Las coberturas informativas
Hace algunas semanas, Juan Carlos Tapia censuró en su programa el estilo noticioso de los medios que, en sus espacios estelares, anuncian hasta la saciedad una información, la cual deja de ser noticia cuando la exponen. Sumado a ello, tenemos que las entrevistas que se hacen a familiares de personas que han sufrido alguna tragedia, caen en el abuso y la desconsideración, sometiendo a interrogatorios imprudentes y exhibiendo la desgracia de su situación a quienes sólo sirven para que el medio despierte con sus agentes, el morbo del que se alimentan los noticieros.
Hemos escuchado las preguntas más insólitas a los reporteros, como por ejemplo, una de ellas preguntó a un señor cuyo hijo fue asesinado: “¿Cómo se siente ahora que murió su hijo?”. Durante el paro que sostuvieron los transportistas, un reportero le preguntó a un usuario del servicio, si el paro lo afectaba. En realidad se requiere de una mejor capacitación a los entrevistadores, distinta del certificado o título que ostentan. Urge, por ejemplo, que tomen un curso de geografía patria, para no escucharlos hablar del distrito de Herrera o de la provincia de David. La identificación de personajes, la pronunciación de sus nombres, nos indica que no leen, no saben nada sobre los acentos gramaticales, y no hacen esfuerzo alguno por superarse.
Llama mucho la atención sobre la insistencia en hechos y situaciones que son muy engorrosas, molestas e incómodas para personas y grupos familiares, a los que exhiben sin el menor respeto a su privacidad. Recordemos, por ejemplo, el reciente caso de la desaparecida niña Mónica Serrano, que fue aprovechado por cuanto reportero y espacio informativo hay, para invadir por varios días la residencia de su familia, para preguntarles sobre hechos para ellos desconocidos, insistiendo en los mismos, obligando a una atención que por respeto, cultura y educación, les ofrecieron. Al final, el circo bajó el telón, pero hubo medios que se resistieron a abandonar el escenario y desde el exterior, continuaron interrogando a una menor que siendo panameña, sufre una situación para ella innecesaria, aberrante y cuyo soporte es la publicidad, aún cuando tratándose de menores deben ser prudentes, comedidos y cuidadosos.
Si nos adentramos en el espacio informativo, especialmente en el televisivo, tenemos media hora de anuncios comerciales, algo más de diez minutos anunciando la información que sigue en forma repetitiva, y de vez en cuando insertan una información que todos los medios han divulgado, pero que se proyecta como “exclusiva”.
El presentador la anuncia reiteradamente, el reportero es el que la divulga en apariencia, pero es el entrevistado quien se refiere al tema, muchas veces para decir que no vio, no sabe, o que no estaba en el lugar de los hechos. Así se cubre en nuestros medios la información y, lamentablemente, hay publicitarias que invierten los dineros de sus clientes en semejantes disparates.