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Las lecciones del "Círculo maldito"


Hay que decirlo por su nombre. Casi en su totalidad, la furia y desbordamiento de los ríos y quebradas responde a una cadena de antecedentes: La migración hacia las ciudades y sus periferias, producto de la pobreza en los campos; devastación de los bosques llamados galerías que sirven de protección y vida a los ríos y fuentes de agua; empobrecimiento de los suelos; nomadismo; asentamientos humanos anárquicos; consiguiente devastación de los entornos naturales próximos a las ciudades. En fin, efectos, y no causas, que conforman un todo y cuyo eje focal lo constituye la pobreza, sobre todo rural, campesina e indígena.
En otras palabras, pobreza, devastación ambiental, marginalidad e ignorancia, conforman lo que llamo el "Círculo maldito", donde se fermenta la violencia y la ingobernabilidad.
Para no ir tan lejos, he de referirme a los trágicos acontecimientos pasados, puntualizando alguna experiencia.
Recorriendo los puntos afectados como en el caso de Felipillo, recordé la pugna por el poder de los gobernantes iniciados en los años 90. En forma improvisada y politiquera, uno de los bandos decidió complacer a un grupo de precaristas reales y del "juega vivo", permitiendo la ocupación de dicho lugar, sometido a intensas fumigaciones aéreas, ya que eran tierras cultivadas de arroz, anegables, próximas al ingenio del mismo nombre. Desconozco si se hizo un estudio serio sobre el drenaje del sitio, pero lo cierto es que allí se levantó.
Igual ocurrió con las riberas de los ríos Las Cabras y Tararé, cuyos árboles fueron talados, como devastadas fueron las áreas críticas del ahora populoso y no menos marginal, 24 de Diciembre. Arriba, en la sierras de Tararé, hasta las cuencas altas de los ríos Pacora, Chapas y Mamoní, entre otros muchos, se sigue devastando comprometiendo importantes fuentes de agua, el desarrollo agrícola y el potencial agrocoturístico.
Tampoco hemos olvidado las inundaciones de los años 60 que arrasaron varias poblaciones (Carriazo), numerosas vidas humanas y cuantiosas pérdidas. Entonces, hubo mucha solidaridad, de los lamentos a la inercia y nada más.
Aún no hemos abordado la situación de las partes altas de San Miguelito, las cargas poblaciones de otras zonas elevadas de la ciudad de Panamá, ni el estado real del alcantarillado metropolitano.
¿Y qué decir de Colón, La Chorrera y Arraiján? Lo que sí está a la vista es el afán desmedido de las bienes raíces/promotoras/constructoras de viviendas, paquete de intereses que al parecer nada les detiene en su agresión a la Naturaleza. Y lo que es peor, en el reinado de la impunidad, algunos son premiados por los gremios respectivos.
Existe la certeza que las cosas no pueden seguir de esta manera. Que es preciso tomar los correctivos correspondientes. Uno de ellos el reordenamiento poblacional; el cumplimento forzoso de la copiosa legislación que regula estos desajustes.
Es tiempo que exista una proyección de Estado para el manejo integral de los desechos sólidos, o sea la basura doméstica, y no su simple recolección y depósito en vertederos anacrónicos. Que los benditos proyectos para el saneamiento de la Bahía de Panamá, que incluye el Plan Maestro para la ciudad,sea por fin una realidad.
Nada nuevo. Son cosas ya diagnosticadas y estudiadas. ¿Qué ha faltado? En casos más recientes, determinación y vocación de país, a la espera del desastre. No obstante, la acción coordinada y efectiva de las autoridades de hoy, junto a todo el pueblo sobre este hecho aciago, forman una luz en el camino hacia repuestas eficaces de estos problemas.
Los tres niños fallecidos en el derrumbe, son parientes de mi esposa Elena; es decir, de nuestra familia. Su muerte prematura, mejor decir sacrificio, debe quedarnos en la conciencia como lección para emprender una lucha decisiva para romper el "Circulo maldito".
(*) Promotor-Consultor agroambiental
(adagal43@hotmail.com)

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