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Las elecciones estadounidenses


Las últimas elecciones de los Estados Unidos de América tuvieron una particularidad que, podría decirse, ha sido muy especial. De lo que recuerdo, sólo en 1960, en las elecciones entre John Kennedy y Nixon, se comentó sobre un posible fraude de parte de los demócratas en Chicago y, tengo entendido que Nixon prefirió no hacer reclamos en bien de la democracia.
Sin embargo, esta vez ha sido diferente y la polarización que existe en los candidatos se ha trasladado a todos los norteamericanos y aún a nosotros, que seguimos de cerca el desarrollo de los resultados de las elecciones.
Los partidarios de Gore consideran que Bush ha cometido fraude en Florida; los partidarios de Bush no conciben que, por demandas y más demandas, el conteo no haya sido lo transparente que debiera ser.
En un país que cuenta con millones de habitantes, es increíble que, hasta ahora, el triunfo sea sólo por 537 votos. Esta situación ha traído la diferencia de criterios entre ambos candidatos y sus seguidores.
Todo esto es tolerable; lo que no concibo es la facilidad con que han destrozado el sistema electoral norteamericano; sin embargo, se ha probado que, tal vez, el sistema utilizado durante 200 años, se ha debilitado o, es posible que haya quedado obsoleto porque el mundo evoluciona, la actitud y la mentalidad de la gente cambió y el comportamiento de los votantes no es igual, como tampoco lo es lo que piensan de los candidatos y de la forma de votar.
Las nuevas generaciones podrán respetar las leyes y la Constitución antigua, pero estoy segura que, en el fondo, desean transformarlas por la manera de ver las cosas a través de la era de la tecnología moderna.
Por otro lado, es una campanada que se le da a los políticos porque, gane quien gane, lo hará con una flojedad política, con un Senado y un Congreso tan dividido que reflejará el resquebrajamiento de una clase que maneja los gobiernos y, por lo tanto, el destino de los países: éstos son los políticos.
Estados Unidos es el líder mundial más importante y no puede darse el lujo de fallar, sobre todo en la elección de su Presidente.
Si bien es cierto que la institucionalidad y el movimiento gubernamental no se afecta y el país continúa funcionando, la economía se estanca, las inversiones, la bolsa y todo lo concerniente a lo económico, se detiene y no se ve muy claro el futuro inmediato.
Me preocupa que una nación con gente respetuosa de su país y su modus vivendis, ahora se presente dividido por un acto político.
Escuchaba el otro día un comentario sobre si los negros, los latinos, las mujeres, los judíos y otras minorías (que las mujeres no lo son), votaban por uno u otro. Quiere decir que una mentalidad que es evolucionada, ahora está polarizada en grupos apoyando a los candidatos sin tomar en cuenta el valor intrínseco de cada uno y que debemos votar en forma particular y no por grupos étnicos o profesionales.
Así empieza a dividirse una sociedad y no sé si es coincidencia con el momento político o ya venía de antes, se agrieta la fortaleza de ese coloso del cual dependemos más países de lo que se imaginan. Hoy es el hazmerreír de muchos y no sé con qué autoridad puedan enviarnos observadores a nuestras elecciones para certificar que actuamos con transparencia.
Pienso que lo que sucede en el coloso del norte perjudica la opinión que tenemos de la democracia y nos lleva a desilusionarnos de los que creíamos nuestros guías así como temer un derrumbe de ese sistema de gobierno que tratamos de imitar como base de nuestra vida institucional. ¿Qué será de nuestras democracias endebles e incipientes? Ojalá nos den mejores ejemplos para llegar a donde ellos están.

101 años de Panamá América

 
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