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Las lágrimas de mi Patria


“Cuando falta esa comunidad de esperanzas, no hay patria, no puede haberla: hay que tener ensueños comunes, anhelar juntos grandes cosas y sentirse decididos a realizarlas, con la seguridad de que al marchar todos en pos de un ideal, ninguna se quedará en mitad del camino...Mientras un país no es patria, sus habitantes no constituyen una nación. Cuando los intereses venales se sobreponen al ideal de los espíritus cultos que constituyen el alma de una nación, el sentimiento nacional degenera, se corrompe: la patria es explotada como una industria”. El Hombre Mediocre, José Ingenieros.
La Patria, como las buenas madres, no se llama a engaño con sus hijos. En lo íntimo de su corazón, conoce bien las virtudes de sus buenos hijos y sabe cuáles son los defectos de sus malos hijos, que con su conducta diaria la cubren de vergüenza y deshonra. La Patria conoce perfectamente los vicios, debilidades, fracasos y mentiras de esos hijos, que cada cinco años ocupan el solio presidencial. Cada nuevo aniversario, la Patria sabe que tendrá que soportar con estoicismo, el repertorio demagogo y la piroctecnia verbal que sus hijos, los gobernantes de turno, pronunciarán con emotiva voz, al repique de tambores y alegres dianas, entre el 1ro. y 5 de noviembre de cada año. Desde la celda del dolor profundo que le produce el desgobierno, la corrupción, el nepotismo y el chantaje político de quienes disfrutan del poder, la Patria observa cómo cada año, los hijos que hoy reemplazan por un quinquenio a los anteriores en el complejo papel de gobernar la Nación, creen que logran engañarla bien con sus romerías, sus coloridas y cosméticas alocuciones publicadas en prensa, radio y televisión o con sus interminables y pagados discursos de fondo. Cada año, somos testigos del mismo despreciable espectáculo. Cada noviembre, frente a la notable falsedad de un sentimiento nacionalista y de un auténtico compromiso con el país, frente a la indignidad civil de quienes nos gobiernan, frente al encubriendo riguroso de la piratería de sus actos, frente al auspicio y unísono aplauso al oscurantismo, a la turbiedad y a la falta de transparencia gubernamental, las lágrimas de mi Patria brotan en silencio...
¿Qué nivel de responsabilidad tendrá el pueblo que se zarandea al son de los tambores, las dianas y las cornetas frente a las sentidas y silenciosas lágrimas de nuestra Patria? ¿Quiénes son los responsables del país que hoy tenemos? ¿Quiénes son los vanidosos, deshonestos, poderosos y demagogos que hoy nos desgobiernan? ¿Somos lo suficientemente correctos y honestos como para preguntarnos qué cuota de responsabilidad nos corresponde como ciudadanos en este dolor que cada noviembre se ventila? ¿Cuánto de este fracaso puede asignársele a nuestra indiferencia ciudadana, a la ignorancia y la falta de conciencia cívica que, tal vez, ha atrofiado, nuestro grado de responsabilidad y del cual han lucrado políticamente los mismos de siempre?
El asunto de la fragilidad del sentimiento de nacionalidad, de nuestra indiferencia, y descontento con los sectores políticos fue motivo de reflexión de principios de siglo, como fue el Dr. Eusebio A. Morales. En un ensayo escrito en 1916, planteaba su posición sobre la fragilidad del sentimiento de nacionalidad entre panameños de la siguiente forma “El sentimiento de la nacionalidad es nulo es débil entre nosotros porque ese sentimiento no nace y se desarrolla sino al calor de dolores y de infortunios comunes, de luchas largas y sangrientas, del sacrificio de pequeñas vidas y de algunos seres predestinados que vienen a hacer finalmente los creadores de la nacionalidad, porque ellos han encarnado, condensado y revelado en sus obras, en sus vidas y aún en su martirio los pensamientos incoherentes y las aspiraciones intuitivas de todo un pueblo” (Textos y Contextos, Diógenes De La Rosa). Pareciera, pues, que nuestro mal viene de atrás.
El distinguido y gran escritor peruano, Mario Vargas Llosa en El Pez en el Agua - Memorias, libro testimonio de su apasionante experiencia durante la campaña presidencial de 1990 contra Alberto Fujimori, señala que para él hay muchas maneras de definir lo respetable. En lo que a él se refiere, le merece respeto el intelectual o el político que dice lo que cree, hace lo que dice y no utiliza las ideas y las palabras como una coartada para el arribismo. ¿Qué quiere que le diga? Pienso como Vargas Llosa en este asunto de definir quién o quiénes pueden exigirnos respeto. No puedo mentirle, a mí me cuesta mucho, pero, muchísimo encontrar quiénes, dentro del gobierno actual, merecen por su coherencia, su honestidad, su capacidad, su verticalidad, su dignidad e integridad personal, profesional y política, mi respeto. No nos engañemos...el respeto no lo impone el cargo público que se ocupa. El cargo brilla o se desluce según quien lo ocupe y el respeto, se gana, se profundiza y reconoce en la medida que cada decisión - a favor de los mejores intereses del país- refleje inquebrantables muestras de rectitud, seriedad e integridad. Coincidirá conmigo que, por los innumerables, irrefutables y continuos hechos que distinguen la actual administración de Moscoso, esta particular consideración sobre el respeto, es casi inexistente como cualidad entre los gobernantes de turno de nuestra Nación.
