"Las indígenas, mujeres doblemente marginadas"
El continente americano, pródigo en recursos materiales y humanos, ha servido para el bienestar y la prosperidad de otros, ajenos y extraños, desde que en el siglo XVI los colonizadores le usurparon tierras, riquezas y mano de obra. Varios siglos han transcurrido desde entonces y aún en los albores de un nuevo milenio, la población autóctona del continente sigue padeciendo con infamante humillación los efectos de una marginalidad cuyo rostro es tan denigrante para la condición humana, tanto de los que la sufren, como la de los que la ejercen.
Casi todos los conocedores del tema, coinciden en destacar los abismales niveles de miseria y pobreza que tipifican las condiciones socioeconómicas de los indígenas, entendidos como "...los descendientes de los habitantes nativos de América - a quienes los descubridores españoles por creer que habían llegado a las Indias, llamaron indios- que conservan algunas características de sus antepasados, en virtud de lo cual se hallan situados económica y socialmente en un plano de inferioridad frente el resto de la población, que ordinariamente se distingue por hablar las lenguas de sus antepasados, hecho que determina el que estas también sean llamadas lenguas indígenas" ("Lenguas Indígenas" Pozas Ricardo, 1979, p.11)
Alejados de la mano de Dios y abandonados por los gobiernos locales, permanecen como víctima de una división social, implantada por los españoles, que los rechaza étnica, cultural y socialmente. Así las cosas, no resulta nada extraño que los mayores índices de mortalidad infantil, de enfermedades infecto - contagiosas, analfabetismo, desempleo y violencia doméstica, los encontremos en este grupo humano tan inmisericordemente explotado desde cuatro siglos atrás, hecho que movió a su Santidad Juan Pablo II, a pedirles perdón; no obstante, pocos son los católicos que emulan al Papa.
Son muchas las ofensas que infringimos a nuestros hermanos, desde echarles de sus tierras hasta negarles la posibilidad real de una vida decorosa, a despecho de las voces de los organismos nacionales e internacionales, erigidos en defensores de los indígenas y del hecho de que" en América Latina particularmente en América Central, las nuevas constituciones (Panamá, 1983; Guatemala, 1986 y Nicaragua, 1987) reconocen la pluralidad cultural y el respeto por la identidad ética como un derecho que favorece la unidad nacional y la consolidación de la paz y la democracia" (La investigación Sociocultural en Población, un enfoque innovador para América Latina y El Caribe, Hernández Isabel, Naciones Unidas, 1997 p. 17
Ahora bien, la situación señalada en párrafos anteriores adquiere ribetes dramáticos en el caso de las mujeres, pues las sociedades indígenas son eminentemente patriarcales y como tales poseen formas inadecuadas de interacción intergenérica. En ella "se puede observar cómo el hombre tenía un rol predominante en la sociedad y la mujer perdía su libertad desde el nacimiento y particularmente al momento de adquirir compromiso con el cónyugue.... Algunas niñas eran entregadas cuando nacían...se enfermaban por relaciones sexuales a edades muy tempranas (12 o 13 años ) y a veces morían (Relatado por Marianella Martinelli, en su estudio: "La mujer ngobe camino hacia la libertad,1994") En otras palabras, a la denegación de justicia social marcada por la sociedad, se une el trato inferiorizado que sufre como consecuencia de una cultura que la ubica en segunda clase, no sólo por asignarla y distribuirla como bienes o cosas, sino porque los ritos a los que se le somete desde niña, implican en algunos casos, grandes dosis de violencia. A propósito de la violencia, cabe señalar el alto índice de maltrato doméstico encontrado en la familia indígena, lo que unido a la sumisión femenina, hace muy difícil mejorar la vida de las mismas, sobre todo porque la organización económica de la familia descansa fundamentalmente en el varón, y a las mujeres, llenas de hijos que atender, se les obstaculiza establecer nuevas pautas de comportamientos que faciliten una saludable interacción familiar.
Pero no todo está perdido y así como en los otros grupos étnicos las mujeres van adquiriendo una creciente conciencia de su condición y de la necesidad de transformarla; en la población indígena las mujeres también lo van logrando.
Prueba de lo anterior puede usted encontrarlo en un sin número de mujeres que a lo interno de las comunidades de esta etnia se han convertido en vanguardia, no sólo de sus derechos genéricos, sino de los de su familia y desde luego, de su comunidad.
Ellas lo han hecho, no sin costo social y emocional, tal como lo revelara una investigación de terreno que realizamos con otra colega, entre los Ngobe - Bugle. En esta investigación nos relató de cambio, además de otros sinsabores que tenían que enfrentar por alterar lo aceptado y establecido culturalmente.
No obstante lo anterior, de gran valor para el propósito, resultó la marcha que el reciente ocho de marzo, día internacional de la mujer, efectuaron las indígenas (incluidas las panameñas) asistentes a un cónclave intercontinental, ocurrido en nuestra capital.. Se encaminaron hacia la Presidencia de la República para entrevistarse con la Primera mujer que alcanzó, gracias al voto popular, la primera magistratura, pero la presidenta no las recibió; delegó en algún asesor esa misión, restándose la oportunidad de aumentar la estatura de su figura política (no olvidemos que la mujer es un motor de cambio social) al estrechar lazos de compresión y empatía con sus congéneres, porque si las mujeres no somos solidarias con las mujeres, sobre todo con las más pobres... cómo vamos a esperar que los hombres lo sean.
