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Las mujeres trabajadoras


La vida cotidiana de las mujeres trabajadoras se ha vuelto muy difícil. La falta de un sistema de transporte adecuado obliga a madrugar a cientos de miles que invierten de seis a ocho horas diarias en trasladarse de sus hogares a sus centros de trabajo y viceversa. Las largas filas que se forman en las paradas de buses al amanecer y por las tardes, cuando termina la jornada laboral, son agotadoras.

En el caso de las mujeres, el día de trabajo comienza antes de que salga el sol para preparar el desayuno, levantar a los niños y dejar la casa ordenada. Las que tienen niños pequeños muchas veces tienen que salir con ellos a rastras, para dejarlos en las escasas guarderías que existen a un preciso accesible.

Otras van a trabajar con el corazón en un hilo, cuando los dejan en manos de personas desconocidas y sin ninguna preparación para atender niños de edad preescolar, y las más afortunadas encargan a vecinas o abuelas de esta tarea.

Aunque las mujeres ingresan cada vez en mayor número a la fuerza laboral, y a través del trabajo formal e informal contribuyen de manera importante al desarrollo económico del país, sus salarios y sus condiciones de trabajo no han mejorado de manera sustancial en los últimos años, ni se han generado los cambios culturales que hagan realidad compartir con los hombres las tareas domésticas, el cuidado de los niños y los viejos.

Los hombres siguen pensando que las mujeres son las únicas responsables de la alimentación, salud y educación de los niños, así como del funcionamiento adecuado del hogar, porque los estereotipos relacionados con la asignación de determinados roles de género han sido muy difíciles de cambiar, recargando a las mujeres con una doble jornada de trabajo que se extiende hasta los fines de semana, cuando la mayoría utiliza el día libre para completar los quehaceres que se quedaron pendientes.

Las mujeres que trabajan tampoco tienen espacios para la recreación. Pocas participan en actividades deportivas o culturales, no sólo porque carecen de tiempo para el ocio, sino porque no se promueven con el mismo entusiasmo ni se asignan los mismos recursos para ellas.

A la actividad política las mujeres se han incorporado en gran número, pero la falta de tiempo y de recursos constituyen una barrera, para muchas, infranqueable.

La cuota de participación femenina del 30% que establece la ley, seguirá siendo letra muerta si los partidos se limitan a postularlas sin impulsarlas y apoyarlas de manera concreta, y si las que resultan elegidas no se comprometen a facilitar a otras el camino del éxito político.

Con este telón de fondo casi 400 mil mujeres esperan una propuesta programática integral que atienda sus necesidades, asegure el cumplimiento de las leyes que las protegen y les asegure su incorporación real a la sociedad en que vivimos.

101 años de Panamá América

 
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