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Las elecciones, lo bueno del negocio



Factor clave en el ejercicio democrático, las elecciones se han convertido en pan nuestro de cada día. No terminamos una cuando ya comienzan a visualizarse nuevos aspirantes. En lugar de una pausa en la vida social, la vida social trata de robarle pausas a un proselitismo omnipresente, tanto de oposición como de gobierno.
Sin duda, las elecciones se han convertido en lo más importante de nuestras vidas.
Por estos días se estudian las posibles candidaturas presidenciales, pero con mucha anterioridad ya se ventilaban en conciliábulos que no han cesado desde mayo de 2004. Y en este instante se habla de los comicios de 2014 y 2019. "Agua vital", no porque todos o la gran mayoría de panameños respire, coma, o mire por esa lupa, sino porque de alguna manera el peso de la clase política arrastra al resto de la sociedad hacia ese mar sin fondo.
Y, ciertamente, no deja de llamar la atención el afán por asegurarse puestos de elección en un comportamiento cuyo énfasis podría dar excelentes resultados si se aplicara a otras esferas de la actividad social. Si así tratáramos la pobreza, seguramente que para trabajo social tendríamos que importar pobres.
Junto al interés, lo que más asombra son los costos. Quienes aspiran a diputados hablan, por ejemplo, de un cuarto a medio millón de dólares. Los menos afortunados aseguran que con cien mil dólares pueden correr, otros se ríen de esas cifras. Un representante puede fijar su éxito en 50 mil y 70 mil dólares.
Si de fórmulas económicas se habla, qué retorno espera un representante y un diputado. ¿Cuánto un presidente? De hecho la gestión que siga a la elección exigirá a los ganadores por los menos dos compromisos inevitables: recuperar lo invertido y tratar de satisfacer a sus electores, pero... ¿a cuál dará prioridad? Y ¿cómo coincidirán o serán contradictorios esos compromisos con la filosofía democrática?
Es posible que dado el auge que vive el país esa sea una agenda que no tenga por el momento mucha prioridad, pero cuando pase el idilio, ¿qué vendrá? Por ahora una cosa es segura: la política como negocio parece estar dando muy buenos resultados.

101 años de Panamá América

 
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