.
Las recomendaciones de la Comisión Tripartita para el Estudio de las Alternativas al Canal de Panamá son conocidas y me relevo de comentarlas, pues a ellas se han referido con abundancia muy calificados compatriotas. Dejando de lado ese aspecto, lo que ahora importa es que nuestra nación, y digo nuestra nación porque se requerirá de una consulta popular, tiene que tomar una decisión sobre el futuro del Canal.
Es un hecho que el presente Canal tiene limitaciones en cuanto al número de barcos que pueden transitarlo diariamente y también sobre su tamaño. Por tanto, la construcción de un tercer juego de esclusas permitiría el tránsito de barcos que no caben por las actuales, los denominados "post-Panamax". Por ello, en principio, nadie se opone a que la capacidad del Canal pudiera ser ampliada. Pero antes, es necesario aclarar: ¿cómo se abastecería de más agua? ¿cuál sería el costo? y ¿cómo se financiaría?
El Canal dispone de suficiente agua para sus actuales operaciones, pero para incrementar el número de tránsitos y aceptar naves más grandes tendría que aumentar sus recursos hídricos. Para ello habría que ampliar la actual cuenca hidrográfica, con los consecuentes desplazamientos de moradores de las áreas que se inundarían, y con efectos ambientales que todavía no están suficientemente informados, debatidos y aclarados.
Los costos que demandaría la ampliación del Canal, aún tomando como base los estimados más conservadores, serán enormes y su monto podría equivaler o superar el total del producto interno bruto. Sin entrar a una discusión sobre la cifra exacta, que sería irrelevante en este momento, una pregunta básica todavía espera respuesta: ¿Cómo se financiaría?
Los ingresos del Canal se utilizan, casi en su totalidad, para cubrir sus gastos de funcionamiento, las inversiones para su mantenimiento y el aporte que, por disposición constitucional, debe hacer al Estado. La suma a invertir en la ampliación es tan grande que no podría ser financiada de los actuales ingresos sin afectar directamente alguno de los tres rubros indicados. Desde luego, hay que presumir que si el Canal se amplía, sus ingresos también aumentarán. Pero, ese aumento ¿Será suficiente para enfrentar los compromisos financieros que tendría que asumir el país? Eso, solamente lo sabremos cuando se conozcan los detalles, en blanco y negro, y se presente y explique el Plan de Financiamiento.
Insisto, para terminar con el tema, por ahora, que, en principio, creo que nadie se opone a la idea de la ampliación del Canal, y también en que estoy convencido que todos actuamos animados de la mejor intención y buena fe cuando opinamos o proponemos sobre su futuro pero, igualmente, creo que para que este tema tan trascendental para nuestro futuro sea debidamente conocido y decidido no deben escatimarse los esfuerzos para ilustrar, adecuada y prolijamente, a la comunidad nacional sobre todos los aspectos envueltos, y muy especialmente en cuanto a los dos que he mencionado, en los que creo convergen las principales preocupaciones de la mayoría de nuestros compatriotas.