Las elecciones del 3 de mayo
Terminó el tiempo de las propuestas y la publicidad, y por fin arribamos al de la decisión que determinará el rumbo del próximo quinquenio panameño. Las presentes han sido unas jornadas electorales largas, costosas y disputadas. Pero no por intensas, de las mejores.
Remitidas a las llamadas campañas negativas en los planos principales, se han caracterizado por una polarización alejada de la concordia y del entendimiento, y más cercana a la imposición que al razonamiento. Y no se trata de la esencia de estos eventos. A lo largo y ancho de América Latina ese parece ser el signo, como si una antesala de intolerancia estuviera en gestación. No debiera ser esa, sin embargo, la norma, sobre todo por el vecindario que la conforma, por el espacio permanente que se comparte.
En el futuro inmediato, las sociedades latinoamericanas van a requerir de una gran madurez para sobreponer los consensos a las imposiciones, los intereses estratégicos a las visualizaciones inmediatas.
Las elecciones deberían ser expresión de esa divisa, pero por el desarrollo de su campaña electoral, las panameñas parecen alejarse de esa perspectiva.
El 3 de mayo, gane quien gane, la herencia inmediata del país será una herida profunda con remos en extremos polarizados, que la nueva administración deberá tratar de superar.
El proyecto de nación debe continuar, incluyendo en él a todos los sectores que intervienen en la vida nacional.