Las crisis que se avecinan
L a crisis externa toca a nuestras puertas y debemos despertar de nuestra abúlica pretensión de resolver las cosas que nos preocupan dejándolas para después, siempre después.
La crisis financiera de Estados Unidos es una verdad incontrovertible, determinada por la falta de competitividad de su economía, el agotamiento de la capacidad de consumo de su población endeudada, y la imposibilidad de dinamizar a su economía mediante el aumento de los pedidos de guerra originados por una hipotética continuación de la guerra sin fin.
Lo peor de todo es que cuando la economía norteamericana empiece a oscilar hacia el colapso, todos los tenedores de dólares correrán a venderlos y la caída se precipitará por el pánico.
La crisis será global, pero afectará más a las sociedades que no estén organizadas para la defensa de su economía. Aquellas en las cuales se ha reducido el papel regulador del Estado serán más vulnerables. En pocas palabras, las sociedades más estructuradas se protegerán mejor. Aquellas que no lo son “se las llevará candanga”.
Algunos países optan por la canasta de divisas como colchón protector y esto no sería nuevo para Panamá. En las postrimerías del siglo XIX, en nuestro país circulaban el peso colombiano, con el cual el Estado pagaba a sus funcionarios; el dólar norteamericano, impuesto por el tránsito del ferrocarril; y el franco, traído por los constructores del Canal Francés.
Hoy bien podría repetirse aquella experiencia haciendo que la principal ventana del comercio exterior que tenemos, que es el Canal, cobre sus servicios en la moneda de los principales usuarios: europeos en euros; chinos en yuanes; y japoneses en yenes. Esos mismos servirían para pagar nuestro consumo en el exterior.
Por mi parte, como jubilado, aspiraría a que la Caja de Seguro Social coloque parte de sus reservas en una canasta de monedas que de respaldo sus jubilaciones en balboas con esa canasta variada y no contra dólares alicaídos.
Con tal medida, tomada en el ámbito de los dos presupuestos más grandes que tiene la economía panameña, el Canal y el Seguro Social, nos protegeríamos en algo de la crisis inminente.
Todo es cuestión de estructurar la sociedad. No seamos miopes ni hablamos de fortalecer un gobierno determinado, sino del Estado. Para ello debemos superar ese regusto antiestatista que nos ha dejado el neoliberalismo. Próximamente usaremos este argumento para referirnos a la cuestión de salud.