Las generaciones perdidas
LA DEFICIENTE educación en Panamá es, junto al sistema constitucional imperante y el mercantilismo de Estado, parte de lo que yo llamó la "tríada del subdesarrollo".
Abundan ejemplos de que los mejores logros en desarrollo humano son producto de una población que cuente con una educación de calidad, un sistema de justicia y política enmarcado en normas e instituciones democráticas funcionales y una red de transacciones económicas flexible y abierta al mundo externo.
Al terminar el año lectivo 2005, parece que muy poco se ha logrado en mejorar la educación en nuestro país.
Las medidas administrativas efectuadas por el Ministerio de Educación son parciales y paliativas; más el resultado de acciones personales que de un conjunto estable de condiciones optimizadoras del permanente cambio educacional y, a la vez, sostenidas dentro de un sistema institucional más amplio.
Deserciones escolares en ascenso en áreas rurales y urbanas, fracasos en una gran proporción de estudiantes de primaria y secundaria que algunos expertos en el tema dicen que alcanzan hasta un tercio del total; pobre desempeño al pasar a grados superiores o a escuelas más exigentes por parte de muchos estudiantes; pugnas entre el Ministerio y los maestros, así como en gremios de educadores; burocratismo y clientelismo rapaz en promociones y nombramientos de maestros y profesores; conflictos dentro de las escuelas entre personal pedagógico y administrativo versus directores y jefes regionales de Educación; rebeliones de estudiantes contra educadores ante cualquier nimiedad; disputas y corrupción comprobada dentro de una cantidad más que considerable de asociaciones de padres de familias; centros educativos sumergidos en aguas negras, faltos de personal gran parte del año y con escasos recursos para la enseñanza de calidad; robos, acoso sexual y maltrato a padres de familia, estudiantes y profesores, conforman el desolador panorama de denigración y degradación que el grueso del futuro de nuestro país.
La juventud, sufre a manos llenas de una sociedad desorientada y mal encaminada por la politiquería de baja ralea y un Estado con metas poco claras en materia de educación. Este terrible panorama se ve en la mayoría de las escuelas públicas y algunas privadas que surgen como opción de "paga algo, te enseñamos algo y coge tu diploma"; como alternativa al facilismo y el autoengaño. Lo mismo se repite en términos mucho más preocupantes en la educación universitaria, sobre todo, en la Universidad de Panamá, contaminada y secuestrada por la lacra y la pobredumbre moral e intelectual de este país en una gran cantidad de sus estamentos académicos y administrativos; anquilosada en prejuicios y consignas trasnochadas y prostituidas con el contubernio de autoridades y grupos de interés clientelista; santuario de la mediocridad, con respetables excepciones que luchan en contra del ambiente poco edificador que existe en sus claustros y oficinas. En este último caso me refiero a muchos estudiantes y profesores sobresalientes que después tienen que buscar afuera parte de lo que se debería ver en una universidad.
Las declaraciones de "non grato" a profesores universitarios y la vehemente defensa de la autonomía universitaria para justificar delitos y fracasos son asombrosos remansos de un repugnante feudalismo intelectual.
La fiscalización de la calidad de la enseñanza universitaria no es adecuada, labor que es parte de las atribuciones inherentes al Estado.
El problema no son la universidades particulares, sino la falta de más y mejores opciones para ampliar la oferta a aquellos que quieren superarse profesionalmente independientemente de su nivel económico. Eliminar el viejo sistema estatal de control político de toda la educación panameña es la solución a este vergonzante presente y preocupante futuro de nuestra nación.
Los días 25 de diciembre y 1 de enero de 2006 se podrán usar hasta las 4:00 a.m. La venta a los menores está prohibida.
Abundan ejemplos de que los mejores logros en desarrollo humano son producto de una población que cuente con una educación de calidad, un sistema de justicia y política enmarcado en normas e instituciones democráticas funcionales y una red de transacciones económicas flexible y abierta al mundo externo.
Al terminar el año lectivo 2005, parece que muy poco se ha logrado en mejorar la educación en nuestro país.
Las medidas administrativas efectuadas por el Ministerio de Educación son parciales y paliativas; más el resultado de acciones personales que de un conjunto estable de condiciones optimizadoras del permanente cambio educacional y, a la vez, sostenidas dentro de un sistema institucional más amplio.
Deserciones escolares en ascenso en áreas rurales y urbanas, fracasos en una gran proporción de estudiantes de primaria y secundaria que algunos expertos en el tema dicen que alcanzan hasta un tercio del total; pobre desempeño al pasar a grados superiores o a escuelas más exigentes por parte de muchos estudiantes; pugnas entre el Ministerio y los maestros, así como en gremios de educadores; burocratismo y clientelismo rapaz en promociones y nombramientos de maestros y profesores; conflictos dentro de las escuelas entre personal pedagógico y administrativo versus directores y jefes regionales de Educación; rebeliones de estudiantes contra educadores ante cualquier nimiedad; disputas y corrupción comprobada dentro de una cantidad más que considerable de asociaciones de padres de familias; centros educativos sumergidos en aguas negras, faltos de personal gran parte del año y con escasos recursos para la enseñanza de calidad; robos, acoso sexual y maltrato a padres de familia, estudiantes y profesores, conforman el desolador panorama de denigración y degradación que el grueso del futuro de nuestro país.
La juventud, sufre a manos llenas de una sociedad desorientada y mal encaminada por la politiquería de baja ralea y un Estado con metas poco claras en materia de educación. Este terrible panorama se ve en la mayoría de las escuelas públicas y algunas privadas que surgen como opción de "paga algo, te enseñamos algo y coge tu diploma"; como alternativa al facilismo y el autoengaño. Lo mismo se repite en términos mucho más preocupantes en la educación universitaria, sobre todo, en la Universidad de Panamá, contaminada y secuestrada por la lacra y la pobredumbre moral e intelectual de este país en una gran cantidad de sus estamentos académicos y administrativos; anquilosada en prejuicios y consignas trasnochadas y prostituidas con el contubernio de autoridades y grupos de interés clientelista; santuario de la mediocridad, con respetables excepciones que luchan en contra del ambiente poco edificador que existe en sus claustros y oficinas. En este último caso me refiero a muchos estudiantes y profesores sobresalientes que después tienen que buscar afuera parte de lo que se debería ver en una universidad.
Las declaraciones de "non grato" a profesores universitarios y la vehemente defensa de la autonomía universitaria para justificar delitos y fracasos son asombrosos remansos de un repugnante feudalismo intelectual.
La fiscalización de la calidad de la enseñanza universitaria no es adecuada, labor que es parte de las atribuciones inherentes al Estado.
El problema no son la universidades particulares, sino la falta de más y mejores opciones para ampliar la oferta a aquellos que quieren superarse profesionalmente independientemente de su nivel económico. Eliminar el viejo sistema estatal de control político de toda la educación panameña es la solución a este vergonzante presente y preocupante futuro de nuestra nación.
Los días 25 de diciembre y 1 de enero de 2006 se podrán usar hasta las 4:00 a.m. La venta a los menores está prohibida.