"Las declaraciones de Miraflores"
El Sr. Presidente Martín Torrijos hizo, en las Esclusas de Miraflores, una declaración sobre la corrupción administrativa muy contundente y, sobre todo, comprometedora. No habrá, dijo: "borrón y cuenta nueva".
Esas expresiones del mandatario, bien recibidas por la comunidad y que son reiterativas de su discurso inaugural, constituyen un compromiso de su parte con el clamor ciudadano de atacar sin cuartel a la corrupción imperante. El Sr. Presidente anunció también el escogimiento del "Zar Anticorrupción", nombramiento que la comunidad venía esperando ansiosamente. Es conveniente que se aclare, pues existen dudas y confusiones respecto al alcance de las funciones del Lic. Cristóbal Arboleda.
Las manifestaciones comprometedoras del presidente Torrijos deben hacerla realidad los funcionarios a quienes competa para poner fin así a la impresión existente hoy día de que en los casos denunciados de corrupción del pasado gobierno se estaba actuando con inexplicable cautela y lentitud. Esto, sin duda, estaba afectando la credibilidad y buenas intenciones del nuevo gobierno.
Nuestra vecina Costa Rica nos dio la semana pasada ejemplos muy claros de cómo tratar sin dilaciones las acusaciones contra altos funcionarios sindicados de actos de corrupción. En sólo 20 días, el ex presidente Miguel Angel Rodríguez fue nombrado por unanimidad Secretario General de la OEA y muy prontamente obligado a renunciar a su alto cargo por presiones de la opinión pública del hermano país.
El presidente Abel Pacheco, quien afanosamente buscó y consiguió los votos para Rodríguez entre los países americanos, fue de los primeros en pedirle la dimisión de su puesto y la devolución del dinero invertido por el gobierno para promover su candidatura para secretario de la OEA. Las fiscalías ticas, por su parte, con gran prontitud giraron instrucciones precisas a la INTERPOL para que localizara al ex mandatario de su país, de tal manera que si no regresaba por voluntad propia para defenderse de los cargos que se le hacían, que lo condujeran por la fuerza. El Lic. Rodríguez regresó voluntariamente días atrás y fue conducido esposado a la cárcel.
En Panamá, a diferencia hasta ahora, las cosas han marchado con lentitud y a "paso de tortuga". Muchas denuncias y nada más. Las autoridades judiciales continúan en un letargo interminable. La dilación con que se actúa da oportunidad a que el morbo se acreciente y a que los inocentes -que los hay sin la menor duda- estén envueltos juntos, en acusaciones, con los culpables y responsables de los delitos que se les imputan contra el Estado. Los delincuentes, que no son pocos, se pasean con desfachatez por nuestra ciudad haciendo alarde de su fortuna mal habida dando la impresión de sentirse impunes y por encima de la ley.
EL gobierno del presidente Torrijos podrá ahora, sin presiones -si sus declaraciones se convierten en realidad- presentar sus proyectos sobre las Reformas Tributarias, la ampliación del Canal y la CSS. Son medidas duras y difíciles de ejecutarse; no obstante, ellas deberán ir acompañadas, para tener el respaldo ciudadano, de medidas correctivas a prácticas del pasado que han sido muy criticadas. Debe ser una realidad la ley general de salario para el sector público que pongan fin a la desigualdad existente, y que igualmente se regule la Carrera Administrativa, que se le dé, con ella, al empleado público la estabilidad que con justicia viene buscando afanosamente. Una nueva ley que regule los ingresos de los cónsules no debe posponerse. Hay que evitar que éstos (copartidarios, amigos políticos y hasta familiares), la inmensa mayoría de ellos, regresen a nuestra patria convertidos en un quinquenio en multimillonarios y que tengan ingresos en algunos casos iguales o mayores que los recibidos por el propio Estado. Es imprescindible dar muestras a la opinión pública de que el "sacrificio es compartido" y los ejemplos siempre se dan de arriba hacia abajo y no al revés.
Los cambios son difíciles, de eso no hay la menor duda. Se está afectando con ellos intereses que han formado parte de nuestra tradición política.
