Las elecciones en Estados Unidos (3)
Para la sorpresa de nadie, la Secretaria de Estado de la Florida certificó, el pasado domingo, los resultados de las elecciones presidenciales el 7 de noviembre y declaró ganador por 537 votos al candidato republicano, George Bush y, en consecuencia, le adjudicó los 25 votos electorales que, sumados a los que ya tiene, le darían un total de 271 votos electorales, o sea, la mayoría del Colegio Electoral que lo convertirían en el Presidente Electo de los Estados Unidos. Para que se tenga una mejor idea de lo que esta proclamación representa, basta señalar que si este resultado se mantiene, los votos obtenidos por cada candidato serían los siguientes:
Total de votos populares o directos a nivel nacional: Al Gore, 50,156,783; George Bush, 49,819,783. Diferencia a favor de Al Gore 337,183
Total de votos populares o directos a nivel del estado de Florida: George Bush, 2,912,790; Al Gore, 2,912,253. Diferencia a favor de George Bush 537, con los cuales se adjudica los 25 votos electorales del estado.
Total de votos electorales: George Bush, 271; Al Gore, 267. El mínimo requerido es de 270 y por tanto, el gobernador Bush ganaría la presidencia por la margen de un voto electoral.
Para nuestra mentalidad y el sistema imperante en la mayoría de nuestros países, en los que cada ciudadano tiene derecho a un voto y cada voto tiene igual valor, es poco comprensible que este principio pueda ser anulado por una diferencia de apenas 537 votos, obtenida en un solo estado. Sin embargo, si el resultado de la Florida se mantiene, eso es lo que ocurrirá y el próximo 20 de enero el gobernador Bush será inaugurado como el nuevo presidente de la nación más poderosa de la tierra.
El mismo día domingo, tuve la oportunidad de ver, a través de los medios de comunicación locales, en sucesión cronológica, tres apariciones públicas que resumen el panorama político presente de los Estados Unidos y lo que cabe esperar de ahora en adelante: 1) El candidato a la vicepresidencia por el partido Demócrata, el senador Joseph Lieberman anunció, en nombre del vicepresidente Gore y adelantándose al anuncio de la Secretaria de Estado de la Florida, que ellos demandarán el resultado de las elecciones en ese estado. 2) La Secretaria de Estado de la Florida anunció y certificó el resultado de las elecciones y 3) El gobernador Bush compareció ante la nación norteamericana para pedirle al vicepresidente Gore que desista de demandar el resultado de las elecciones y al presidente Clinton que proceda a iniciar el proceso de transición.
El discurso del gobernador Bush, aunque matizado de un tono contemporizador, tuvo como fondo plantear dos serios retos que no podrán quedar sin respuesta. El primero, sobre la petición que le hizo al vicepresidente Gore para que desista de demandar el resultado de las elecciones, presumiblemente la dará el propio vicepresidente Gore y, según pronostican los analistas, ratificará el anuncio de su compañero de fórmula de continuar por la vía legal su batalla para lograr el recuento manual de los votos de los tres o cuatro condados que podrían cambiar el resultado de las elecciones en la Florida; el segundo, sobre la iniciación del proceso de transición, le corresponderá al presidente Clinton y todavía no se sabe cuándo se producirá.
Es también presumible, según varios expertos, que el presidente Clinton no acceda a la petición del gobernador Bush, ya que, como es obvio, acceder a la iniciación del proceso de transición significaría reconocer que éste ganó las elecciones. El presidente Clinton puede tomar dos caminos: demorar su respuesta hasta que los tribunales decidan, que es lo más probable o, como sugería un analista más truculento, iniciar un proceso de transición paralelo con ambos candidatos, pero esto parece que no podría ocurrir.
Si como todo el país espera, el vicepresidente Gore ratifica su intención de demandar el resultado de las elecciones, para lo cual tiene hasta el 12 de diciembre próximo, que es la fecha en que debe reunirse el Colegio Electoral, entonces la definición final de las elecciones norteamericanas deberá esperar por un tiempo que ahora resulta impredecible y su resultado también puede ser así.
