Las medicinas en el Seguro Social
Cuando los medios de comunicación publican una noticia, aunque sean medios que acostumbran a ser sensacionalistas o poco serios, queda la duda sobre su veracidad o no y afecta a la o las personas involucradas.
Cuando se dice que los médicos quieren manejar 70 millones de balboas en medicamentos, dando a entender que se los apropiarían a través de una comisión, produce hilaridad, ya que los médicos no tienen acceso a dinero en la institución.
Lo que debieran tratar seriamente esos medios es por qué el Seguro Social gasta tanto dinero en medicamentos y los asegurados no encuentran medicinas o son de mala calidad que no curan a los pacientes. Es un problema antiguo que nadie ha querido afrontar con fuerza, lo que ha permitido escapes de dinero y de calidad de medicinas. Es este un problema complejo que no siempre tienen arreglo. Lo cierto es que los perjudicados son los asegurados que no encuentran paliativo a su falta de salud.
Desde crear conciencia en los pacientes para que no pidan recetas a los médicos con nombres y números ajenos; desde escuchar a los pacientes decir: hágame receta por ungüento algesida, porque no le he sacado nada hace tiempo al Seguro; desde hacer un peregrinaje por diferentes médicos solicitando recetas que luego acumulan en sus botiquines o venden a otras personas. Recuerdo una época que los empleados del Seguro, con quienes los médicos teníamos consideraciones y los atendíamos sin cupo oficial, recorrían varios consultorios diciendo que eran pacientes crónicos de tal enfermedad y que tomaban tal o cual medicina. En un día acumulaban cientos de ellas que luego vendían con el perjuicio para el Seguro.
También recuerdo los negociados que se hacían recomendando medicinas desconocidas para ser aceptadas en el Seguro, muchas de las cuales deponían los pacientes igual que las ingerían o, sencillamente, su composición no era la adecuada y los pacientes seguían enfermos. Pero, también continuaban.
Luego eliminaron el control de calidad y el sistema de compra no tenía ninguna vigilancia. En el departamento de compras se hacían grandes negociados en la adquisición de medicinas con preferencia por uno u otro medicamento.
Esconder o desaparecer medicamentos vigentes de los almacenes para hacer ver que se agotaron y hacer nuevas copras o adquirirlas a mayor precio en compras directas. No imaginan la pérdida de dinero que tiene la institución en ese renglón de pérdida de medicinas.
Y qué me cuentan de la rosca de los distribuidores de medicinas que venden al precio que se les antoja, encareciendo el renglón medicamentos. Y si hay una protesta, cortan el suministro de las medicinas, algunas de las cuales son de vital importancia para los pacientes.
Sí, amigos lectores, yo viví épocas de grandes negociados, de sistemas equivocados de adquisición de medicinas; de compra de medicamentos de cuarta calidad con el perjuicio para los pacientes.
Mientras no se cambie el sistema de compra; mientras los médicos no tengan injerencia en decidir qué comprar; mientras exista el monopolio de algunos medicamentos y la institución tenga que pagarlos al precio que pidan los distribuidores; mientras se compren medicinas por su menor precio y no por su calidad o nombre; mientras no exista voluntad de corregir este problema; mientras no se terminen los negociados, los asegurados seguirán expuestos a la deficiencia en cantidad y calidad de medicamentos con el consiguiente perjuicio.
Si de verdad hay voluntad, podremos arreglar la complejidad de la situación medicinal. Es mucho dinero que corre, pero es la salud del pueblo panameño.
Me duele ver cómo se juega con la salud de los pobres que no tienen recursos para comprar medicinas, igualmente caras, en las farmacias privadas. Un poco de sensibilidad social sería bueno para mejorar el Seguro Social.
Cuando se dice que los médicos quieren manejar 70 millones de balboas en medicamentos, dando a entender que se los apropiarían a través de una comisión, produce hilaridad, ya que los médicos no tienen acceso a dinero en la institución.
Lo que debieran tratar seriamente esos medios es por qué el Seguro Social gasta tanto dinero en medicamentos y los asegurados no encuentran medicinas o son de mala calidad que no curan a los pacientes. Es un problema antiguo que nadie ha querido afrontar con fuerza, lo que ha permitido escapes de dinero y de calidad de medicinas. Es este un problema complejo que no siempre tienen arreglo. Lo cierto es que los perjudicados son los asegurados que no encuentran paliativo a su falta de salud.
Desde crear conciencia en los pacientes para que no pidan recetas a los médicos con nombres y números ajenos; desde escuchar a los pacientes decir: hágame receta por ungüento algesida, porque no le he sacado nada hace tiempo al Seguro; desde hacer un peregrinaje por diferentes médicos solicitando recetas que luego acumulan en sus botiquines o venden a otras personas. Recuerdo una época que los empleados del Seguro, con quienes los médicos teníamos consideraciones y los atendíamos sin cupo oficial, recorrían varios consultorios diciendo que eran pacientes crónicos de tal enfermedad y que tomaban tal o cual medicina. En un día acumulaban cientos de ellas que luego vendían con el perjuicio para el Seguro.
También recuerdo los negociados que se hacían recomendando medicinas desconocidas para ser aceptadas en el Seguro, muchas de las cuales deponían los pacientes igual que las ingerían o, sencillamente, su composición no era la adecuada y los pacientes seguían enfermos. Pero, también continuaban.
Luego eliminaron el control de calidad y el sistema de compra no tenía ninguna vigilancia. En el departamento de compras se hacían grandes negociados en la adquisición de medicinas con preferencia por uno u otro medicamento.
Esconder o desaparecer medicamentos vigentes de los almacenes para hacer ver que se agotaron y hacer nuevas copras o adquirirlas a mayor precio en compras directas. No imaginan la pérdida de dinero que tiene la institución en ese renglón de pérdida de medicinas.
Y qué me cuentan de la rosca de los distribuidores de medicinas que venden al precio que se les antoja, encareciendo el renglón medicamentos. Y si hay una protesta, cortan el suministro de las medicinas, algunas de las cuales son de vital importancia para los pacientes.
Sí, amigos lectores, yo viví épocas de grandes negociados, de sistemas equivocados de adquisición de medicinas; de compra de medicamentos de cuarta calidad con el perjuicio para los pacientes.
Mientras no se cambie el sistema de compra; mientras los médicos no tengan injerencia en decidir qué comprar; mientras exista el monopolio de algunos medicamentos y la institución tenga que pagarlos al precio que pidan los distribuidores; mientras se compren medicinas por su menor precio y no por su calidad o nombre; mientras no exista voluntad de corregir este problema; mientras no se terminen los negociados, los asegurados seguirán expuestos a la deficiencia en cantidad y calidad de medicamentos con el consiguiente perjuicio.
Si de verdad hay voluntad, podremos arreglar la complejidad de la situación medicinal. Es mucho dinero que corre, pero es la salud del pueblo panameño.
Me duele ver cómo se juega con la salud de los pobres que no tienen recursos para comprar medicinas, igualmente caras, en las farmacias privadas. Un poco de sensibilidad social sería bueno para mejorar el Seguro Social.