Las mujeres de Solidaridad
Tengo razones fundamentales para creer que está generando controversias la designación de Mariela Jiménez para Alcaldesa de Panamá por la alianza de Solidaridad. Son razones muy parecidas a las que han puesto, desde siempre, a Ana Mae Endara en el ojo de la tormenta: las dos son mujeres, auténticas, fieles a sus orígenes, comprometidas, batalladoras, valientes para llamar las cosas por su nombre, que se atreven a ser distintas. En Panamá, por lo menos, eso es sinónimo de caos.
Ello me lleva a recordar el Génesis bíblico; como la oscura madrugada al luminoso día, el caos precede a la Creación. Y tengo, también, razones fundamentales -acaso las mismas que generan controversia en torno a ellas- para creer que estas dos mujeres, Mariela y Ana Mae, tienen buenas cosas que darle a Panamá. Ya se las han dado. Ana Mae, desde que, prácticamente niña todavía, militó con pasión en las Cruzadas Civilistas; desde que, en ese marco combatiente, apoyó a un heroico Endara ultrajado y despojado de su legítima presidencia por la narcodictadura. Desde que se negó a aceptar un puesto público en recompensa a su lucha, cuando su esposo llegó por fin al poder. Desde que, jovencísima e inexperta, fue su inspiración y estímulo en la obra titánica de reconstruir un país, literalmente en cenizas. Cuando, en una cumbre internacional, vestida como ellos, "habló" por esos miles de indígenas, que fueron panameños primero que cualquiera, olvidados por siglos.
Ahora que está en sus magníficos treinta, espero que Ana Mae haga más cosas buenas junto a su amado-amante compañero. Aplaudo que, velando por el bienestar de éste y en su vivo amor por los animales, lo haya hecho, como ella, vegetariana. Aplaudo que comparta el celo de "Cuchungo" por esas criaturas que tantos seres humanos maltratan y depredan, generando la destrucción de un ambiente que ya nos pasa onerosas facturas. Encomio que no haga caso de quienes se ríen por la devoción que sienten por 100 -o más- periquitos. Políticos que se preocupan por los animales tienen que preocuparse por su pueblo. Celebro que Ana Mae sea mujer, muy mujer, en un país que Ricardo J. Alfaro -abogado, lingüista, mandatario de luces- dijo una vez que levantan las mujeres y deshacen los hombres. Celebro que hable recio, claro, conciso, cuando su compañero calla o tartamudea, porque lo que éste hace mejor es pensar y actuar en consecuencia. Lamento, en cambio, que los panameños den tanto reconocimiento a la palabra oral, que tantos malos políticos usan "brillantemente", oropel que recubre sólo falsas promesas, y desatiendan la poderosa voz que hay en los hechos y la postura hidalga de Endara Galimany.
Mariela Jiménez, ex legisladora, viene de la cuadrilla de Ana Mae. Como una niña scout, se la ve siempre lista. Para defender a los humildes: ella nació entre ellos. Para trabajar duro: lo ha hecho siempre para llegar tan lejos. Para decir las cosas como son y cambiar las que deben cambiarse, o que se reconozca lo que hay que tomar en cuenta. Mariela habla fuerte por ella y por los que, como ella, han sido débiles en ventajas. Pero sé que también habla por mí, por mis hijas, por todas las mujeres -tantas- que en Panamá sufrimos opresión, delito de omisión, sólo por ser mujeres. Habla con la voz decidora y resonante de Ana Mae, y de Amelia Dennis de Icaza, Rufina J. Alfaro, Clara González, Inés Fábrega de Prieto, María Olimpia de Obaldía, Reina Torres de Araúz, Thelma King, Rosario Arias de Galindo, Alma Montenegro, Aura Emérita Villalaz, Mercedes Grimaldo, Ana Elena Porras...y de miles y miles de panameñas empresarias, médicas, enfermeras, antropólogas, juristas, laboratoristas, ingenieras, arquitectas, náuticas, taxistas, meteorólogas, aviadoras y filántropas; de poetas, periodistas, educadoras, campesinas, músicas, escultoras, pintoras, estudiantes, trabajadoras manuales, amas de casa, que aman este país profundamente y se esfuerzan día a día por mejorarlo, mejorando a sus hijos.
