Las elecciones panameñistas
El Partido Panameñista ha iniciado un proceso de renovación de todas sus autoridades y estructuras a nivel nacional, el cual ya ha rendido sus primeros frutos positivos. En la actualidad, diferentes corrientes se agitan a lo interno del colectivo y realizan sus actividades proselitistas en busca de obtener el apoyo de las bases para sus respectivas aspiraciones. Producto de esa intensa actividad política, todas las semanas hay reuniones, actos e inscripciones panameñistas a lo largo y ancho del país.
De igual manera, considero positivo que hayan surgido ya aspiraciones de, por lo menos, cuatro figuras panameñistas que competirán por la Presidencia del colectivo. Somos todos políticos jóvenes que tenemos en común un discurso de aceptación de las nuevas reglas del juego y de comprensión de la necesidad de reinventar el Panameñismo, sin olvidar nuestras raíces y nuestra doctrina como Partido. Tal como lo señalara este Diario semanas atrás en un editorial, este proceso interno debe ser una coyuntura propicia para que todos los aspirantes a dirigir el principal partido de oposición en nuestro país demos a conocer nuestra posición con respecto a temas de trascendencia nacional.
En lo personal, considero que una vez formalizadas las postulaciones, hecho que debe ocurrir en julio del próximo año, sería interesante que se llevase a cabo un debate entre los distintos candidatos a la Presidencia del Partido para que las bases y los convencionales panameñistas puedan conocer la postura de cada cual con respecto a la organización interna del Panameñismo y la agenda nacional. Debe ser una oportunidad que se aproveche para un debate de altura, sereno y profundo sobre el futuro del panameñismo y el futuro de nuestro país. Tenemos que aprender de la reciente experiencia electoral, donde una mayoría abrumadora eligió a un Presidente de la República que se vendió a sí mismo como quien vende a una Coca Cola, con lemas superficiales y sin contenido programático. Todo ese "marketing" le sirvió para ganar la elección, pero no para gobernar el país.
En lo que a mi propuesta se refiere, he sido claro en todas las oportunidades que he tenido de plantearla. Considero que el próximo Presidente del Partido no debe ser candidato en las primarias para la escogencia del candidato presidencial del Partido. Tenemos que romper con esa costumbre que la Presidencia del Partido y la Presidencia de la República queden en manos de una misma persona. Cuando eso sucede, el Partido queda relegado a un segundo plano y ve seriamente afectada su capacidad de ejercer un control político sobre la gestión de Gobierno. Eso nos sucedió a nosotros y le está sucediendo hoy al PRD.
El próximo Presidente del Partido Panameñista debe dedicar el cien por ciento de su tiempo a trabajar en la reestructuración del colectivo. No se trata solamente de tener unos Estatutos donde, sobre el papel, se plasme un partido moderno y más democrático. Se trata de hacer funcionar en la práctica lo que hoy está sobre el papel. Para hacerlo, requiere tener la capacidad de dialogar con los distintos sectores que integran el Partido. Debe convertirse en un árbitro, no en juez y parte.
Además, el próximo Presidente del Partido Panameñista debe estar dispuesto a dar la cara por el Partido. Debe ser alguien dispuesto a ir al debate y hacer oposición ahora que somos un partido de oposición. No podría entender a un líder del principal partido de oposición del país pasando agachado frente a los grandes temas que se debaten en el escenario nacional. El Panameñismo requiere de dirigentes que hagan que las bases se sientan orgullosas de pertenecer a nuestro colectivo y de la tradición que éste representa.
Estos planteamientos, entre muchos otros, deben ser temas que los distintos candidatos a la Presidencia del Panameñismo debemos tener la oportunidad de debatir entre nosotros, para beneficio de nosotros mismos, de nuestras bases y del país en general.
De igual manera, considero positivo que hayan surgido ya aspiraciones de, por lo menos, cuatro figuras panameñistas que competirán por la Presidencia del colectivo. Somos todos políticos jóvenes que tenemos en común un discurso de aceptación de las nuevas reglas del juego y de comprensión de la necesidad de reinventar el Panameñismo, sin olvidar nuestras raíces y nuestra doctrina como Partido. Tal como lo señalara este Diario semanas atrás en un editorial, este proceso interno debe ser una coyuntura propicia para que todos los aspirantes a dirigir el principal partido de oposición en nuestro país demos a conocer nuestra posición con respecto a temas de trascendencia nacional.
En lo personal, considero que una vez formalizadas las postulaciones, hecho que debe ocurrir en julio del próximo año, sería interesante que se llevase a cabo un debate entre los distintos candidatos a la Presidencia del Partido para que las bases y los convencionales panameñistas puedan conocer la postura de cada cual con respecto a la organización interna del Panameñismo y la agenda nacional. Debe ser una oportunidad que se aproveche para un debate de altura, sereno y profundo sobre el futuro del panameñismo y el futuro de nuestro país. Tenemos que aprender de la reciente experiencia electoral, donde una mayoría abrumadora eligió a un Presidente de la República que se vendió a sí mismo como quien vende a una Coca Cola, con lemas superficiales y sin contenido programático. Todo ese "marketing" le sirvió para ganar la elección, pero no para gobernar el país.
En lo que a mi propuesta se refiere, he sido claro en todas las oportunidades que he tenido de plantearla. Considero que el próximo Presidente del Partido no debe ser candidato en las primarias para la escogencia del candidato presidencial del Partido. Tenemos que romper con esa costumbre que la Presidencia del Partido y la Presidencia de la República queden en manos de una misma persona. Cuando eso sucede, el Partido queda relegado a un segundo plano y ve seriamente afectada su capacidad de ejercer un control político sobre la gestión de Gobierno. Eso nos sucedió a nosotros y le está sucediendo hoy al PRD.
El próximo Presidente del Partido Panameñista debe dedicar el cien por ciento de su tiempo a trabajar en la reestructuración del colectivo. No se trata solamente de tener unos Estatutos donde, sobre el papel, se plasme un partido moderno y más democrático. Se trata de hacer funcionar en la práctica lo que hoy está sobre el papel. Para hacerlo, requiere tener la capacidad de dialogar con los distintos sectores que integran el Partido. Debe convertirse en un árbitro, no en juez y parte.
Además, el próximo Presidente del Partido Panameñista debe estar dispuesto a dar la cara por el Partido. Debe ser alguien dispuesto a ir al debate y hacer oposición ahora que somos un partido de oposición. No podría entender a un líder del principal partido de oposición del país pasando agachado frente a los grandes temas que se debaten en el escenario nacional. El Panameñismo requiere de dirigentes que hagan que las bases se sientan orgullosas de pertenecer a nuestro colectivo y de la tradición que éste representa.
Estos planteamientos, entre muchos otros, deben ser temas que los distintos candidatos a la Presidencia del Panameñismo debemos tener la oportunidad de debatir entre nosotros, para beneficio de nosotros mismos, de nuestras bases y del país en general.