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Las jubilaciones especiales


Los privilegios no son buenos en ningún aspecto de la vida. Sin embargo, una cosa es la discriminación y otra las conquistas gremiales. Cuando hace sopotocientos años los educadores lograron la estabilidad en sus puestos, me pareció excelente (yo era una niña con una madre maestra). Pero, si hablamos de las jubilaciones especiales para varios grupos profesionales, estamos violando la Constitución Nacional, que dice que no habrá fueros ni privilegios. No sólo es lo abstracto de la inconstitucionalidad; es algo más real: es la parte económica que ni el Seguro Social ni el gobierno soportan un peso de esa clase.
Se necesitaba un gobierno fuerte como el de Pérez Balladares y la voluntad política para eliminar esas jubilaciones y soportar las presiones. Desde luego que es indiscutible que vendrían las protestas de los afectados, a pesar de las cuales, tenía que ser negada la revisión de las mismas.
Dado el aumento del promedio de vida y la locura de la dictadura de las jubilaciones anticipadas, el número de jubilados es considerable y el fondo de pensiones no recibe suficientes entradas para los más de cien mil pensionados y jubilados. Es importante y esto debieran tenerlo en cuenta los gremios que piden la J.E., que hay personas que sólo tienen una mísera jubilación de 80 ó 100 balboas. Lo peor es que no puede aumentárseles, porque la erogación será muy grande. Justamente por eso se eliminaron las jubilaciones especiales, para equilibrar y que pueda durar más tiempo el fondo de pensión. Insistir en la eliminación de la Ley 8 es injusto y egoísta de parte de quienes se jubilan con mayores salarios.
Cuando el gobierno del PRD quitó las jubilaciones especiales, las enfermeras lo aceptaron, porque todos sabemos quién era su Presidenta. Ellas nunca apoyaron los movimientos médicos de la época de la dictadura, aludiendo que su deber estaba al lado de sus pacientes cuando sabemos que la dirigencia era PRD. ¿Y ahora qué es de los pacientes? Mis mejores amigas cuando llegué a trabajar al Hospital Santo Tomás eran las enfermeras, que entonces sí estaban al lado del paciente. Considero que las enfermeras debieran luchar para que los programas de trabajo las hagan nuevamente verdaderas enfermeras y no escribidoras administrativas. Que las obligue a acompañar a los médicos en sus visitas al paciente, en vez de estar escribiendo permanentemente. Son más secretarias que enfermeras, porque la relación con el paciente la llevan las auxiliares.
Quisiera solicitarles a las enfermeras que piensen lo que hacen. Por experiencia les digo que no es el paro el mejor medio de presión. Es preferible dialogar y tratar de conseguir sus aspiraciones a las buenas. Recuerden que el gobierno tiene el toro agarrado por los cachos (como reza el dicho) y los gremios llevamos las de perder. El gobierno puede llevarlas a un desgaste cruzándose de brazos y dándole largas al asunto.
Sería mejor que pensaran lo que van a hacer y no sigan consejos politiqueros que sólo harán que el gremio se debilite. Hoy no cuentan con el apoyo popular y mañana ya no serán los Angelitos Blancos que tanto quiso el Dr. Sergio González Ruiz.
Las enfermeras son sacrificadas en su trabajo, igual que lo son otros profesionales. Pero, si quieren lograr sus aspiraciones, actúen con cautela e inteligencia, pues de lo contrario perderán hacha, calabaza y miel.

101 años de Panamá América

 
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