¿Las fechas históricas como días puente ?
En la Gaceta Oficial No. 23,331 del martes 15 de julio de 1997, la administración gubernamental anterior promulgó el Decreto Ley No. 8, mediante el cual quedaba modificado el artículo 46 del Decreto de Gabinete No. 252 de 30 de diciembre de 1971 del Código de Trabajo.
En el listado de efemérides trasladadas a otra fecha estaban incomprensiblemente incluidos el 10 y el 28 de noviembre si ambas caían en martes o miércoles para "conmemorarlos" el lunes anterior o si coincidían con días jueves o viernes, el descanso quedaba transferido al lunes siguiente.
Ahora que en la Asamblea Legislativa se debate la derogatoria de los llamados días puente, y sin prurito de entablar polémicas de ninguna naturaleza, deseo referirme al 10 y 28 de noviembre, respectivamente.
Una sola premisa me basta para iniciar este comentario fundamentalmente historiográfico: no existen fiestas patrias de primera y segunda clase, según parece desprenderse de una seria lectura del Decreto Ley de julio de 1997. En otras palabras, para un país pequeño y frágil como el nuestro, que aún anda en pos de su identidad, las fechas históricas nacionales se colocan en igual rango de dignidad e importancia.
Es más, ningún argumento de carácter económico o turístico está en condiciones de justificar el cambio. Los sucesos trascendentales para la vida y afianzamiento de nuestra nacionalidad ocurrieron el 10 y el 28 de noviembre, y no otro día. Y esas fechas han de ser evocadas por todos los panameños con civismo, con auténtica profundización de sendos mensajes libertarios, como gesta de nuestros próceres, como permanentes hitos de un pueblo que vislumbró su soberanía e independencia a lo largo del siglo XIX hasta el primer trienio del XX.
Contrario al afán de los estudiosos e historiadores, todo parece indicar que el flujo financiero y el oleaje turístico que generan los llamados "días puente" se colocan por encima y prevalecen sobre nuestras efemérides claves, sin las cuales la nacionalidad se nos volvería vacua e incomprensible.
Nunca supe que a un Presidente de Francia se le haya ocurrido la peregrina idea de trasladar el 14 de julio a otro día. Tampoco en los Estados Unidos la Declaración de Independencia de 1776 ha sido transferida al lunes anterior o siguiente con el objetivo de auspiciar el turismo de millones de norteamericanos.
En este cambio de siglo, cuando tanto insistimos en que estamos a punto de corroborar la independencia y consolidar nuestra integridad territorial, es imperioso rescatar el 10 y 28 de noviembre, pues sin ellos, el propio 3 de noviembre perdería su sentido. El sentimiento de comunidad se inició en los Cabildos de la Villa de Los Santos y en el de la Ciudad de Panamá cuando las Actas nos desligan de España y se estrena nuestra voluntaria anexión a Colombia, desde 1821 hasta 1903.
Las fechas históricas panameñas se hallan indisolublemente unidas. Pretender separarlas en función del rejuego de intereses meramente cuantitativos es un artificio que ignora la Historia y se coloca de espaldas a nuestro acontecer socio político que enrumbó al Istmo a horizontes de realización y personalidad indiscutibles.
A la luz de las anteriores consideraciones, no es "pueril" la discusión parlamentaria sobre los días puente que desfiguran las raíces de nuestra identidad nacional, como alegremente sostiene El Pulso de Panamá del diario El Panamá América del 21 de octubre.
En esencia, el asunto no radica en conceder simples y anodinos días de asueto, sino iniciar por todos los medios de comunicación y a través de todo el proceso educativo, un ejercicio de aprendizaje del significado y proyección del 10 y 28 de noviembre, de sus permanentes conceptos y planteamientos, de los motivos que impulsaron a sus gestores a aquellos pronunciamientos que contribuyeron poderosamente a configurar el rostro de la futura nación panameña. Los conceptos claves, helos aquí: reconocimiento de los derechos individuales, subordinación del poder militar al poder civil, acatamiento de la voluntad popular, conciencia de que el territorio istmeño es una realidad diferente del resto de Colombia.¿Están desfasadas estas ideas? Cada quien juzgue.
Pero la Historia sigue siendo maestra de la vida. Aminorar la importancia del 10 y del 28 de noviembre no es más que disminuir la actuación de los héroes y hacer caso omiso a nuestra condición de pueblo libre, soberano y dueño de su destino actual y futuro.