Las fronteras y su seguridad
El conflicto colombiano dura casi medio siglo, habiéndose agudizado en los últimos tiempos debido a la capacidad ofensiva de los alzados en armas que, en contubernio con el narcotráfico, pretenden acabar con la democracia. Lamentablemente, Colombia es el país más violento del mundo, a causa de una guerrilla que no está motivada por ideología alguna sino por acciones de vandalismo, por cuanto secuestra, comete masacres, realiza extorsiones y cuantos otros repudiables actos que la prensa diariamente informa. El saldo anual de esta onda destructiva se cuenta en decenas de miles de víctimas, junto a otros grandes daños para esa afligida república.
La situación se agrava por la directa participación del narcotráfico en tal estado de cosas, con sus incalculables cantidades de dinero sucio y su naturaleza y objetivos transnacionales.
Frente a lo que acontece, el Gobierno del Presidente Pastrana elaboró el Plan Colombia que ha merecido el apoyo de la comunidad internacional, en razón de que constituye recomendable estrategia para la construcción de la paz, el fortalecimiento democrático, la creación de empleo y el combate a fondo al narcotráfico. De lo contrario, ¿será lo procedente cruzarse de brazos y dejar que el colosal flagelo de las drogas, junto a sus crímenes conexos, sigan expandiéndose hasta que sea demasiado tarde para reaccionar?
Hay que decirlo de manera clara y contundente: el problema colombiano dejó de ser nacional, se lo debe considerar como regional y aun continental; por ello, no tiene que haber oídos sordos a la solicitud de Pastrana en el sentido de constituir una alianza internacional para colaborar con Colombia, para que salga del trance que le destruye y evitar que aquella vorágine contamine al resto de países americanos.
En territorio ecuatoriano ya operan los narcoguerrilleros. La evidencia más indiscutible fue el asalto que treinta de esos bandoleros hicieron a un camión blindado que llevaba tres millones de dólares, a quince kilómetros al sur de la ciudad de Tulcán y la instalación, por parte de esos forajidos, en aquel mismo sitio, de un retén en el que iban reteniendo a cuanto carro que por allí pasaba, seleccionando para llevarse a los más valiosos, entre la zozobra de los ciudadanos que temían ser secuestrados, a la usanza colombiana.
Además, debido a la infiltración de esos indeseables, oficialmente se ha dado a conocer que existen sembradas trescientas hectáreas de coca en Sucumbíos. Es de anotar que Ecuador no fue productor de este arbusto y va, lamentablemente, proyectándose en ese sentido, si no se adoptan radicales medidas de erradicación.
La frontera norte ecuatoriana, constituida por las provincias de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, cuya extensión se aproxima a setecientos kilómetros de zonas generalmente intrincadas, de selva virgen, facilita la penetración de aquellas cuadrillas delincuenciales que cometen desafueros, como plagios a ganaderos y hacendados, contrabandean armas y municiones, naturalmente que precursores químicos y droga, cobran "impuestos", incluso han llegado a extremos de instalar fábricas de uniformes, campamentos y laboratorios del mal.
Como puede apreciarse de estos y otros datos, la situación es realmente de alerta roja, motivo por el cual en Ecuador se exige las garantías necesarias para la seguridad y el desarrollo. Prácticamente se ha militarizado a la referida frontera, como oportuna medida de precaución. Han sido bien recibidas las declaraciones de James Mack, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales de Droga y Cumplimiento de la Ley, de los Estados Unidos, en el sentido de ofrecer asesoramiento al ejército ecuatoriano que prácticamente no tiene experiencia en la lucha antiguerrrillera.
La seguridad de las fronteras merece toda prioridad, no solamente en Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Brasil, sino en toda América Latina y el Caribe, debido a la índole transnacional del narcotráfico que se halla estrechamente ligamentado a la violencia y a la corrupción. Se trata de factores adversos que amenazan peligrosamente y a los que, bajo ningún criterio, se puede menospreciar.
La situación se agrava por la directa participación del narcotráfico en tal estado de cosas, con sus incalculables cantidades de dinero sucio y su naturaleza y objetivos transnacionales.
Frente a lo que acontece, el Gobierno del Presidente Pastrana elaboró el Plan Colombia que ha merecido el apoyo de la comunidad internacional, en razón de que constituye recomendable estrategia para la construcción de la paz, el fortalecimiento democrático, la creación de empleo y el combate a fondo al narcotráfico. De lo contrario, ¿será lo procedente cruzarse de brazos y dejar que el colosal flagelo de las drogas, junto a sus crímenes conexos, sigan expandiéndose hasta que sea demasiado tarde para reaccionar?
Hay que decirlo de manera clara y contundente: el problema colombiano dejó de ser nacional, se lo debe considerar como regional y aun continental; por ello, no tiene que haber oídos sordos a la solicitud de Pastrana en el sentido de constituir una alianza internacional para colaborar con Colombia, para que salga del trance que le destruye y evitar que aquella vorágine contamine al resto de países americanos.
En territorio ecuatoriano ya operan los narcoguerrilleros. La evidencia más indiscutible fue el asalto que treinta de esos bandoleros hicieron a un camión blindado que llevaba tres millones de dólares, a quince kilómetros al sur de la ciudad de Tulcán y la instalación, por parte de esos forajidos, en aquel mismo sitio, de un retén en el que iban reteniendo a cuanto carro que por allí pasaba, seleccionando para llevarse a los más valiosos, entre la zozobra de los ciudadanos que temían ser secuestrados, a la usanza colombiana.
Además, debido a la infiltración de esos indeseables, oficialmente se ha dado a conocer que existen sembradas trescientas hectáreas de coca en Sucumbíos. Es de anotar que Ecuador no fue productor de este arbusto y va, lamentablemente, proyectándose en ese sentido, si no se adoptan radicales medidas de erradicación.
La frontera norte ecuatoriana, constituida por las provincias de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, cuya extensión se aproxima a setecientos kilómetros de zonas generalmente intrincadas, de selva virgen, facilita la penetración de aquellas cuadrillas delincuenciales que cometen desafueros, como plagios a ganaderos y hacendados, contrabandean armas y municiones, naturalmente que precursores químicos y droga, cobran "impuestos", incluso han llegado a extremos de instalar fábricas de uniformes, campamentos y laboratorios del mal.
Como puede apreciarse de estos y otros datos, la situación es realmente de alerta roja, motivo por el cual en Ecuador se exige las garantías necesarias para la seguridad y el desarrollo. Prácticamente se ha militarizado a la referida frontera, como oportuna medida de precaución. Han sido bien recibidas las declaraciones de James Mack, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales de Droga y Cumplimiento de la Ley, de los Estados Unidos, en el sentido de ofrecer asesoramiento al ejército ecuatoriano que prácticamente no tiene experiencia en la lucha antiguerrrillera.
La seguridad de las fronteras merece toda prioridad, no solamente en Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Brasil, sino en toda América Latina y el Caribe, debido a la índole transnacional del narcotráfico que se halla estrechamente ligamentado a la violencia y a la corrupción. Se trata de factores adversos que amenazan peligrosamente y a los que, bajo ningún criterio, se puede menospreciar.