Las motivaciones tras la multa
En un país acostumbrado a ver circular consultas, sondeos y encuestas de todo tipo, llama la atención que el Tribunal Electoral se detenga a aplicar mecanismos legales de represión arbitraria contra un medio y una encuestadora que desempeñan seria y responsablemente su trabajo.
La sentencia condenatoria dictada contra Editora Panamá América, imponiendo una multa de B/.10 mil, convertible en 13 años de cárcel, tiene la evidente connotación de un terrorismo judicial preelectoral, dirigido a amedrentar a la comunidad de medios de comunicación social.
Porque a fin de cuentas, al margen de las circunstancias especiales del proceso de la multa, a El Panamá América se le sanciona por divulgar una información seria, en este caso, una encuesta preparada por la firma pionera en este tipo de consulta, la internacional CID/Gallup, en cuya vasta experiencia en más de 100 países, jamás ha tropezado con regulaciones de control oficial semejantes.
En 1989 un fraude colosal fue gestado por la alianza del gobierno de entonces, apoyada por los militares comandados por el General Manuel Antonio Noriega. En aquel entonces, los medios de comunicación independientes nacionales y extranjeros y los "exit poll" preparados por observadores y organizaciones internacionales, frustraron el colosal fraude que se tramaba contra la oposición, que había ahogado a las fuerzas oficialistas con una marea de votos en proporción de 3 a 1. De no haber sido por esos sondeos o encuestas independientes, el fraude se habría perpetrado.
Pero si el accionar de una prensa libre, en colaboración con encuestadoras reputadas, fue decisivo para evitar un fraude que se habría ejecutado con todo y los resultados electorales amplios en 1989, mucho más decisiva puede ser su participación para emular su papel en el caso de los márgenes estrechos que se aguardan para el 2 de mayo próximo.
Y en un escenario de márgenes estrechos con escasos puntos porcentuales de diferencia, el someter al abusivo control e intimidación a los medios y a las encuestadoras más reputadas, puede propiciar un fraude y, en el mejor de los casos, despertar suspicacias innecesarias respecto a la pureza de un proceso electoral observado celosamente en el extranjero, por gente que duda de nuestra capacidad para desempeñar compromisos mayores. Ojalá se tenga la sensatez y grandeza de rectificar a tiempo. Ellos y nosotros estamos haciendo historia. Y es menester más que nunca que cada quien esté a la altura de esa circunstancia.
La sentencia condenatoria dictada contra Editora Panamá América, imponiendo una multa de B/.10 mil, convertible en 13 años de cárcel, tiene la evidente connotación de un terrorismo judicial preelectoral, dirigido a amedrentar a la comunidad de medios de comunicación social.
Porque a fin de cuentas, al margen de las circunstancias especiales del proceso de la multa, a El Panamá América se le sanciona por divulgar una información seria, en este caso, una encuesta preparada por la firma pionera en este tipo de consulta, la internacional CID/Gallup, en cuya vasta experiencia en más de 100 países, jamás ha tropezado con regulaciones de control oficial semejantes.
En 1989 un fraude colosal fue gestado por la alianza del gobierno de entonces, apoyada por los militares comandados por el General Manuel Antonio Noriega. En aquel entonces, los medios de comunicación independientes nacionales y extranjeros y los "exit poll" preparados por observadores y organizaciones internacionales, frustraron el colosal fraude que se tramaba contra la oposición, que había ahogado a las fuerzas oficialistas con una marea de votos en proporción de 3 a 1. De no haber sido por esos sondeos o encuestas independientes, el fraude se habría perpetrado.
Pero si el accionar de una prensa libre, en colaboración con encuestadoras reputadas, fue decisivo para evitar un fraude que se habría ejecutado con todo y los resultados electorales amplios en 1989, mucho más decisiva puede ser su participación para emular su papel en el caso de los márgenes estrechos que se aguardan para el 2 de mayo próximo.
Y en un escenario de márgenes estrechos con escasos puntos porcentuales de diferencia, el someter al abusivo control e intimidación a los medios y a las encuestadoras más reputadas, puede propiciar un fraude y, en el mejor de los casos, despertar suspicacias innecesarias respecto a la pureza de un proceso electoral observado celosamente en el extranjero, por gente que duda de nuestra capacidad para desempeñar compromisos mayores. Ojalá se tenga la sensatez y grandeza de rectificar a tiempo. Ellos y nosotros estamos haciendo historia. Y es menester más que nunca que cada quien esté a la altura de esa circunstancia.