Es ahora, en estos "cien días", cuando se pueden hacer las cosas y, sobre todo, las más difíciles.
Esas expresiones del mandatario, bien recibidas por la comunidad y que son reiterativas de su discurso inaugural, constituyen un compromiso de su parte con el clamor ciudadano de atacar sin cuartel a la corrupción imperante. El Sr. Presidente anunció también el escogimiento del "Zar Anticorrupción", nombramiento que la comunidad venía esperando ansiosamente. Es conveniente que se aclare, pues existen dudas y confusiones respecto al alcance de las funciones del Lic. Cristóbal Arboleda.
Las manifestaciones comprometedoras del presidente Torrijos deben hacerla realidad los funcionarios a quienes competa para poner fin así a la impresión existente hoy día de que en los casos denunciados de corrupción del pasado gobierno se estaba actuando con inexplicable cautela y lentitud. Esto, sin duda, estaba afectando la credibilidad y buenas intenciones del nuevo gobierno.
Nuestra vecina Costa Rica nos dio la semana pasada ejemplos muy claros de cómo tratar sin dilaciones las acusaciones contra altos funcionarios sindicados de actos de corrupción. En sólo 20 días, el ex presidente Miguel Angel Rodríguez fue nombrado por unanimidad Secretario General de la OEA y muy prontamente obligado a renunciar a su alto cargo por presiones de la opinión pública del hermano país.
El presidente Abel Pacheco, quien afanosamente buscó y consiguió los votos para Rodríguez entre los países americanos, fue de los primeros en pedirle la dimisión de su puesto y la devolución del dinero invertido por el gobierno para promover su candidatura para secretario de la OEA. Las fiscalías ticas, por su parte, con gran prontitud giraron instrucciones precisas a la INTERPOL para que localizara al ex mandatario de su país, de tal manera que si no regresaba por voluntad propia para defenderse de los cargos que se le hacían, que lo condujeran por la fuerza. El Lic. Rodríguez regresó voluntariamente días atrás y fue conducido esposado a la cárcel.
En Panamá, a diferencia hasta ahora, las cosas han marchado con lentitud y a "paso de tortuga". Muchas denuncias y nada más. Las autoridades judiciales continúan en un letargo interminable. La dilación con que se actúa da oportunidad a que el morbo se acreciente y a que los inocentes -que los hay sin la menor duda- estén envueltos juntos, en acusaciones, con los culpables y responsables de los delitos que se les imputan contra el Estado. Los delincuentes, que no son pocos, se pasean con desfachatez por nuestra ciudad haciendo alarde de su fortuna mal habida dando la impresión de sentirse impunes y por encima de la ley.
EL gobierno del presidente Torrijos podrá ahora, sin presiones -si sus declaraciones se convierten en realidad- presentar sus proyectos sobre las Reformas Tributarias, la ampliación del Canal y la CSS. Son medidas duras y difíciles de ejecutarse; no obstante, ellas deberán ir acompañadas, para tener el respaldo ciudadano, de medidas correctivas a prácticas del pasado que han sido muy criticadas. Debe ser una realidad la ley general de salario para el sector público que pongan fin a la desigualdad existente, y que igualmente se regule la Carrera Administrativa, que se le dé, con ella, al empleado público la estabilidad que con justicia viene buscando afanosamente. Una nueva ley que regule los ingresos de los cónsules no debe posponerse. Hay que evitar que éstos (copartidarios, amigos políticos y hasta familiares), la inmensa mayoría de ellos, regresen a nuestra patria convertidos en un quinquenio en multimillonarios y que tengan ingresos en algunos casos iguales o mayores que los recibidos por el propio Estado. Es imprescindible dar muestras a la opinión pública de que el "sacrificio es compartido" y los ejemplos siempre se dan de arriba hacia abajo y no al revés.
Los cambios son difíciles, de eso no hay la menor duda. Se está afectando con ellos intereses que han formado parte de nuestra tradición política.
Es ahora, en estos "cien días", cuando se pueden hacer las cosas y, sobre todo, las más difíciles.