Como señalaba al terminar un artículo precedente con este mismo título, al presenciar los desarrollos posteriores a las elecciones del pasado 7 de noviembre, se sigue comprobando que las afirmaciones muchas veces repetidas que ponderaban al sistema electoral estadounidense como el paradigma democrático, debe, por lo menos, ser objeto de análisis y de reconsideración.
Total de votos populares o directos a nivel nacional: Al Gore, 50,156,783; George Bush, 49,819,783. Diferencia a favor de Al Gore 337,183
Total de votos populares o directos a nivel del estado de Florida: George Bush, 2,912,790; Al Gore, 2,912,253. Diferencia a favor de George Bush 537, con los cuales se adjudica los 25 votos electorales del estado.
Total de votos electorales: George Bush, 271; Al Gore, 267. El mínimo requerido es de 270 y por tanto, el gobernador Bush ganaría la presidencia por la margen de un voto electoral.
Para nuestra mentalidad y el sistema imperante en la mayoría de nuestros países, en los que cada ciudadano tiene derecho a un voto y cada voto tiene igual valor, es poco comprensible que este principio pueda ser anulado por una diferencia de apenas 537 votos, obtenida en un solo estado. Sin embargo, si el resultado de la Florida se mantiene, eso es lo que ocurrirá y el próximo 20 de enero el gobernador Bush será inaugurado como el nuevo presidente de la nación más poderosa de la tierra.
El mismo día domingo, tuve la oportunidad de ver, a través de los medios de comunicación locales, en sucesión cronológica, tres apariciones públicas que resumen el panorama político presente de los Estados Unidos y lo que cabe esperar de ahora en adelante: 1) El candidato a la vicepresidencia por el partido Demócrata, el senador Joseph Lieberman anunció, en nombre del vicepresidente Gore y adelantándose al anuncio de la Secretaria de Estado de la Florida, que ellos demandarán el resultado de las elecciones en ese estado. 2) La Secretaria de Estado de la Florida anunció y certificó el resultado de las elecciones y 3) El gobernador Bush compareció ante la nación norteamericana para pedirle al vicepresidente Gore que desista de demandar el resultado de las elecciones y al presidente Clinton que proceda a iniciar el proceso de transición.
El discurso del gobernador Bush, aunque matizado de un tono contemporizador, tuvo como fondo plantear dos serios retos que no podrán quedar sin respuesta. El primero, sobre la petición que le hizo al vicepresidente Gore para que desista de demandar el resultado de las elecciones, presumiblemente la dará el propio vicepresidente Gore y, según pronostican los analistas, ratificará el anuncio de su compañero de fórmula de continuar por la vía legal su batalla para lograr el recuento manual de los votos de los tres o cuatro condados que podrían cambiar el resultado de las elecciones en la Florida; el segundo, sobre la iniciación del proceso de transición, le corresponderá al presidente Clinton y todavía no se sabe cuándo se producirá.
Es también presumible, según varios expertos, que el presidente Clinton no acceda a la petición del gobernador Bush, ya que, como es obvio, acceder a la iniciación del proceso de transición significaría reconocer que éste ganó las elecciones. El presidente Clinton puede tomar dos caminos: demorar su respuesta hasta que los tribunales decidan, que es lo más probable o, como sugería un analista más truculento, iniciar un proceso de transición paralelo con ambos candidatos, pero esto parece que no podría ocurrir.
Si como todo el país espera, el vicepresidente Gore ratifica su intención de demandar el resultado de las elecciones, para lo cual tiene hasta el 12 de diciembre próximo, que es la fecha en que debe reunirse el Colegio Electoral, entonces la definición final de las elecciones norteamericanas deberá esperar por un tiempo que ahora resulta impredecible y su resultado también puede ser así.
Como señalaba al terminar un artículo precedente con este mismo título, al presenciar los desarrollos posteriores a las elecciones del pasado 7 de noviembre, se sigue comprobando que las afirmaciones muchas veces repetidas que ponderaban al sistema electoral estadounidense como el paradigma democrático, debe, por lo menos, ser objeto de análisis y de reconsideración.