Las encuestas y sus resultados
En muchas ocasiones se formulan quejas especialmente presentadas por los que no han sido favorecidos en determinadas encuestas, muchos de los cuales alegan que éstas se han efectuado amañadas o para favorecer a determinados candidatos, refiriéndome a los políticos con deseos de triunfar en las elecciones.
Quien no cree en las encuestas, sobre todo ahora que estamos en campaña política anda perdido.
Si nos trasladamos a otros países, especialmente a Costa Rica y Venezuela, tenemos que llegar a la conclusión que a pesar de lo que allá se habló de las encuestas lo que ellas determinaron fue el resultado a la hora de las elecciones. Triunfó quien se mantenía a la cabeza de las mismas. Muchos dudaban que en Venezuela, quien había protagonizado un movimiento para romper el orden constitucional fuese el preferido de los votantes, como a la postre resultó. Los pueblos están cansados de promesas que no se realizan y si el nuestro mira hacia atrás, no sólo lo que representó la dictadura es malo, sino también lo que sobrevino a partir de 1989, que no es de color de rosa.
La encuesta es un termómetro real que no se puede negar. Recuerdo en la década de los ochenta, para ser exacto en 1984, en la provincia de Chiriquí, un radioperiódico realizó una encuesta para las elecciones de legisladores del circuito 4-1, que corresponde a la ciudad de David. Para mí no tenía importancia, porque según la opinión pública, quien la encabezaba no tenía la fuerza por no haber sido postulado por un partido grande. En ese entonces los partidos fuertes eran el Partido Panameñista Auténtico y el Partido Revolucionario Democrático; sin embargo el candidato en mención resultó el más votado, tal como lo determinó la encuesta doméstica, si así se le puede llamar, del radioperiódico a que hago referencia.
Ahora se oye decir a candidatos y seguidores de algunos que sus encuestas son de carne y hueso. Que se atengan a la virgen y no corran como reza el refrán, para que vean lo que les sucederá el día 2 de mayo venidero.
Me permito sugerir algo a las firmas encuestadoras y es que los resultados que obtengan los publiquen a nivel de cada provincia. No es lo mismo hacer una encuesta en las ciudades de Panamá y San Miguelito, que hacerla en las ciudades de Colón, La Chorrera y David. Por muy conocedores de la materia, creo que la opinión de un lego en estos menesteres vale la pena tomarla en cuenta. Las elecciones se deciden en la provincia de Panamá, por su población y las encuestas que se realicen a nivel de esa provincia son determinantes en los resultados finales.
Es conveniente que los políticos abran el compás para que el pueblo les conozca y que se entere de sus conocimientos y planes a desarrollar. Que debatan sin exclusión entre todos los aspirantes a puestos de elección. Pretender que no se tome en cuenta a quienes marcan más bajo en las encuestas es imperdonable. Recuerdo que para las elecciones de 1994 se invitaba a todos a participar. Quienes no lo hicieron no fue porque sus encuestas marcaran puntos bajos, sino por ser mal aconsejados o en último caso por temor al enfrentamiento. Estoy seguro que quienes vayan a debates crecerán a nivel de los indecisos, porque sus seguidores ya están con ellos. Las encuestas lo demostrarán.
Quien no cree en las encuestas, sobre todo ahora que estamos en campaña política anda perdido.
Si nos trasladamos a otros países, especialmente a Costa Rica y Venezuela, tenemos que llegar a la conclusión que a pesar de lo que allá se habló de las encuestas lo que ellas determinaron fue el resultado a la hora de las elecciones. Triunfó quien se mantenía a la cabeza de las mismas. Muchos dudaban que en Venezuela, quien había protagonizado un movimiento para romper el orden constitucional fuese el preferido de los votantes, como a la postre resultó. Los pueblos están cansados de promesas que no se realizan y si el nuestro mira hacia atrás, no sólo lo que representó la dictadura es malo, sino también lo que sobrevino a partir de 1989, que no es de color de rosa.
La encuesta es un termómetro real que no se puede negar. Recuerdo en la década de los ochenta, para ser exacto en 1984, en la provincia de Chiriquí, un radioperiódico realizó una encuesta para las elecciones de legisladores del circuito 4-1, que corresponde a la ciudad de David. Para mí no tenía importancia, porque según la opinión pública, quien la encabezaba no tenía la fuerza por no haber sido postulado por un partido grande. En ese entonces los partidos fuertes eran el Partido Panameñista Auténtico y el Partido Revolucionario Democrático; sin embargo el candidato en mención resultó el más votado, tal como lo determinó la encuesta doméstica, si así se le puede llamar, del radioperiódico a que hago referencia.
Ahora se oye decir a candidatos y seguidores de algunos que sus encuestas son de carne y hueso. Que se atengan a la virgen y no corran como reza el refrán, para que vean lo que les sucederá el día 2 de mayo venidero.
Me permito sugerir algo a las firmas encuestadoras y es que los resultados que obtengan los publiquen a nivel de cada provincia. No es lo mismo hacer una encuesta en las ciudades de Panamá y San Miguelito, que hacerla en las ciudades de Colón, La Chorrera y David. Por muy conocedores de la materia, creo que la opinión de un lego en estos menesteres vale la pena tomarla en cuenta. Las elecciones se deciden en la provincia de Panamá, por su población y las encuestas que se realicen a nivel de esa provincia son determinantes en los resultados finales.
Es conveniente que los políticos abran el compás para que el pueblo les conozca y que se entere de sus conocimientos y planes a desarrollar. Que debatan sin exclusión entre todos los aspirantes a puestos de elección. Pretender que no se tome en cuenta a quienes marcan más bajo en las encuestas es imperdonable. Recuerdo que para las elecciones de 1994 se invitaba a todos a participar. Quienes no lo hicieron no fue porque sus encuestas marcaran puntos bajos, sino por ser mal aconsejados o en último caso por temor al enfrentamiento. Estoy seguro que quienes vayan a debates crecerán a nivel de los indecisos, porque sus seguidores ya están con ellos. Las encuestas lo demostrarán.