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Las máquinas de las oficinas


Hasta hace algún tiempo, cuando se llamaba a una casa o a una oficina, respondía una voz amable, generalmente, y decía: "De la sucursal del cielo, a sus órdenes" y uno le preguntaba lo que deseaba, logrando una respuesta a nuestras inquietudes. Sabíamos qué sucedía, a dónde nos comunicábamos y, de no encontrarse la persona, dejábamos el mensaje con un ser viviente.
Hoy, con los avances tecnológicos, los adelantos nos mandan a escuchar la voz de una máquina que no responde a preguntas sino que habla sola hasta cansarse. No puede uno conversar con nadie. Tiene que estar muy atento a las indicaciones que da la máquina porque de lo contrario, termina hablando con el portero de la oficina. Existe una despersonalización de las llamadas, pero dicen que es el adelanto moderno.
Hace unos días llamé a Cable Onda, y tuve que hacerlo en cinco ocasiones distintas y disgustarme para que me pasaran con la persona indicada. Después de pasar por el suplicio de las máquinas, las señoritas que responden creen que todo lo saben y no saben ni dónde están sentadas. Lo más desesperante es la impotencia de no poder pelear con nadie porque es una máquina la que responde.
Igualmente me sucedió con el Citibank. Allí sí que no pude lograr comunicación y decidí esperar a que la señorita, muy amable, me llamara nuevamente. Así podría citar infinidad de oficinas y empresas despersonalizadas, deshumanizadas, que se han convertido en Robots.
La verdad es que me parece una falta de respeto hacer que uno se enfrente a una máquina en vez de a una persona de carne y hueso, que responde con amabilidad y con quien se puede uno encabritar y mandarlas al diablo. Cuando siento la voz invariable de una señorita que habla con sofisticación, me entra el mal humor, me voy enervando y añoro los tiempos de la comunicación humana, la verdadera comunicación que se ha perdido para que nos converse una máquina despreciable e impersonal. Por esto nos quejamos de la falta de comunicación entre padres e hijos, entre hermanos, entre jefes y subalternos, porque, o queremos ahorrar un personal que sirva de telefonista, o queremos estar "in" con una máquina que responde.
Es que en Panamá vivimos de la moda y las costumbres. Ahora las oficinas sienten que, si no tienen una máquina que responda, no están al día y se han quedado atrás. No se imaginan lo desesperante que resulta y lo desagradecidos que estamos los estúpidos que tenemos que llamar, cuando no nos contesta un ser humano.
Otra cosa mala es cuando nos contesta una máquina y nos dice: en este momento no puedo atenderle, deje su número y su mensaje y le responderé tan pronto pueda. No sé si dejar o no el mensaje o que el mensaje sea: vete al diablo. Y lo peor es que, muchas veces, ni responden la llamada, pero... no pueden culpar a las empleadas domésticas de que no les pasaron el mensaje, cuando las pobres sí lo hicieron.
Realmente pienso que hemos adelantado retrocediendo. Pienso también que las máquinas son el origen de muchos infartos y que no puede culparse a nadie por ello, ya que las voces simpáticas ya no pertenecen a nadie sino simplemente a un adelanto tecnológico desesperante e irrespetuoso.
Lo peor de todo es que, a medida que avanza el tiempo, también la tecnología y los sentimientos se quedan rezagados. La comunicación humana deja de existir y el entendimiento nos lleva a la robotización de los seres humanos. Tomemos en cuenta lo que les digo para que volvamos a tratarnos como lo que somos: gente de carne y hueso, gente con sentimientos, con dolores y con risas, con deseos y desesperanzas, pero con un sentido del humor y una desesperación por ser escuchados por otro ser humano y no por una cinta asquerosa que corta toda comunicación. ¡Loor a los seres humanos y a su comunicación!

101 años de Panamá América

 
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