Las inundaciones en Arraiján
Hubo esta vez un detalle que particulariza las inundaciones sufridas el fin de semana en Arraiján. Por vez primera en años, golpea a barrios de clase media, construidos - se supone - con arreglo a las más modernas normas de ingeniería, arquitectura, medioambiente y urbanismo. En efecto, Residencial Bello Amor, Vista Alegre, Ciudad del Futuro, Nuevo Arraiján y San José, entre otras, fueron obras de empresas constructoras que debieron superar un sinfín de trámites burocráticos que pasan desde la aprobación de los planos por los Bomberos, la ANAM, Salud Pública, Obras Públicas y el IDAAN, hasta el tradicional permiso de construcción y ocupación de Ingeniería Municipal.
Esta vez no se trata del Río Pacora y Juan Díaz, inundando improvisadas casuchas de precaristas, sino de viviendas de bloques de concreto reforzadas de acero, calles de cemento o asfalto, iluminación, drenajes, alumbrado público, televisión por cable y demás facilidades modernas. Son viviendas normalmente compradas mediante préstamos hipotecarios, que cuentan con seguro, que no suele cubrir el contenido, esto es el mobiliario y demás enseres siniestrados.
¿Qué falló? Residencial Bello Amor, no tiene ni dos años de construida y, sin embargo, sus residentes lo perdieron casi todo, excepto la casa, que puede repararse con unos mil balboas, porque el agua no daña mayormente su estructura, salvo las puertas y algunas instalaciones eléctricas. Para responder partamos, como Descartes, de lo más evidente. Fue una crecida de río mezclada con la lluvia.
Desde tiempos inmemoriales se sabe que construir a la orilla de los ríos es peligroso. Los egipcios y chinos tienen todos los siglos de experiencia en esos desastres, por no hablar de Bangla Desh. Los países del Rin o Danubio igual. Alemania y Austria sufrieron hace dos años un desastre diluviano y, en estos momentos, China ha mudado temporalmente a millones de sus ciudadanos de las orillas de un Yang Tsé que se niega desde siempre a ser domeñado.
La lucha entre el ser humano y la Naturaleza no tiene fin. Es una especie de amor y odio, de convivencia forzada, no siempre armoniosa. Los desastres naturales pueden no ser inevitables pero, al menos, pueden prevenirse y aminorarse su efecto con medidas de precaución elementales tales como: no construir a la orilla ni al pie de precipicios, ni de los ríos, playas y lagos, ni en medio de fallas tectónicas, ni con materiales inadecuados. Tampoco se debe agredir al medioambiente, porque podría mordernos y cobrarse el desquite de la manera más cruel. Eso ocurre cuando se arrojan desperdicio a los ríos, playas y drenajes. Tarde o temprano se forman represas de basura que provocan inundaciones.
Lo ocurrido en Arraiján merece la solidaridad ciudadana con nuestros hermanos damnificados, pero también una rendición de cuentas e investigación y en especial de sus causas, para deslindar responsabilidades. Y no nos vengan con que son los elementos o, como dicen algunas pólizas, actos de Dios o de la naturaleza. Hay casas construidas donde no se debe, con especificaciones e infraestructura inadecuadas, autoridades que no hicieron su trabajo y mucha gente engañada.
Esta vez no se trata del Río Pacora y Juan Díaz, inundando improvisadas casuchas de precaristas, sino de viviendas de bloques de concreto reforzadas de acero, calles de cemento o asfalto, iluminación, drenajes, alumbrado público, televisión por cable y demás facilidades modernas. Son viviendas normalmente compradas mediante préstamos hipotecarios, que cuentan con seguro, que no suele cubrir el contenido, esto es el mobiliario y demás enseres siniestrados.
¿Qué falló? Residencial Bello Amor, no tiene ni dos años de construida y, sin embargo, sus residentes lo perdieron casi todo, excepto la casa, que puede repararse con unos mil balboas, porque el agua no daña mayormente su estructura, salvo las puertas y algunas instalaciones eléctricas. Para responder partamos, como Descartes, de lo más evidente. Fue una crecida de río mezclada con la lluvia.
Desde tiempos inmemoriales se sabe que construir a la orilla de los ríos es peligroso. Los egipcios y chinos tienen todos los siglos de experiencia en esos desastres, por no hablar de Bangla Desh. Los países del Rin o Danubio igual. Alemania y Austria sufrieron hace dos años un desastre diluviano y, en estos momentos, China ha mudado temporalmente a millones de sus ciudadanos de las orillas de un Yang Tsé que se niega desde siempre a ser domeñado.
La lucha entre el ser humano y la Naturaleza no tiene fin. Es una especie de amor y odio, de convivencia forzada, no siempre armoniosa. Los desastres naturales pueden no ser inevitables pero, al menos, pueden prevenirse y aminorarse su efecto con medidas de precaución elementales tales como: no construir a la orilla ni al pie de precipicios, ni de los ríos, playas y lagos, ni en medio de fallas tectónicas, ni con materiales inadecuados. Tampoco se debe agredir al medioambiente, porque podría mordernos y cobrarse el desquite de la manera más cruel. Eso ocurre cuando se arrojan desperdicio a los ríos, playas y drenajes. Tarde o temprano se forman represas de basura que provocan inundaciones.
Lo ocurrido en Arraiján merece la solidaridad ciudadana con nuestros hermanos damnificados, pero también una rendición de cuentas e investigación y en especial de sus causas, para deslindar responsabilidades. Y no nos vengan con que son los elementos o, como dicen algunas pólizas, actos de Dios o de la naturaleza. Hay casas construidas donde no se debe, con especificaciones e infraestructura inadecuadas, autoridades que no hicieron su trabajo y mucha gente engañada.