Casi todos los conocedores del tema, coinciden en destacar los abismales niveles de miseria y pobreza que tipifican las condiciones socioeconómicas de los indígenas, entendidos como "...los descendientes de los habitantes nativos de América - a quienes los descubridores españoles por creer que habían llegado a las Indias, llamaron indios- que conservan algunas características de sus antepasados, en virtud de lo cual se hallan situados económica y socialmente en un plano de inferioridad frente el resto de la población, que ordinariamente se distingue por hablar las lenguas de sus antepasados, hecho que determina el que estas también sean llamadas lenguas indígenas" ("Lenguas Indígenas" Pozas Ricardo, 1979, p.11)
Alejados de la mano de Dios y abandonados por los gobiernos locales, permanecen como víctima de una división social, implantada por los españoles, que los rechaza étnica, cultural y socialmente. Así las cosas, no resulta nada extraño que los mayores índices de mortalidad infantil, de enfermedades infecto - contagiosas, analfabetismo, desempleo y violencia doméstica, los encontremos en este grupo humano tan inmisericordemente explotado desde cuatro siglos atrás, hecho que movió a su Santidad Juan Pablo II, a pedirles perdón; no obstante, pocos son los católicos que emulan al Papa.
Son muchas las ofensas que infringimos a nuestros hermanos, desde echarles de sus tierras hasta negarles la posibilidad real de una vida decorosa, a despecho de las voces de los organismos nacionales e internacionales, erigidos en defensores de los indígenas y del hecho de que" en América Latina particularmente en América Central, las nuevas constituciones (Panamá, 1983; Guatemala, 1986 y Nicaragua, 1987) reconocen la pluralidad cultural y el respeto por la identidad ética como un derecho que favorece la unidad nacional y la consolidación de la paz y la democracia" (La investigación Sociocultural en Población, un enfoque innovador para América Latina y El Caribe, Hernández Isabel, Naciones Unidas, 1997 p. 17
Ahora bien, la situación señalada en párrafos anteriores adquiere ribetes dramáticos en el caso de las mujeres, pues las sociedades indígenas son eminentemente patriarcales y como tales poseen formas inadecuadas de interacción intergenérica. En ella "se puede observar cómo el hombre tenía un rol predominante en la sociedad y la mujer perdía su libertad desde el nacimiento y particularmente al momento de adquirir compromiso con el cónyugue.... Algunas niñas eran entregadas cuando nacían...se enfermaban por relaciones sexuales a edades muy tempranas (12 o 13 años ) y a veces morían (Relatado por Marianella Martinelli, en su estudio: "La mujer ngobe camino hacia la libertad,1994") En otras palabras, a la denegación de justicia social marcada por la sociedad, se une el trato inferiorizado que sufre como consecuencia de una cultura que la ubica en segunda clase, no sólo por asignarla y distribuirla como bienes o cosas, sino porque los ritos a los que se le somete desde niña, implican en algunos casos, grandes dosis de violencia. A propósito de la violencia, cabe señalar el alto índice de maltrato doméstico encontrado en la familia indígena, lo que unido a la sumisión femenina, hace muy difícil mejorar la vida de las mismas, sobre todo porque la organización económica de la familia descansa fundamentalmente en el varón, y a las mujeres, llenas de hijos que atender, se les obstaculiza establecer nuevas pautas de comportamientos que faciliten una saludable interacción familiar.
Pero no todo está perdido y así como en los otros grupos étnicos las mujeres van adquiriendo una creciente conciencia de su condición y de la necesidad de transformarla; en la población indígena las mujeres también lo van logrando.
Prueba de lo anterior puede usted encontrarlo en un sin número de mujeres que a lo interno de las comunidades de esta etnia se han convertido en vanguardia, no sólo de sus derechos genéricos, sino de los de su familia y desde luego, de su comunidad.
Ellas lo han hecho, no sin costo social y emocional, tal como lo revelara una investigación de terreno que realizamos con otra colega, entre los Ngobe - Bugle. En esta investigación nos relató de cambio, además de otros sinsabores que tenían que enfrentar por alterar lo aceptado y establecido culturalmente.
No obstante lo anterior, de gran valor para el propósito, resultó la marcha que el reciente ocho de marzo, día internacional de la mujer, efectuaron las indígenas (incluidas las panameñas) asistentes a un cónclave intercontinental, ocurrido en nuestra capital.. Se encaminaron hacia la Presidencia de la República para entrevistarse con la Primera mujer que alcanzó, gracias al voto popular, la primera magistratura, pero la presidenta no las recibió; delegó en algún asesor esa misión, restándose la oportunidad de aumentar la estatura de su figura política (no olvidemos que la mujer es un motor de cambio social) al estrechar lazos de compresión y empatía con sus congéneres, porque si las mujeres no somos solidarias con las mujeres, sobre todo con las más pobres... cómo vamos a esperar que los hombres lo sean.