En pasada contienda electoral, mi amiga y modelo Marisín Villalaz de Arias -médica, política, ensayista, cuentista, folklorista, humanista- corrió por Solidaridad para la segunda vicepresidencia de un partido que sabe valorar a la mujer. Una agrupación política en la que creo, y por la que apuesto para que gane Panamá. Un partido que reconoce la solidaridad que vibra en nuestra mujer. Porque, mucho más que una mujer que mande, Panamá necesita que todas sus mujeres puedan ser y hacer.
Ello me lleva a recordar el Génesis bíblico; como la oscura madrugada al luminoso día, el caos precede a la Creación. Y tengo, también, razones fundamentales -acaso las mismas que generan controversia en torno a ellas- para creer que estas dos mujeres, Mariela y Ana Mae, tienen buenas cosas que darle a Panamá. Ya se las han dado. Ana Mae, desde que, prácticamente niña todavía, militó con pasión en las Cruzadas Civilistas; desde que, en ese marco combatiente, apoyó a un heroico Endara ultrajado y despojado de su legítima presidencia por la narcodictadura. Desde que se negó a aceptar un puesto público en recompensa a su lucha, cuando su esposo llegó por fin al poder. Desde que, jovencísima e inexperta, fue su inspiración y estímulo en la obra titánica de reconstruir un país, literalmente en cenizas. Cuando, en una cumbre internacional, vestida como ellos, "habló" por esos miles de indígenas, que fueron panameños primero que cualquiera, olvidados por siglos.
Ahora que está en sus magníficos treinta, espero que Ana Mae haga más cosas buenas junto a su amado-amante compañero. Aplaudo que, velando por el bienestar de éste y en su vivo amor por los animales, lo haya hecho, como ella, vegetariana. Aplaudo que comparta el celo de "Cuchungo" por esas criaturas que tantos seres humanos maltratan y depredan, generando la destrucción de un ambiente que ya nos pasa onerosas facturas. Encomio que no haga caso de quienes se ríen por la devoción que sienten por 100 -o más- periquitos. Políticos que se preocupan por los animales tienen que preocuparse por su pueblo. Celebro que Ana Mae sea mujer, muy mujer, en un país que Ricardo J. Alfaro -abogado, lingüista, mandatario de luces- dijo una vez que levantan las mujeres y deshacen los hombres. Celebro que hable recio, claro, conciso, cuando su compañero calla o tartamudea, porque lo que éste hace mejor es pensar y actuar en consecuencia. Lamento, en cambio, que los panameños den tanto reconocimiento a la palabra oral, que tantos malos políticos usan "brillantemente", oropel que recubre sólo falsas promesas, y desatiendan la poderosa voz que hay en los hechos y la postura hidalga de Endara Galimany.
Mariela Jiménez, ex legisladora, viene de la cuadrilla de Ana Mae. Como una niña scout, se la ve siempre lista. Para defender a los humildes: ella nació entre ellos. Para trabajar duro: lo ha hecho siempre para llegar tan lejos. Para decir las cosas como son y cambiar las que deben cambiarse, o que se reconozca lo que hay que tomar en cuenta. Mariela habla fuerte por ella y por los que, como ella, han sido débiles en ventajas. Pero sé que también habla por mí, por mis hijas, por todas las mujeres -tantas- que en Panamá sufrimos opresión, delito de omisión, sólo por ser mujeres. Habla con la voz decidora y resonante de Ana Mae, y de Amelia Dennis de Icaza, Rufina J. Alfaro, Clara González, Inés Fábrega de Prieto, María Olimpia de Obaldía, Reina Torres de Araúz, Thelma King, Rosario Arias de Galindo, Alma Montenegro, Aura Emérita Villalaz, Mercedes Grimaldo, Ana Elena Porras...y de miles y miles de panameñas empresarias, médicas, enfermeras, antropólogas, juristas, laboratoristas, ingenieras, arquitectas, náuticas, taxistas, meteorólogas, aviadoras y filántropas; de poetas, periodistas, educadoras, campesinas, músicas, escultoras, pintoras, estudiantes, trabajadoras manuales, amas de casa, que aman este país profundamente y se esfuerzan día a día por mejorarlo, mejorando a sus hijos.
En pasada contienda electoral, mi amiga y modelo Marisín Villalaz de Arias -médica, política, ensayista, cuentista, folklorista, humanista- corrió por Solidaridad para la segunda vicepresidencia de un partido que sabe valorar a la mujer. Una agrupación política en la que creo, y por la que apuesto para que gane Panamá. Un partido que reconoce la solidaridad que vibra en nuestra mujer. Porque, mucho más que una mujer que mande, Panamá necesita que todas sus mujeres puedan ser y hacer.