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Las instituciones educativas


Hemos insistido a menudo en que las formas sociales no son estáticas y que deben ser adoptadas por la vida de los grupos, los cuales, consolidando modos de interacción que les imprimen cohesión, dan origen a instituciones. Hemos demostrado también que entre las instituciones figuran hoy las de fines educativos, o genéricamente, la escuela. Así, de la educación general y difusa surge algo perfectamente caracterizado, en un dominio especial, con sus fines, sus técnicas y problemas específicos.

Los estudios históricos evidencian que fue por la especialización de ciertas funciones propias de las familias, y hasta cierto punto por su delegación, cómo surgieron los primeros maestros en el cuadro de la vida doméstica: esclavos, libertos, preceptores especiales, en Grecia y en Roma; después maestros y profesores independientes, que pasaron a formar grupos sociales específicos. En las primeras civilizaciones, en India y en Egipto, los sacerdotes absorbían esa función educativa especializada; en la Edad Media, las escuelas y los colegios iban unidos a los templos. En la Edad Moderna, con las crecientes transformaciones en la vida familiar y la división de las tareas y funciones en la vida colectiva en general, la creación educativa intencional pasó a estar progresivamente concentrada en manos de funcionarios especializados. Concurrentemente se dio una absorción de las instituciones educativas por el Estado, especialmente observada a partir del siglo XVIII y, al final, dominante en nuestra época.

Bajo la égida del Estado se organizaron los grados de enseñanza (primaria, media y superior), tal como hoy lo tenemos --con poca diferencia-- con sus problemas de administración, de formación de maestros, dirigentes y especialistas. Se vino a constituir un grupo profesional pedagógico diferenciado, institución específica, cuyo trabajo estará siempre condicionado, no obstante, por la acción de todas las demás formas de la vida social.

El hecho, sin embargo, de que esta organización específica se halle subordinada a los poderes políticos, puede permitir que en su trabajo se introduzca el predominio de una clase económica o de un grupo privilegiado; y también que, por la acción de la rutina, expresiones puramente formales preponderen en ella. Destinadas fundamentalmente a conservar y perpetuar la existencia social, las instituciones educativas fácilmente se oponen a la discusión y a la difusión de nuevas ideas y técnicas, haciendo a la enseñanza menos eficaz frente a las nuevas exigencias que se presentan. Es lo que se observa en nuestro país y en el resto de los países de América Latina, donde los cambios económicos y políticos se originan, o por la variación de los métodos de producción, o por la aplicación creciente de la industria y de la tecnología de gran escala, con los conflictos culturales consiguientes.

¡Las instituciones educativas deben ofrecer a todos iguales oportunidades de preparación, favoreciendo la movilidad social!

101 años de Panamá América

 
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