Las encuestas de carne y hueso
Es un hábito de contendientes en campañas electorales, decir que sus encuestas son “de carne y hueso”, cuando las otras, que aparentemente, según ellos, son de quién sabe qué otro material, no les favorecen.
Es relevante señalar que todas las encuestas se realizan preguntando al homo sapiens que circula por las calles, o al mismo bípedo inteligente mediante el uso del teléfono, de modo que en ese caso, todas son de carne y hueso, así sea que usted entreviste a diez o a diez mil sujetos de la especie. No obstante, esto de carne y hueso siempre me parece una expresión muy poco feliz para referirse a la humanidad, aunque esta en su mayoría sea “sapiens ma non troppo”.
Por otra parte, la carne, o sea, los músculos y los huesos, no son los que responden, si no pregúntele usted a un esqueleto o a un cadáver por quién va a votar en las próximas elecciones, para ver qué le dice. Ya sé lo que el lector está pensando en este momento: que ha habido contiendas electorales en las que si bien los muertos no dijeron esta boca es mía, sí fueron buenos ciudadanos y acudieron a depositar su voto, y le concedo razón. Pero aunque quienes moran en el dormitorio final tengan sus preferencias electorales, no están, y parece obvio, en capacidad de decirlo.
Además, lo que se encuesta no es cuánta carne y cuanto hueso se tiene, sino qué piensa la persona de los candidatos y a quién beneficiará ante las urnas, y por lo tanto, las encuestas se responden pensando y hablando o escribiendo; son hechas en base a ideas transmitidas por la voz o el lápiz. Pero quienes siguen utilizando este tipo de adjetivos, pensarán, digo yo, que aquellas otras que se publican y que no los favorecen, las hacen los encuestadores consultando fantasmas o entes de luz, seres etéreos que solamente votarán en otro reino que no es de este mundo, quizá en el mundo de las Ideas de Platón.
Es posible que, como se acostumbra a decir en el lenguaje algo exótico de algunos reporteros, un número plural (o sea, desde 2 hasta el infinito) de los que den a las encuestadoras su dictamen sobre quién quieren que gobierne esta pequeña patria tendida, o más bien tumbada, sobre un istmo, no tengan demasiada carne como el caballo de Gonela que “tantum pellis et ossa fuit”, debido a que comen lo que se puede y cuando se puede, pero no dejan de ser vertebrados pensantes que representan una porción matemáticamente calculada de la población total.
El ansiado domingo vendrá y veremos entonces si los encuestados eran de materia tangible y no meros espíritus burlones.