Las financieras y los jubilados
Caja los jubiladosLas finaniceras parecieran pulpos, pues operan con el visto bueno de los gobiernos. La Caja de Seguro Social le hace el juego a éstas, pues son los jubilados la presa más fácil y segura.
No hay ninguna ley que autorice a la Caja de Seguro Social a descontarle a los jubilados.
Los préstamos a los jubilados son atribución única y exclusiva de la Caja de Seguro Social y la Caja de Ahorros, a un interés humano del 6% sobre los saldos. Según mis cálculos, las financieras se llavan unos 40 millones en intereses al año. Esos millones que deja de ganar el Seguro Social le servirían de mucho para balancear su presupuesto.
Los retos son numerosos, pero señalo tres fundamentales: la descentralización institucional y el debate y puesta en vigor de una ley universitaria que renueve los órganos de gobierno. Un cuerpo jurídico que apunte hacia la excelencia académica, la transformación curricular y el fomento de la investigación. El fruto de tales tareas hará posible el logro paulatino de un tercer desafío: la existencia de un adecuado clima organizacional.
Las condiciones para ejercer la docencia y la investigación, así como las ganas de proyectarse comunitariamente, sólo florecen cuando la mayoría encuentra en la Universidad el remanso de paz que antecede a la creación. Una casa de estudios sumida en conflictos estériles sólo siembra incertidumbre, cansancio y apatía. Cuando en una institución se escucha a amplios sectores aseverar que la organización complica innecesariamente sus vidas, ello resume una inquietud que debe hacernos reflexionar y emprender el sendero de las rectificaciones.
La gran mesa del diálogo para transformar la Universidad no es una utopía. Los principales actores nacionales deben estar allí presentes, sin temores al fruto del debate y convencidos que este siglo demanda un conjunto de acciones que la renueven de raíz, sin olvidar la vigencia de los fundamentos filosóficos que subyacen en el ideario del Rector Magnífico Aguadulceño. Desde el propio seno de la Universidad de Panamá han de surgir las alternativas de liberación, para que todos seamos solidariamente responsables de su rescate institucional y luego no tengamos que lamentarnos por lo que no fuimos capaces de construir.
No hay ninguna ley que autorice a la Caja de Seguro Social a descontarle a los jubilados.
Los préstamos a los jubilados son atribución única y exclusiva de la Caja de Seguro Social y la Caja de Ahorros, a un interés humano del 6% sobre los saldos. Según mis cálculos, las financieras se llavan unos 40 millones en intereses al año. Esos millones que deja de ganar el Seguro Social le servirían de mucho para balancear su presupuesto.
Los retos son numerosos, pero señalo tres fundamentales: la descentralización institucional y el debate y puesta en vigor de una ley universitaria que renueve los órganos de gobierno. Un cuerpo jurídico que apunte hacia la excelencia académica, la transformación curricular y el fomento de la investigación. El fruto de tales tareas hará posible el logro paulatino de un tercer desafío: la existencia de un adecuado clima organizacional.
Las condiciones para ejercer la docencia y la investigación, así como las ganas de proyectarse comunitariamente, sólo florecen cuando la mayoría encuentra en la Universidad el remanso de paz que antecede a la creación. Una casa de estudios sumida en conflictos estériles sólo siembra incertidumbre, cansancio y apatía. Cuando en una institución se escucha a amplios sectores aseverar que la organización complica innecesariamente sus vidas, ello resume una inquietud que debe hacernos reflexionar y emprender el sendero de las rectificaciones.
La gran mesa del diálogo para transformar la Universidad no es una utopía. Los principales actores nacionales deben estar allí presentes, sin temores al fruto del debate y convencidos que este siglo demanda un conjunto de acciones que la renueven de raíz, sin olvidar la vigencia de los fundamentos filosóficos que subyacen en el ideario del Rector Magnífico Aguadulceño. Desde el propio seno de la Universidad de Panamá han de surgir las alternativas de liberación, para que todos seamos solidariamente responsables de su rescate institucional y luego no tengamos que lamentarnos por lo que no fuimos capaces de construir.