Las mujeres y la política
Hasta hace poco la política era cosa de hombres, como otras esferas del quehacer humano. El cambio de época ha hecho posible, entre otras cosas, que las mujeres incursionen en ésta por sí mismas. Y ya no, necesariamente, en representación de padres o esposos difuntos, como era la tónica de la mayoría de las que han llegado a la primera magistratura. Sin embargo, aún es extremadamente difícil para las mujeres este camino minado por estereotipos y, sobre todo, en la lucha por el poder, que es lo más difícil de compartir entre los seres humanos.
La realidad ha obligado a aceptar que las mujeres, además de ser madres y amas de casa, tienen capacidad suficiente para desempeñar múltiples roles en la sociedad moderna. Ya han conquistado con gran esfuerzo muchos espacios, en la educación, en el mercado laboral, en el deporte, en las artes y la cultura, en la ciencia y la tecnología. Uno de los espacios más complicados es el de la política, porque se trata del poder históricamente concentrado.
Es importante que las mujeres tengamos acceso a la política y a la toma de decisiones, no sólo por ser la participación un derecho humano inalienable, sino, además, porque tenemos valores, necesidades y prioridades diferentes a las de los hombres, que no siempre han sido consideradas en la agenda pública.
La mayoría de las decisiones en política se ha tomado como si nos encontráramos en igualdad de condiciones y tuviéramos las mismas necesidades y capacidades, para actuar libremente y acceder a los servicios públicos y a las oportunidades. Nada más lejos de la realidad. De allí que, aunque se invierten grandes sumas de dinero en salud, educación e infraestructuras, la desigualdad de condiciones en que las personas viven, impiden superar la pobreza y convertirnos en país de primer mundo.
Por esta razón, es tan importante que una mujer, de extracción popular que ha avanzado por diferentes puestos políticos, que ha sabido desempeñar con dignidad y coraje, llegue a la Presidencia de la República. Se trata de Balbina Herrera Araúz. Ella representa a la gran mayoría de la sociedad panameña, que a base de educación, tenacidad, sacrificio personal y familiar ha podido destacarse en el escenario que ha elegido, en este caso, en la vida política del país. Sin dudas, es una mujer valiente y decidida, que ha tenido que hacer muchos sacrificios para alcanzar la destacada posición en que se encuentra.
Balbina representa un símbolo de superación continua y de arduo trabajo cotidiano. Por ello, los hombres y mujeres panameñas tenemos el próximo 3 de mayo una oportunidad histórica de elegir como Presidenta de la Nación a una mujer capaz y comprometida con el futuro de la gente.