default

Las hormigas rojas y los políticos


Las hormigas rojas del Amazonas se clasifican entre las hormigas más terribles; son fuertes, grandes, malvadas y les place tener esclavos. Rastrean con sus potentes antenas a sus víctimas, especies similares más débiles, las eliminan y toman sus larvas para llevarlas a los hormigueros y allí someterlas por el resto de sus vidas a la esclavitud. Cuando llegan a tercera o cuarta edad son remplazadas por otras.

Los políticos panameños tienen mucha similitud con esos insectos; pues, hacen sus partidos usando todos los recursos del caso. Muchos seres humanos están convencidos de las bondades que esos políticos difunden, pero cuando están en el poder se olvidan de las promesas y someten a la gente a nuevas formas de esclavitud. Los políticos obligan a las personas a seguirlos so pena de ser despedidas, incluyendo a sus familiares. Hay imposición de altos costos en el consumo de alimentos, bienes y servicios, tras contubernios con empresas transnacionales.

En los partidos políticos los viejos son eliminados; la gente que no comulga con ellos es despedida y, de ñapa, sus hijos y familiares. Los pocos beneficios que existen son para los que están inscritos en el colectivo.

Los huevos, larvas o ninfas, no conocen lo que es libertad, por ello, poco les importa su dura vida. Las amazonas morirían de hambre si las hormigas esclavas no se dedicaran a alimentarlas y cuidarlas. Tanto es así que, ante una mudanza, las esclavas son transportadas. Los partidos políticos venden la idea de la polarización: O ellos o nosotros, disyunción que es falsa de "falsedad absoluta"; presentan esta falacia a fin de mantenerse en vigencia. Son muy típicas las encuestas, con aquello de que las mayores cifras convencen al electorado y que hay que votar con el ganador. Respondemos que lo que hay que ver es el futuro del país, por lo que se debe recurrir a la conciencia y a la realidad.

Los partidos políticos y sus dirigentes no fueran nadie sin sus adherentes; aquella gente humilde que, en su mayoría, es la menos favorecida. Pero los engañan y siguen engañando. Aquí aplicamos la fábula del alacrán y la ranita, que al final el anfibio muere por el aguijón del arácnido, a pesar de haber sido salvado por ésta de no ahogarse. La rana moribunda le preguntaba, ¿por qué lo hacía? Y la contestación del escorpión fue: ¡Por qué esa es mi naturaleza!

La naturaleza del político es así, y es difícil que cambie luego de haber presentado sus valores negativos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América