Cada año, durante el mes de noviembre, es obligatorio explorar el escenario histórico con el propósito de encontrar la génesis de nuestra realidad. Cada año, ante el dolor que produce el poco fervor patriótico que inspira el mes de noviembre, tendríamos que preguntarnos qué clase de políticos, de gobernantes y de ciudadanos ha germinado de la tierra de Manuel Amador Guerrero. Hoy, ante las copiosas lágrimas que nuestra Patria derrama por la corrupción que propicia el gobierno; por el nepotismo que le encanta y auspicia Moscoso; por la falta de transparencia de la cosa pública que sentencian alegremente magistrados de la Corte Suprema de Justicia; por la vulgar demagogia que se trasluce siempre de los discursos de la presidenta; por la falta de excelencia profesional e innegable mediocridad administrativa que caracteriza -como en ningún otro gobierno- el desempeño de los arnulfistas; por la gigantesca mezquindad política de los seudo-políticos de siempre; por el clientelismo que todos auspician; por la permanente violación de los valores democráticos; nosotros, los ciudadanos decentes, esos que no tememos mirar fijamente, pues, en nuestras pupilas hay luz y no oscurantismo, debemos comprometernos a no ser deudores de nuestra historia, ¡sino hacedores del país que merecemos! Por ello, ante las lágrimas de la Patria, ¡prohibido rendirse!
(entrenos@sinfo.net)
El especialista se refiere a procedimientos costosos como la fertilidad in vitro, la donación de huevos y otras técnicas de embarazo como la Inyección Interocitoplasmática de Espermatozoides (ICSI), que se usa cuando el hombre produce muy pocos espermatozoides. La técnica consiste en tomar un espermatozoide e introducirlo en la célula, que es el ovocito, para fecundarlo.
En todos estos casos la pareja debe preguntar al médico cuál es la tasa de embarazos con el procedimiento que le van a practicar. Después, pedir, por lo menos el nombre de tres pacientes exitosos en el último año. Si el médico no es capaz de entregarle una certificación por un organismo, debe ponerle en contacto con pacientes que haya atendido.
“Estamos hablando de 7, 10, 14 mil dólares o hasta 20 mil y hay parejas que han gastado hasta 100 mil en muchos laboratorios aquí y en cualquier parte del mundo”, afirmó Poveda.
“Si uno va a comprar un carro uno verifica, y en estas cosas también. Estamos acostumbrados a que no se nos cuestione y que no se nos pida una segunda opinión. Porque no es solo asunto de dinero, el gasto emocional de una pareja ante cada fracaso es terrible, realmente terrible”, sustentó.
Al final, agrega , como somos un centro de referencia vemos todos los días pacientes atendidas en tres o cuatro clínicas, porque si una no funciona van a otra y al final sienten que han gastado un montón de dinero y se les ha estafado y muchas veces no ha sido así.
Recomienda a las parejas, documentarse, investigar en internet, pedir una opinión de su ginecólogo con respecto al especialista de infertilidad, luego ir a la consulta, disipar todas las dudas, y si no le gusta, buscar una segunda opinión.
Hoy en día bajo ningún concepto, en ninguna especialidad, tienen que hacer lo que el médico le diga sin estar informado. “El paciente tiene derecho a solicitar su diagnóstico, su pronóstico, sus laboratorios, a tener su expediente y al final decir: yo necesito el nombre de dos o tres personas para hablar con ellos, y el médico tiene que tener esa información”, afirmó Poveda.
Si le ofrece una tasa de embarazo de un 30 ó 40 por ciento debe saber cuántos ha hecho en el último año, y si le está garantizan un 30 por ciento y se lo ha hecho a 10 debe tener por lo menos tres parejas embarazadas, y eso es importante, reiteró.
Por último, en internet existen muchas corporaciones de pacientes que entre ellos mismos se enseñan y es bueno hablar con pacientes del mismo médico y de otros y compartir información y buscar ayuda psicológica.
“El problema de infertilidad es un problema devastador con las parejas y a veces nos olvidamos de esa parte. A veces se vuelve una obsesión. Hay personas que quizás no tendrían esa obsesión de tener hijos si no se les dice que no pueden y se vuelve una verdadera obsesión”, dijo el especialista.
“Los familiares presionan, los padres; es inclemente la presión social que hay sobre una pareja y al final la presión se vuelca muchas veces toda sobre la mujer, a pesar de que a lo mejor es el hombre y ella llega a sentirse que no es mujer si no tienen hijos, y esto obliga a las parejas a embarcarse en cualquier cosa, cualquier persona que le dé una luz de tratamiento”.
Poveda se refirió a la experiencia de los médicos fertilistas, la cual definió como dolorosa porque de cada 10 pacientes que tratan 3 se embarazan y 7 llegan al consultorio llorando.
En estos casos, afirma, el sangrado menstrual es algo horroroso. “A veces si hay semanas en que nadie se embaraza, la depresión lo contagia a uno; es muy difícil, muy difícil, porque no es como la otras partes de las medicina que hay una enfermedad y se le da tratamiento, en la infertilidad no ocurre así”, revela.
Si bien es una de las que más recompensa económicas da, el trabajo y la dedicación es la que más exige, dijo.

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