Las instituciones de seguridad
En América Latina el crimen organizado ha obligado a los distintos gobiernos a modernizar los métodos y a fortalecer las capacidades de las instituciones de seguridad del Estado. En Panamá tales metas pasan por superar debilidades en la mística de sus unidades, hasta la depuración y la corrección de irregularidades que podrían explicar los graves desafíos que día a día enfrenta el país. Es concluyente que las posibilidades del crimen crecen en proporción directa con las debilidades de los organismos de seguridad. Se entiende, por ejemplo, que imponer en la Policía Nacional un espíritu de cuerpo o recuperar un comportamiento institucional son medidas impostergables, altamente necesarias, pero puede parecer contradictorio que mientras algunos funcionarios trabajan con ese norte, otros atentan contra el. No se puede interpretar de otra manera los traslados, las sanciones, las exhibiciones o las amonestaciones que se registren sin causas precisas. El respeto en una institución es básico para su funcionamiento armónico. En la medida en que tal condición se fractura, se anulan los esfuerzos que empeña el propio gobierno y sus responsables inmediatos por hacerla eficiente. Aunque parezca parte de la disciplina policial, eso podría interpretarse como una conspiración contra el efectivo papel que debe jugar la entidad en medio de los crímenes y los asaltos que se registran en el país. Cuando eso sucede hay que tomar medidas, porque en materia de seguridad no valen las intenciones sino los resultados.