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Las coincidencias de los Bush


El seguimiento cotidiano de las informaciones periodísticas nos sume en un escenario apocalíptico: el calentamiento global y el cambio climático, sin olvidar el deshielo del planeta y la inminente reducción de nuestro espacio vital; la constante alza del precio del petróleo, causado por el mayor consumo energético en oriente y el inminente techo de producción del crudo; el auge de la violencia en todas su formas y la incapacidad de los Estados para enfrentarla; la escasez alimentaria y mil cosas más.

Entre todas las malas noticias, la crisis económica actual de Estados Unidos mantiene gran parte de la atención en todos los medios de comunicación colectiva, dado que cualquier revés en ese país deviene determinante para el resto del planeta, sobre todo para los países más pequeños de Latinoamérica.

Al observar la situación de esa superpotencia, resulta inevitable comparar a los presidentes George H. W. Bush, quien ocupara la primera magistratura de 1.989 a 1.993, y George W. Bush, quien preside ese país desde 2.001. No se trata solamente del padre y el hijo, ni de personas que llevan el mismo nombre, sino de períodos de gobierno con objetivos, decisiones y consecuencias económicas similares.

El gobierno de Bush padre negoció el Tratado de Libre Comercio de América (TLC) del Norte, y el gobierno de Bush hijo el TLC con Centroamérica y República Dominicana.

Bush padre dispuso la Primera Guerra del Golfo Pérsico, que tuvo como consecuencia el empeoramiento del déficit fiscal; mientras Bush hijo inició la Segunda Guerra del Golfo Pérsico y generó con ello un histórico déficit fiscal. En el gobierno del padre sobrevino la crisis inmobiliaria de 1.989, en tanto en el gobierno del hijo se da la actual crisis inmobiliaria.

Seguidores de la Escuela de Chicago de Milton Friedman, los dos presidentes orientaron su gestión a una liberación total de la economía, pero después la intervinieron desesperadamente para recuperarla de la recesión; esto es, finalmente aplicaron la teoría económica opuesta, la del economista de Cambridge John Maynard Keynes, según la cual el bien óptimo de la sociedad no se alcanza por medio del libre mercado y, antes por el contrario, el Estado debe regular la economía.

La analogía nos lleva a concluir que las líneas maestras de los gobiernos de los Bush han sido: (1) propiciar relaciones comerciales nacionales e internacionales sin regulación del mercado, y (2) la guerra como forma de aceleración de su economía. No cabe duda, pues está probado con los hechos, que tales formas no solo produjeron la ruina de Estados Unidos, sino además, la lamentable afectación de la paz del mundo y de la vida de miles de seres humanos.

De estas experiencias debemos aprender a repudiar la guerra tanto como la liberación irrestricta del mercado. No creo en las economías de "planificación central", como las denomina el ex-presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos Alan Greenspan, para referirse a los sistemas que cayeron por arrastre con "el muro de Berlín"; pero está claro que un libre mercado sin regulaciones, termina empobreciendo al pueblo y quebrando cualquier economía. El punto de equilibrio pareciera ser un comercio libre bajo regulaciones sin llegar a ser totalitario.

101 años de Panamá América

 
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