Las huellas de una destitución
El caballero deambulaba por los pasillos, mientras el nuevo equipo de profesionales trataba afanosamente de reorganizar la institución que estuvo sin producir trabajo visible durante algunos meses de ausencia nuestra. Por supuesto, el individuo era miembro del partido al que le habían entregado la institución como bastión político para emplear a sus seguidores. - Esa práctica que tanto daño le sigue haciendo al país. ¿Señor, cuál es su posición de trabajo? "En el departamento de Presupuesto, pero me gustaría estar en el de Comunicaciones". Allá se lo asignamos al Director respectivo, quien más tarde solicitó su destitución por razones que ahora no recuerdo. A partir de ese momento, el caballero de marras, no ha dejado de escribir sandeces en todos los medios posibles contra mi persona. Pero las sandeces no se contestan y comprendíamos que era la reacción por las huellas que dejan los despidos en los seres humanos. Como también comprendíamos que los que representamos legalmente a una institución, somos responsables moral y legalmente de lo bueno, lo malo, lo feo y lo regular que de ella provenga.
En los casi 20 años como servidora pública, he salido con la frente muy en alto. Con mucha moral puedo hablar dos horas diarias en una emisora que ocupa el primer lugar en sintonía, en credibilidad y en reconocimiento popular por su amplitud y servicio a la comunidad.
El último artículo del caballerito de marras no me habría quitado ni un minuto de sueño, de no ser porque en el mismo utiliza una palabra que, en cuanto respecta a mi persona, no suelo admitir, ni de relajo. El resentido panegirista oficioso que requiere de sus esporádicos artículos como único medio para conservar el minúsculo cargo que ostenta, señala en su última "lambonería", que nosotros fallamos en nuestro intento de volver a la Alcaldía, "por un pase de factura propia de nuestra cultura política, contra la soberbia y la corrupción".
¡Soberbia sí! Humana, también. ¿Corrupta...? No. El escribidor sabe mejor que nadie, por haber sido testigo de ello, mientras lo soporté en nuestro equipo alcaldicio, que esa palabra no sólo no reza conmigo, sino que representa para quien me la endilgue, una querella que nadie se la va a quitar de encima por calumniador.
Así es que hace unos días he querellado judicialmente al arnulfista, de nombre Nestor Flores, quien no se cansa de cobrarme su destitución. Una vez más intenta enlodar un nombre limpio del que mucho se enorgullecen mi hijo, mis nietos, familiares, amigos, conocidos y el país entero. A las pruebas me remito.
En los casi 20 años como servidora pública, he salido con la frente muy en alto. Con mucha moral puedo hablar dos horas diarias en una emisora que ocupa el primer lugar en sintonía, en credibilidad y en reconocimiento popular por su amplitud y servicio a la comunidad.
El último artículo del caballerito de marras no me habría quitado ni un minuto de sueño, de no ser porque en el mismo utiliza una palabra que, en cuanto respecta a mi persona, no suelo admitir, ni de relajo. El resentido panegirista oficioso que requiere de sus esporádicos artículos como único medio para conservar el minúsculo cargo que ostenta, señala en su última "lambonería", que nosotros fallamos en nuestro intento de volver a la Alcaldía, "por un pase de factura propia de nuestra cultura política, contra la soberbia y la corrupción".
¡Soberbia sí! Humana, también. ¿Corrupta...? No. El escribidor sabe mejor que nadie, por haber sido testigo de ello, mientras lo soporté en nuestro equipo alcaldicio, que esa palabra no sólo no reza conmigo, sino que representa para quien me la endilgue, una querella que nadie se la va a quitar de encima por calumniador.
Así es que hace unos días he querellado judicialmente al arnulfista, de nombre Nestor Flores, quien no se cansa de cobrarme su destitución. Una vez más intenta enlodar un nombre limpio del que mucho se enorgullecen mi hijo, mis nietos, familiares, amigos, conocidos y el país entero. A las pruebas me remito.