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Las declaraciones del empresario Ricardo Martinelli


Durante el reciente acto de inauguración del nuevo supermercado de la cadena 99, que presidió la presidenta de la República, doña Mireya Moscoso, y que contó además con la asistencia de las altas autoridades del Estado y de representantes de nuestro mundo social y económico, Ricardo Martinelli, poniéndose el sombrero de empresario, con certeras frases que, ojalá resonaran permanentemente en los oídos adecuados, proclamó su credo empresarial.
En ninguna parte del planeta la actividad empresarial está exenta de riesgos y los que existen en Panamá están muy lejos de ser mayor o peores que los que se confrontan, por ejemplo, en nuestro entorno regional. Sin embargo, a diario vemos cómo muchos medios nacionales de comunicación pintan en sus encabezados y noticias un panorama completamente pesimista o recogen los pronósticos agoreros que propalan, desgraciadamente con demasiada frecuencia, algunos de nuestros más visibles empresarios y también los representantes de la denominada sociedad civil. Según esas fuentes, tal pareciera que nuestro país fuera, cosa que no es, una cueva de piratería y de corrupción donde nadie puede o debe invertir.
El mensaje de Ricardo Martinelli a sus colegas empresarios, y al país, con su renovación de fe en el futuro de Panamá, no podría ser más oportuno. Si se tratara sólo de un alto funcionario del Estado, con toda seguridad le habrían llovido los comentarios descalificándolo por venir de un político que forma parte del actual gobierno. Su mensaje no sólo es imperante por su contenido sino porque, además, está respaldado por una nueva inversión por un monto de 12 millones de balboas. La prédica en este caso, para que no queden dudas, como debe ser, está acompañada del ejemplo.
Pero, además, el mensaje de Ricardo Martinelli no se concretó únicamente en renovar su fe personal como empresario en el futuro de Panamá, de la que ha dado sobradas muestras. También hubo en sus palabras una apelación a sus colegas para que superen actitudes pesimistas, se atrevan a arriesgar y aprovechen las oportunidades existentes que no son pocas. Como les recordó, si las oportunidades existen y no son aprovechadas por los inversionistas nacionales, con toda seguridad vendrán de fuera quienes las capitalicen.
El esfuerzo para alcanzar el desarrollo debe ser compartido entre el sector público y el sector privado, pero la parte principal le corresponde a éste último, lo que no constituye en modo alguno un sacrificio, pues la inversión privada no está motivada por el altruismo sino por el ánimo de lucro. La obtención de ganancias por encima de los niveles seguros de intereses que producen los depósitos bancarios tiene que conllevar riesgos y los empresarios deben estar preparados para correrlos. Algunos, como el ministro y empresario Ricardo Martinelli están dispuestos a asumirlos. Otros, por el contrario, nunca dejarán de demandar nuevas seguridades y ventajas que no encontrarán en ninguna otra parte. Ojalá que fueran muchos los que meditaran sus palabras y se contagiaran de su ejemplo.

101 años de Panamá América

 
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